(Hong Kong) – El gobierno chino está retrocediendo en cuanto a las nuevas regulaciones que entregan más libertad a periodistas extranjeros y continúa negando libertades similares a periodistas chinos, declaró hoy Human Rights Watch.

Más aun, hay indicios de que se avecina un mayor endurecimiento de las restricciones a los medios nacionales, que ya son objeto de censura sistémica y ataques recurrentes. De la misma forma, las fuentes de los periodistas están siendo puestas en la mira para represalias por parte de las autoridades locales.

“El gobierno de China no está cumpliendo su promesa de eliminar por completo las restricciones a periodistas extranjeros previo a los Juegos Olímpicos de Beijing”, dijo Sophie Richardson, subdirectora de la División de Asia de Human Rights Watch. “Estas arbitrarias restricciones a la libertad de prensa socavan las nuevas regulaciones y, para empezar, suscitan dudas acerca del compromiso del gobierno para implementarlas”.

Las nuevas libertades están estipuladas en la “Guía de Servicios para Medios Extranjeros” (“Service Guide for Foreign Media”), publicada en el portal del Comité Permanente de Beijing para los Juegos Olímpicos (http://en.beijing2008.cn). Este documento afirma que “las Regulaciones sobre el Reportaje de Actividades por Periodistas Extranjeros se aplicarán a la cobertura de los Juegos Olímpicos de Beijing y los preparativos, así como a asuntos políticos, económicos, sociales y culturales de China por periodistas extranjeros, de conformidad con las leyes y regulaciones chinas”. Las regulaciones temporales están en vigor desde el 1 de enero de 2007 hasta el 17 de octubre de 2008.

Sin embargo, las nuevas regulaciones temporales excluyen intencionalmente a periodistas nacionales del goce de dichas libertades. También se excluye a ciudadanos chinos que trabajan para organizaciones de prensa extranjeras en China, ya que la ley china prohíbe de manera expresa a sus ciudadanos que trabajen como periodistas para publicaciones o medios electrónicos extranjeros y, por el contrario, les relega a funciones de “asistente” o “investigador”.

“No existe justificación alguna en negarles a los periodistas chinos aun las limitadas libertades que sus colegas extranjeros disfrutan”, dijo Richardson. “Si China es auténtica acerca de la libertad de prensa para los Juegos Olímpicos, debe también emancipar a sus propios periodistas”.

Aunque la Constitución de China garantiza nominalmente la “libertad de publicación”, varias regulaciones a los medios nacionales que incluyen prohibiciones imprecisas y amplias a la publicación de material que “dañe el honor o los intereses de la nación”, “disemine rumores” o “dañe la credibilidad de una agencia gubernamental” son amenazas implícitas contra periodistas que buscan historias que el gobierno considera delicadas. Según el Comité para la Protección de los Periodistas, China ya encarcela a más periodistas que cualquier otro país del mundo y se sabe de unos 30 casos de periodistas que actualmente se encuentran en prisión por sus actividades de reportaje.

Prominentes abogados que representan casos de derechos civiles y derechos humanos han dicho que agentes de seguridad del Estado les han hecho una prohibición general que les exige dejar de hablar con los medios extranjeros, y varias localidades han adoptado regulaciones que prohíben a abogados y funcionarios de los tribunales dar declaraciones a la prensa.

“El gobierno chino debe reconocer que la libertad para reportear no es un privilegio que puede estar sujeto a los caprichos de los funcionarios locales. Por el contrario, debe ser defendida de manera consistente e inequívoca en todas las situaciones”, dijo Richardson.

Restricciones a periodistas extranjeros sobre áreas geográficas y cobertura de temas
A pesar de la promesa oficial de permitir que los periodistas extranjeros reporten libremente desde cualquier lugar de China, varios dicen haber sido informados que, de hecho, hay ciertas áreas o regiones que aún no pueden visitar y algunos temas que no pueden cubrir.

En marzo de 2007, el ejército impidió que James Reynolds, corresponsal de la cadena BBC, reporteara sobre las secuelas de un disturbio en la provincia de Hunan, diciéndole que las nuevas regulaciones eran “sólo para historias relacionadas con los Juegos Olímpicos”. Desde el 1 de enero ha habido por lo menos otros cuatro incidentes en los que corresponsales extranjeros fueron detenidos o retenidos en áreas que incluyen las aldeas de personas que viven con VIH/SIDA en la provincia de Henan y la frontera de China con Corea del Norte. El personal de seguridad estatal responsable no conocía las nuevas regulaciones o bien se negó a cumplirlas. Estos periodistas fueron liberados sólo después de urgentes llamadas telefónicas a funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores exigiendo que la policía respetara su libertad de reportar.

