El cartel de una tienda de Gap en la 5ª Avenida en el centro de Manhattan en Nueva York, el 16 de junio de 2015.

La campaña publicitaria más reciente de Gap es blanco de las críticas por perpetuar los estereotipos de género. Los anuncios presentan al “Pequeño académico”, un niño aspirante a científico, y a una niña como “Mariposa social” (que se traduciría como “la más sociable”). Muchos están indignados por el hecho de que una compañía como Gap, que se enorgullece de su historial de responsabilidad social, esté reforzando los estereotipos de género.

Al fijarme en el anuncio no pude dejar de pensar en cómo reaccionarían los trabajadores – la mayoría mujeres – que producen las prendas de Gap. Puede que contemplen melancólicamente el lujo de una mariposa social.

Mis colegas y yo hemos conocido a muchas mujeres que trabajan en fábricas de confección en Camboya y Bangladesh, produciendo ropa para marcas internacionales. Estas mujeres trabajan muchas horas en condiciones deplorables, a menudo haciendo horas extraordinarias forzadas y sufriendo otros abusos laborales. En casa pasan apuros para compaginar las exigencias de los cuidados familiares y las tareas domésticas.

Tratar de mejorar las condiciones laborales en las fábricas textiles puede ser peligroso. Hace poco conocí a tres trabajadoras en Camboya. Hasta hace unos meses habían estado trabajando en una fábrica que, según ellas, producía ropa para Gap y otras marcas. Cansadas de verse repetidamente forzadas a trabajar horas extraordinarias se atrevieron a formar un sindicato. La fábrica las despidió.

Una de ellas, una viuda que vivía con su madre anciana y un hijo, dijo que en ese momento pasaba muchas penurias económicas. Su hijo estaba enfermo y necesitaba tratamiento médico. Trató de pedir dinero prestado pero “la gente se negaba”, recuerda. “No tienes trabajo. ¿Cómo vas a devolver el dinero?”, le decían.

Hay que reconocer que Gap ha demostrado un fuerte compromiso con los derechos de los trabajadores y ha ayudado a crear el Programa de la Organización Internacional del Trabajo para las Mejores Fábricas en Camboya, que luego se expandió para formar el programa global de Mejor Trabajo. También cuenta con un bueno Código de Conducta del Vendedor, respaldado por un equipo comprometido de funcionarios de cumplimiento social que al menos parecen responder a las quejas relacionadas con los derechos laborales. Sin embargo, desafortunadamente también es una de las marcas que se han resistido a adoptar una herramienta clave que, de entrada, mejoraría la debida diligencia: publicar las listas de proveedores de partes a las fábricas.

Listas de proveedores transparentes ayudan a los trabajadores y defensores de derechos humanos a alertar con rapidez a las marcas sobre riesgos para los derechos laborales. También hacen más fácil que los trabajadores puedan alertar a las marcas sobre cuándo las fábricas subcontratan a otras sin el consentimiento de la marca. Adidas, H&M, Levi’s, Marks and Spencer, Nike y Patagonia son algunas de las principales marcas que publican listados de proveedores.

Human Rights Watch se ha unido a otras organizaciones para pedir a marcas de ropa como Gap que divulguen públicamente cuáles son las fábricas que producen para ellas. Hasta el momento Gap se ha rehusado por “motivos de competencia”.

Gap tiene mucho terreno por recuperar para ponerse al día, no sólo a la hora de eliminar los estereotipos de género de sus anuncios, sino también de cara a la transparencia.

Tweet por los derechos: Gap debería revelar detalles sobre las fábricas que producen para la marca.