El presidente venezolano, Nicolás Maduro, sostiene una copia de la constitución del país mientras habla durante una conferencia de prensa en el Palacio Miraflores en Caracas, 30 de diciembre de 2014.

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La sesión de miembros del Consejo de Seguridad de la ONU del día de hoy sobre la crisis en Venezuela es una oportunidad única para poner el foco en los abusos generalizados que está cometiendo el gobierno de Nicolás Maduro. Sin una presión multilateral firme, la crisis humanitaria y de derechos humanos no hará más que acentuarse. Estos son los temas en los cuáles debería centrarse el consejo:

El autoritarismo del régimen. No quedan en Venezuela instituciones independientes en pie que puedan poner freno al poder ejecutivo. El gobierno de Maduro ha usado a un Tribunal Supremo de Justicia obediente para usurpar las funciones legislativas de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, y ha procesado arbitrariamente a miembros de la oposición. Conformó una Asamblea Nacional Constituyente con poderes excesivamente amplios que se han empleado para perseguir a opositores. El Consejo Nacional Electoral no ha celebrado elecciones libres y justas.

La represión brutal. Entre abril y junio, las autoridades respondieron a manifestaciones multitudinarias con un uso brutal y generalizado de la fuerza, conforme se documentó en un informe conjunto de Human Rights Watch y el Foro Penal, que se presentará el 29 de noviembre. Aunque no fue la primera vez que se reprimió el disenso durante la presidencia de Maduro, la magnitud y la severidad de la represión alcanzó niveles inéditos en los últimos tiempos. Miembros de las fuerzas de seguridad y grupos armados partidarios del gobierno cometieron abusos sistemáticos contra manifestantes y detenidos. Más de 700 civiles fueron procesados sin garantías de debido proceso por tribunales militares y en establecimientos militares por delitos como “rebelión” y “traición a la patria”. Mientras permanecieron detenidas, muchas personas fueron sometidas a violentas golpizas y, en algunos casos, abusos como descargas eléctricas, asfixia.

La crisis humanitaria. Debido a la grave escasez de alimentos, medicamentos e insumos médicos, para muchos venezolanos es cada vez más difícil alimentar a sus familias u obtener atención de salud básica. Según estadísticas oficiales, en 2016 la mortalidad materna aumentó un 65 %, la mortalidad infantil un 30% y los casos de malaria un 76 %.

Emigración venezolana. Cientos de miles de venezolanos se han ido o han huido del país, para escapar de la persecución política, el hambre o la falta de atención médica. Esto está afectando a países limítrofes y también a otros más lejanos, que enfrentan dificultades para responder a la llegada de exiliados venezolanos.

Los miembros del Consejo de Seguridad que se reúnen en el marco de la “fórmula Arria” deberían expresar su firme apoyo al trabajo de la Organización de los Estados Americanos, bajo el liderazgo de Luis Almagro, para ayudar a los venezolanos a restablecer las instituciones democráticas y los derechos fundamentales. Los miembros del consejo deberían enviar un mensaje claro de que quienes cometen abusos tendrán que responder ante la justicia en el exterior si Venezuela demuestra no tener la capacidad o la voluntad de juzgarlos en el país; y ofrecer asistencia humanitaria internacional para mitigar el sufrimiento del pueblo venezolano.