Human Rights Watch insta nuevamente al presidente electo de Estados Unidos Donald Trump a retractarse de las peligrosas propuestas que ha planteado y del discurso divisivo que empleó durante la campaña para la elección presidencial. A diez días de su victoria electoral, Trump ha moderado el tono de algunos de sus señalamientos, pero hasta ahora no se ha retractado de manera clara e inequívoca de ninguna de sus propuestas que serían abiertamente violatorias del derecho estadounidense y las normas universales de derechos humanos o que perjudicarían a millones de personas.

El presidente electo Donald Trump habla ante sus seguidores durante la noche de las elecciones en Manhattan, Nueva York.

 

 

Trump ha propuesto, entre otras medidas, las siguientes:

  • Reformar leyes federales para permitir la tortura;
  • Aumentar el número de presuntos terroristas que pueden permanecer detenidos por tiempo indefinido sin juicio en la Bahía de Guantánamo;
  • Someter a refugiados sirios, inmigrantes musulmanes y personas de algunas nacionalidades a engorrosos procedimientos de evaluación o registro, que podrían poner en riesgo a las personas y prolongar las separaciones familiares;
  • Realizar deportaciones masivas de entre 2 y 3 millones de inmigrantes;
  • Derogar gran parte de las disposiciones de la Ley de Salud Asequible (Affordable Care Act). Por otro lado, Trump no ha propuesto un plan claro para garantizar que no se reviertan las importantes mejoras en acceso a atención de la salud conseguidas por esta ley;
  • Restringir el derecho de las mujeres a acceder a un aborto, postulando a la Corte Suprema a jueces que compartan este criterio;
  • Cercenar la libertad de prensa, facilitando la posibilidad de demandar a medios de comunicación.

Trump tampoco ha rechazado la retórica racista, xenófoba y misógina que él, miembros de su equipo y partidarios suyos demostraron durante la campaña. Esta retórica causó fuerte consternación entre numerosas personas en Estados Unidos y en el resto del mundo.

Hay mucho en juego. La victoria de Trump ha sido celebrada por líderes autoritarios de todo el mundo, incluido el presidente de Rusia Vladimir Putin y el presidente de Egipto Abdulfatah al Sisi, como así también por partidos populistas y nacionalistas en Europa que ganan votos sobre la base de plataformas políticas racistas, xenófobas y contra los inmigrantes, similares a las de Trump. El ascenso de estos partidos refleja una tendencia crecientemente preocupante, que amenaza principios fundamentales de derechos humanos en todo el mundo.

A lo largo de varias décadas, las evidencias nos han demostrado adónde conducen estas políticas: cuando una sociedad apoya el cercenamiento de los derechos de algunas personas —por ejemplo, refugiados, minorías, mujeres o personas con discapacidad—, los gobiernos terminan usando esto como excusa para menoscabar los derechos de todos y terminar con el estado de derecho. Los derechos y el estado de derecho son difíciles de restablecer una vez que se renuncia a ellos.

Human Rights Watch, como una de las organizaciones de derechos humanos más prominentes a nivel mundial, evaluará atentamente las políticas, prácticas, designaciones y otras medidas del gobierno de Trump, como lo hemos hecho con los gobiernos anteriores en Estados Unidos y en el resto del mundo. Denunciaremos y repudiaremos enérgicamente todas las declaraciones y acciones que muestren desprecio por los derechos humanos o no se ajusten a las normas internacionales de derechos humanos.