Manifestantes sostienen pañuelos verdes, que simbolizan el movimiento de derechos a favor del aborto, durante una manifestación a favor de la legalización del aborto en las afueras del Congreso en Buenos Aires, Argentina, 31 de mayo de 2018.

© 2018 Reuters

Hoy es el Día Internacional del Aborto Seguro. Hoy, y todos los días, las mujeres y las niñas arriesgan sus vidas tratando de terminar con embarazos no deseados, en países donde el acceso al aborto está severamente restringido o prohibido. Pero la lucha en todo el mundo por el acceso al aborto legal y seguro se está intensificando.

Este año el día tiene un significado especial para Estados Unidos, ya que el Comité Judicial del Senado está evaluando la nominación de Brett Kavanaugh para el Tribunal Supremo. Los antecedentes de Kavanaugh suscitan la preocupación de que podría ser un voto decisivo para desmantelar el derecho al aborto en la histórica decisión de Roe vs. Wade de 1973. El presidente estadounidense, Donald Trump, ya asestó un golpe devastador a las mujeres y niñas de todo el mundo con  órdenes que prohíben que los proveedores de atención médica financiados por el gobierno de EE.UU. ayuden a sus pacientes a decidir si continuarán un embarazo o incluso aboguen por leyes sobre el aborto que podrían salvar las vidas de muchas mujeres.

Algunas mujeres que no tienen acceso a un aborto seguro sufren graves complicaciones por someterse a procedimientos clandestinos, como es el caso de “Melina”, a quien conocí en la República Dominicana. Ella usó remedios caseros para tratar de interrumpir clandestinamente un embarazo no deseado, lo que le provocó dolores intensos y una grave infección. Algunas mueren como consecuencia de estos abortos fallidos, como Ingriane Barbosa Carvalho, una brasileña en sus 30 años y madre de tres hijos, que murió después de que un proveedor clandestino introdujera un tallo de planta de ricino en su útero.

Algunas mujeres y niñas en México, El Salvador y otros países enfrentan el riesgo de ser cuestionadas, detenidas, arrestadas o incluso sentenciadas a largas penas de prisión en virtud de leyes que consideran el aborto como un delito. Algunas, como una sobreviviente de violación de 10 años en Paraguay, a quien se le negó el permiso para abortar, son forzadas a la maternidad en contra de sus deseos.

Valientes activistas y líderes religiosos en Brasil y Honduras (y Canadá, Croacia, Irlanda del Norte, Polonia, Corea del Sur y muchos más) abogan por los derechos reproductivos, incluso cuando enfrentan amenazas de muerte y cosas peores. Las mujeres usan las plataformas de redes sociales para compartir información sobre formas más seguras de terminar un embarazo cuando el aborto es ilegal o está muy restringido. Muchas portamos pañuelos verdes en solidaridad con el movimiento argentino por el derecho al aborto. Celebramos el progreso en Chile y una votación histórica en Irlanda.

Mientras a las mujeres se les siga negando la libertad reproductiva, nunca lograremos la igualdad, y mientras el aborto continúe estando penalizado, y las mujeres sigan siendo castigadas o pierdan sus vidas, continuaremos esta lucha.