Previamente este mes, Nayeli Charolet, una mujer transgénero mexicana que vivía en Phoenix desde hacía más de una década, fue detenida por autoridades de inmigración estadounidenses y llevada a un centro de detención para hombres en Eloy, Arizona. Según señalaron las organizaciones de derechos humanos locales Arcoíris Liberation Team y Arizona Queer Undocumented Immigrant Project, se ofrecieron a Charolet tres alternativas: quedar alojada en un centro de detención para hombres, el encierro en una celda de aislamiento o ser enviada a una unidad segregada que alberga a mujeres transgénero, en forma separada del resto de los internos. 

Nayeli Charolet, a Mexican transgender woman currently held in a men’s immigration detention facility in Arizona, United States, pictured with her mother. 

© 2016 Arcoíris Liberation Team

Lamentablemente, todas estas alternativas son bastante sombrías. En todo momento, decenas de mujeres transgénero, incluidas solicitantes de asilo que llegan a Estados Unidos buscando protegerse de abusos en su país de origen, se encuentran encerradas en centros de detención inmigratoria con condiciones prácticamente carcelarias en distintas regiones del país, conforme señala un informe reciente de Human Rights Watch. Entrevistamos a numerosas mujeres transgénero que habían estado anteriormente detenidas y que relataron episodios de agresión sexual y maltrato por parte de detenidos de sexo masculino y guardias, mientras que otras permanecieron recluidas en condiciones de aislamiento durante largos períodos.

Incluso para las mujeres transgénero alojadas en una unidad segregada del centro de detención Santa Ana City Jail, en el Sur de California, la detención puede resultar una experiencia sobrecogedora y traumática. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE) de Estados Unidos creó esta unidad para detener a mujeres transgénero en condiciones seguras. No obstante, muchas mujeres allí retenidas indican sufrir habitualmente revisiones físicas exhaustivas practicadas de manera humillante por guardias de sexo masculino, y señalan que se les niega el acceso a atención médica necesaria, incluida la terapia de sustitución hormonal.

Según las organizaciones que trabajan para conseguir su liberación, Charolet, una artista local y defensora de inmigrantes LGBT, teme regresar a México debido a los altos índices de violencia que enfrentan en ese país las mujeres transgénero. Afirman que Charolet es consciente del daño psicológico que sufriría en régimen de aislamiento, y que optó por no ser enviada a Santa Ana debido a que no quería ser separada de su familia y la comunidad con la cual tiene vínculos. Por ello, las autoridades inmigratorias han retenido a Charolet en un centro de detención para hombres en Arizona, donde se expone a un riesgo extremadamente probable de sufrir violencia y agresión sexual.

En junio de 2015, el ICE presentó las nuevas directrices destinadas a mejorar las condiciones de detención para las mujeres transgénero; sin embargo, las medidas que ha adoptado para crear condiciones seguras y humanas para estas personas particularmente vulnerables han sido absolutamente insuficientes. Y el organismo continúa poniendo en riesgo la seguridad y el bienestar de las mujeres transgénero al alojarlas junto con hombres y en régimen de aislamiento. Si el gobierno estadounidense no está en condiciones o no tiene intención de adoptar todas las medidas necesarias para garantizar que Charolet y todas las demás mujeres transgénero detenidas permanezcan en entornos donde no haya abusos y se respeten sus derechos humanos, entonces directamente no debería retener a estas personas en detención inmigratoria.