“Consideramos alentadores los indicios de que el gobierno de China en ciertas ocasiones se ha mostrado anuente a asegurar que los funcionarios a nivel de base hagan valer estas nuevas libertades para los corresponsales extranjeros cuando se les ha presionado a hacerlo”, dijo Richardson, “pero obviamente ésta debería ser la norma para todos los periodistas, no la excepción”.

A varios corresponsales extranjeros se les ha denegado acceso al Tíbet, región con una larga historia de represión china, a donde durante mucho tiempo periodistas y turistas por igual han tenido que obtener un permiso especial para visitar. En febrero, durante una conferencia de prensa de rutina del Ministerio de Relaciones Exteriores, un corresponsal extranjero no identificado aseveró que recientemente a varios periodistas se les había denegado permiso para visitar el Tíbet a pesar de las regulaciones temporales y preguntó si éstas se aplicaban también a la cobertura de esta región.

El 13 de febrero, la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores, Jiang Yu, justificó las negativas como necesarias debido a “restricciones en las condiciones naturales y en la capacidad de recepción” en el Tíbet, las cuales no especificó, y dijo que los corresponsales extranjeros aún deben obtener permiso de las autoridades locales para reportear desde la región, pese a las nuevas normas temporales. Otros periodistas que han tomado literalmente las regulaciones temporales del gobierno chino sobre la libertad de reportear y han viajado al Tíbet por su cuenta sin autorización oficial han sido luego llamados a declarar y criticados por el Ministerio de Relaciones Exteriores en Beijing, que es el responsable de la acreditación de periodistas extranjeros.

Tim Johnson, corresponsal de los Periódicos McClatchy de Estados Unidos, escribió en mayo un artículo sobre la campaña de “vivienda confortable” del gobierno chino en el cual reportó la reubicación de unas 250,000 personas tibetanas “en gran medida a su propio coste y sin su consentimiento”. Posteriormente, el jefe del Departamento de Información del Ministerio de Relaciones Exteriores para Norteamérica, Europa y Oceanía le informó a Johnson que su reportaje desde el Tíbet incluía aseveraciones que el gobierno chino consideraba “inaceptables”, entre éstas su afirmación de que a los reporteros extranjeros por lo general se les permite visitar el Tíbet sólo una vez por año y que las políticas de China reprimen a las personas tibetanas.

En su blog,Johnson describió las frustraciones que los corresponsales enfrentan al tratar de lograr que el gobierno chino cumpla sus propias normas acerca de la libertad de la prensa extranjera en el Tíbet, así como los riesgos que corren los tibetanos cuando hablan con reporteros extranjeros. “Yo había intentado, con mucha anticipación, conseguir permiso a través del Ministerio de Relaciones Exteriores y la oficina de asuntos externos de Lhasa para ir allá, pero no recibí respuesta ... (y) cuando llegué, agentes de seguridad me siguieron frecuentemente y personas con quienes tuve contacto fueron sometidas a un prolongado interrogatorio e incluso tuvieron que pagar multas elevadas”.

“Si el gobierno hace alarde de sus compromisos respecto a las nuevas libertades de prensa, pero luego las retira a través de regulaciones incrementales y acciones arbitrarias contra periodistas individuales, entonces en realidad no habido ningún progreso en absoluto”, afirmó Richardson.

Hostigamiento contra investigadores, traductores y asistentes chinos
Funcionarios de la Dirección de Seguridad Pública y del Ministerio de Relaciones Exteriores también someten rutinariamente a interrogatorios e intimidación a ciudadanos chinos que trabajan como asistentes, investigadores y traductores en oficinas de prensa extranjera. “Se me dijo directamente que soy responsable de lo que mi jefe escribe y que debo informarles a ellos cuando planeemos publicar historias ‘delicadas’”, declaró a Human Rights Watch un asistente chino de una cadena de televisión extranjera. “Todos los asistentes chinos nos enfrentamos a estos riesgos y no tenemos ninguna protección”.

