¿Qué tienen en común Camboya, Indonesia, Laos, Myanmar, Nepal, Corea del Norte, Pakistán y Vietnam?

La respuesta es trágica.

Hay pruebas contundentes de que todos se han convertido en países desde los que se nutre un aberrante negocio: la trata de mujeres y niñas para su venta en China como novias.

La joven fue traficada a los 17 años por la madre de una amiga que le prometió un trabajo bien remunerado cuidando niños y luego la vendió a una familia en China como "novia". Una vez comprada, fue confinada y sometida a esclavitud sexual, pero logró escapar después de varios meses y regresar a su hogar en Myanmar.

© 2018 Human Rights Watch

En China, el porcentaje de mujeres ha mermado en forma constante desde 1987. Los investigadores estiman que en China hay ahora entre 30 y 40 millones de “mujeres que faltan”, un desequilibrio provocado por la predilección por los varones y exacerbado por la política de “un único hijo” que estuvo vigente entre 1979 y 2015, así como la persistencia de restricciones a los derechos reproductivos de las mujeres. La brecha de géneros hizo más difícil que muchos hombres chinos pudieran encontrar esposas y esto ha incrementado fuertemente la demanda de mujeres ingresadas de contrabando desde el extranjero.

Human Rights Watch documentó el tráfico de novias en Myanmar, donde cada año cientos de mujeres y niñas son engañadas con falsas promesas de empleo para que viajen a China, y una vez allí son vendidas como esposas a familias chinas y mantenidas en condiciones de esclavitud sexual, a menudo durante años. La mayoría son presionadas para quedar embarazadas lo antes posibles, y algunas incluso obligadas a someterse a tratamientos de fertilidad forzados. Aquellas que, tras tener hijos, tuvieron la suerte de poder escapar, en general tuvieron que abandonar a sus hijos. Varias de las mujeres entrevistadas habían sido víctimas de trata en más de una oportunidad.

Desde que Human Rights Watch empezó a investigar la trata hacia China hace más de tres años, ha habido señalamientos de que también estaría ocurriendo en otros países y que el número sigue aumentando. Estos países deben actuar con urgencia para prevenir la trata, trabajar con las autoridades chinas para recuperar a mujeres y niñas que son víctimas de esta práctica y asistir a las sobrevivientes, que muchas veces lidian con secuelas psicológicas devastadoras y tienen dificultades para cubrir necesidades básicas. Los gobiernos a los que les preocupa esta situación deberían denunciar este problema en forma enérgica y sistemática, incluso ante sus homólogos chinos, y exigir medidas inmediatas por parte del Gobierno de China para que se ponga fin a este comercio.

Asimismo, otros países asiáticos deberían realizar un atento seguimiento de este fenómeno para asegurarse de no ser los próximos en sumarse a la lista.