Cientos de mujeres han muerto en Brasil debido a abortos inseguros en los últimos años. Aun así, 18 miembros de una comisión de la Cámara de Diputados de Brasil – todos ellos hombres– votaron el miércoles por la tarde a favor de una nueva y peligrosa reforma constitucional que, de ser promulgada, podría incrementar esas cifras. El único voto en contra lo emitió una mujer.

Participantes de la protesta de SlutWalk en la playa de Copacabana, donde el papa Francisco celebró misa en Río de Janeiro, en julio de 2013. El letrero dice "No más criminalización de las mujeres, el aborto es un derecho".

© REUTERS/Pilar Olivares

La nueva reforma prohibiría el aborto en cualquier circunstancia. Actualmente, el derecho brasileño permite el aborto cuando se encuentre en riesgo la vida de la mujer, si el embarazo es resultado de violación o si el feto presenta anencefalia (una malformación cerebral congénita mortal).

Para la reforma se necesitaría el voto de una mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso. Sin embargo, de ser aprobada, las mujeres y las niñas que no deseen continuar con embarazos porque estos ponen en riesgo su salud o son el resultado de una violación serán obligadas a llevarlos a término contra su voluntad o recurrirán a una interrupción clandestina. En muchas situaciones, ambas elecciones podrían implicar un riesgo para su salud y su vida. Y la segunda opción podría implicar posibles penas de prisión por tomar decisiones fundamentales sobre su salud.

Mis colegas y yo entrevistamos a casi 100 mujeres y niñas en Brasil para un informe reciente sobre los efectos de la epidemia de Zika. Muchas tenían embarazos no planificados y afirmaron sentirse desoladas. Diversos médicos nos dijeron que, en el último año, habían atendido a mujeres que presentaban graves complicaciones de salud como resultado de métodos de aborto riesgosos e ineficaces.

Hay dos casos que están en trámite ante la Corte Suprema que podrían ampliar el acceso al aborto seguro y legal. El Congreso de Brasil, que avanza en la dirección contraria, debería evitar el rumbo de los países que han establecido prohibiciones absolutas al aborto, como Nicaragua.

Hace dos semanas, me reuní con activistas en Nicaragua, quienes me contaron que –en un país con altos índices de violencia doméstica y sexual– las adolescentes, las sobrevivientes de violaciones sexuales y las mujeres de sectores pobres son quienes más sufren debido a la prohibición del aborto. Describieron la crueldad con que se fuerza a mujeres y niñas a continuar con embarazos que son el resultado de una violación sexual, o a llevar a término la gestación cuando no hay esperanza de que el feto pueda sobrevivir fuera del útero.

El Congreso de Brasil debería proteger la salud y los derechos de las mujeres y rechazar esta propuesta inhumana.