Son vulnerables incluso los ciudadanos chinos que trabajan para las principales agencias noticiosas internacionales. Zhao Yan, investigador para el diario The New York Times en Beijing está cumpliendo una condena de tres años en prisión que concluirá en septiembre de 2007. Fue sentenciado por fraude en un caso caracterizado por múltiples violaciones al debido proceso y preocupaciones de que su condena haya tenido motivos políticos. Human Rights Watch ha hecho repetidos llamados para que se le libere. (https://www.hrw.org/english/docs/2006/06/01/china13497.htm)

Represalias contra fuentes de periodistas extranjeros
Aún son frecuentes las intimidaciones y represalias contra fuentes y entrevistados de periodistas extranjeros. Fu Xiancai, un abierto defensor de los aldeanos desplazados por la construcción de la Represa de los Tres Desfiladeros, fue golpeado por un atacante no identificado el 8 de junio de 2006, luego de que la policía lo interrogara sobre su entrevista con la estación de televisión alemana ARD. Agentes de seguridad de la municipalidad de Chongqing (en el suroccidente chino) amenazaron a un ambientalista local que colaboraba con una periodista europea en la producción de una historia sobre la contaminación tóxica y le advirtieron al activista que podría sufrir daños físicos si regresaba al área.

Según otro corresponsal extranjero familiarizado con el incidente, las autoridades reconocieron que las regulaciones temporales le permitían legalmente a la periodista de la ARD hacer lo que estaba haciendo; “los poderes locales decidieron ponerse rufianescos e ir [por el contrario] tras la fuente de la periodista”.

Preocupaciones de periodistas de China sobre futuras regulaciones
A Human Rights Watch le preocupa que el gobierno chino endurezca su actual dominio sobre los periodistas locales a fin de asegurarse un control general de la información difundida por los medios estatales en el tiempo previo a la realización de los Juegos Olímpicos de Beijing.

Periodistas chinos han manifestado temores de que las normas que serán emitidas el 1 de julio por la Administración General de Prensa y Publicaciones, las cuales endurecerán los requerimientos para acreditación de los medios impresos nacionales en China, apunten a posibles ataques contra publicaciones que en ocasiones cuestionan la línea gubernamental. Varios periodistas chinos han informado en privado a Human Rights Watch que anticipan que las nuevas regulaciones fortalecerán la capacidad del gobierno para clausurar publicaciones “ofensivas” afiliadas a medios más grandes que son propiedad del Estado, pero que carecen de licencias y registro. Se espera que las publicaciones que han ganado un amplio público lector por asumir posturas valientes al reportar casos de corrupción y temas delicados serán particularmente vulnerables a las nuevas regulaciones previo a los preparativos del 17o. Congreso del Partido Comunista Chino, a realizarse en octubre.

En los últimos dos meses, el gobierno chino ha asestado golpes a las revistas Commoner y Lifeweek a través de medidas que incluyen trasferencias masivas de sus reporteros y editores a otras publicaciones luego de que ambas revistas cubrieran temas ‘delicados’, entre éstos la corrupción oficial en el campo y acontecimientos durante el periodo de la Revolución Cultural de 1966-1976. En enero de 2006, el Departamento de Propaganda despidió al editor de Freezing Point, un suplemento semanal del periódico China Youth Daily, y suspendió temporalmente su publicación para luego reiniciarla con un nuevo equipo editorial. Un documento del gobierno acusó a Freezing Point de “atacar ferozmente al sistema socialista” por medio de actos que incluyeron la publicación de un artículo que criticó los libros de texto de historia oficiales dirigidos a la escuela secundaria.

Human Rights Watch hizo un llamado al gobierno chino para que extienda a periodistas de China las mismas libertades de reportaje que otorga a los periodistas extranjeros en las regulaciones temporales y asegure que se hagan valer esos derechos.

“China no sólo está violando la libertad de expresión, sino también involucrándose en una denigrante discriminación de sus propios ciudadanos”, dijo Richardson.

Ambos derechos son garantizados por la Declaración Universal de Derechos Humanos, que China debe cumplir como Estado miembro de las Naciones Unidas, y por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el cual China suscribió pero aún no ha ratificado.

“El tan planificado ‘debut’ de China a través de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 puede fácilmente convertirse en un desastre de relaciones públicas si el gobierno persiste en no honrar sus obligaciones relacionadas con la libertad de prensa”, dijo Richardson.