Un nuevo informe de las Naciones Unidas detalla cómo los grupos criminales de Haití están aprovechando la ausencia casi total del Estado, así como el hambre y la violencia generalizadas, para reclutar a niños que luego son sometidos a abusos. Estos grupos criminales trafican con niños utilizando amenazas e incentivos materiales para obligarlos a participar en actividades delictivas y someterlos a abusos y esclavitud sexual.
Al menos 26 grupos criminales operan en la capital de Haití, Puerto Príncipe, y sus alrededores, donde se estima que 500.000 niños viven en zonas bajo su control. UNICEF declaró recientemente que el reclutamiento de niños se triplicó en 2025, y se estima que los niños representan entre el 30 y el 50 % de los miembros de los grupos criminales.
Según el nuevo informe, publicado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití, estos grupos utilizan a los niños en funciones a menudo peligrosas que contribuyen a reforzar el poder y los beneficios de los grupos criminales. Los niños son utilizados como vigías para seguir los movimientos de la policía, obligados a transportar armas y municiones, a recaudar pagos por extorsión y a participar en secuestros y enfrentamientos. Algunos son sometidos a violentos ritos de iniciación, según el informe, que incluyen palizas y la participación forzada en asesinatos y violaciones, lo que parece estar diseñado para “aislar a los niños de sus familias y comunidades”.
El informe reveló que niñas de tan solo 12 años se enfrentan a explotación y esclavitud sexual, incluyendo “relaciones” forzadas con miembros de grupos criminales. Aunque a menudo se las obliga a realizar tareas domésticas, algunas también son utilizadas para recabar información, ayudar en operaciones delictivas y, en ciertos grupos, a empuñar armas. Los niños que intentan escapar, así como sus familias, corren el riesgo de sufrir represalias violentas.
Estas conclusiones coinciden con la documentación de Human Rights Watch sobre los graves abusos cometidos contra los niños por grupos criminales y la falta de prioridad que las autoridades haitianas le han otorgado a la protección y rehabilitación de los niños. Los programas de protección social solo cubren a un pequeño número de hogares vulnerables. Las escuelas, que deberían ser espacios de protección, permanecen cerradas en muchas zonas controladas por grupos criminales.
Las autoridades de transición haitianas deben fortalecer los programas de protección social para las familias en situaciones vulnerables, garantizar que las escuelas puedan funcionar como espacios seguros, ampliar el acceso a la atención psicosocial y desarrollar programas de reintegración comunitarios para los niños que sufren abusos graves.
Si no se toman medidas inmediatas para ayudar a los niños a abandonar los grupos criminales y reintegrarse en las comunidades de forma segura, los grupos criminales seguirán lucrándose con su explotación. Mediante reformas sostenidas y un fuerte apoyo internacional, Haití puede comenzar a restaurar la confianza en las instituciones estatales y romper este ciclo de abusos.