Migrantes centroamericanos que viajan en grupo se cruzan a Pijijiapan, México, el jueves 25 de octubre de 2018.

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(Washington, DC) – Cualquier política adoptada por Estados Unidos que resulte en la devolución de personas que huyen de la violencia en Centroamérica a la persecución o la tortura constituiría una violación de sus obligaciones, dijo hoy Human Rights Watch. Se espera que el presidente Donald Trump anuncie una orden ejecutiva el 30 de octubre de 2018 que, según informes, utilizaría varios métodos para impedir que las personas que huyen de la violencia accedan al asilo en EE.UU.

La violencia extrema relacionada con el crimen organizado, y en algunos casos fuerzas de seguridad abusivas, es un problema importante en gran parte del Triángulo Norte de Centroamérica: Honduras, Guatemala y El Salvador. La violencia y las amenazas, a menudo selectivas, han llevado a un número cada vez mayor de personas procedentes de esos países a buscar asilo en otros países de la región y el resto del mundo.

“Dado lo peligrosa que se ha vuelto la vida en sus países de origen en los últimos años, más personas de Honduras, Guatemala y El Salvador están solicitando asilo en México, Estados Unidos y otros países”, dijo Clara Long, investigadora sénior para el programa de EE.UU. de Human Rights Watch. “La caravana de migrantes no incrementa el flujo en números totales, pero la gente me ha dicho que unirse a ella era la forma más segura de escapar. Viajar principalmente a pie, con niños, es peligroso y agotador, y esperan encontrar seguridad en la multitud durante el viaje”.

Un total de 50.000 personas intentaron cruzar la frontera de México a EE.UU. en septiembre. Sin embargo, a estas oleadas generalmente le siguen números mucho más bajos en los meses sucesivos. EE.UU. parece encaminada a registrar a 25.000 personas durante el mes de octubre, una cifra típica desde 2009.

Incluso a pesar de los procedimientos defectuosos para la concesión de asilo, más inmigrantes centroamericanos están siendo reconocidos como refugiados, no sólo en EE.UU., sino también en el resto de la región y el mundo. En 2009, México otorgó asilo a sólo 15 ciudadanos del Triángulo Norte, pero en 2017, reconoció a 1.910. Las concesiones de asilo estadounidenses a inmigrantes centroamericanos aumentaron de 811 para los tres países en 2013 a 8.969 en 2017.

Naciones Unidas estima que el grupo de migrantes en México ha crecido a 7.000 personas, incluyendo unos 2.300 niños aproximadamente, pero las cifras ahora están disminuyendo, según el gobierno mexicano. Se encuentran a por lo menos cientos de kilómetros de la frontera entre EE.UU. y México y en su mayoría van a pie.

Algunos participantes en un grupo de migrantes en su mayoría hondureños que atravesaban Guatemala dijeron a Human Rights Watch que recientemente se habían planteado solicitar protección en México. El gobierno mexicano informa que 1.700 ya lo han hecho. Otros se preguntaban si estarían a salvo en México, una preocupación que probablemente se agrava después de que las fuerzas de seguridad mexicanas mataran a tiros a un joven migrante hondureño en la caravana durante el fin de semana.

Aparte de huir de la violencia, algunos también emigran para escapar de la pobreza extrema o reunirse con parientes asentados en EE.UU. Un padre en la caravana que había sido recientemente deportado dijo a Human Rights Watch que regresaba para estar presente y activo en la vida de sus hijos nacidos en EE.UU.

Puede que EE.UU. enfrente desafíos particulares en el manejo de un gran número de migrantes que viajan en un grupo concentrado todos al mismo tiempo. Sin embargo, en lugar de utilizar una variedad de medios para bloquear a los solicitantes de asilo, EE.UU. cuenta con recursos suficientes para evaluar a las personas de manera efectiva y eficiente para detectar sus necesidades de protección y para gestionar otros flujos migratorios respetando los derechos humanos, dijo Human Rights Watch.

“Incluso si miles de personas de estos grupos intentaran entrar en EE.UU., representarían apenas una fracción del número normal de llegadas a la frontera”, señaló Long. “Las familias migrantes dicen que se unen a las caravanas para estar más seguras al ser más visibles, y el efecto secundario de esto es que también hace que los flujos migratorios normales sean más visibles”.