Sin duda surgirán más detalles espantosos, pero lo que sabemos hasta ahora ya es suficiente para horrorizarnos: 71 personas perdieron la vida de un modo que seguramente fue agonizante, encerrados en un camión aparcado en una carretera austríaca hacia Viena.

El hecho de que murieran tantos en un solo incidente, tan cerca de una capital europea donde se celebraba una reunión de ministros para abordar la migración en los Balcanes Occidentales, ha hecho que esta tragedia haya acaparado las portadas de los periódicos de todo el mundo. Sin embargo, la ruta terrestre recorrida por migrantes y solicitantes de asilo hacia la Unión Europea se ha cobrado la vida de miles de víctimas en los últimos años. En marzo, dos iraquíes murieron de hipotermia en la frontera entre Bulgaria y Turquía. En abril, 14 somalíes y afganos murieron después de que un tren de alta velocidad en Macedonia los atropellara cuando caminaban a lo largo de las vías. En noviembre del año pasado, un bebé de 45 días murió con su padre en esas mismas vías.

Policías forenses inspeccionan un camión estacionado en el que se encontraron los cuerpos de hasta 50 migrantes muertos, en una autopista cerca de Parndorf, Austria 27 de agosto 2015.

© 2015 Reuters

A pesar de que las muertes en el Mediterráneo hayan captado gran parte de la atención, la lista de los que han muerto por asfixia, deshidratación o exposición a los elementos naturales en las fronteras terrestre es desmesuradamente larga. Un recuento cifra el total de muertos en las fronteras de la UE en más de 30.000 desde el año 2000. Los contrabandistas directamente responsables de muertes y abusos deberían ser llevados ante la justicia. Los malos tratos por parte de los guardias fronterizos y la policía en Macedonia y Serbia aumentan los peligros del viaje.

Pero hay muchas culpas que repartir. Políticas fallidas de la UE, que imponen una carga injusta sobre los países fronterizos, y la incapacidad de Grecia para afrontar el número de migrantes han contribuido a la crisis migratoria de la UE. En lugar de levantar vallas, como está haciendo Hungría, la UE debería ampliar las alternativas seguras y legales para las personas que buscan entrar al continente, especialmente aquellas que huyen de la persecución y el conflicto. Esto significa aumentar los programas de reasentamiento de los refugiados, facilitar el acceso a la reunificación familiar y desarrollar iniciativas para proporcionar visados humanitarios. También requiere que los gobiernos de la UE cumplan con sus obligaciones legales de facilitar el acceso al asilo y a condiciones de vida humanas a los que ya están presentes.

Los países de la UE deberían tomar medidas urgentes para aliviar la crisis humanitaria en la endeudada Grecia, a donde desde principios de año han llegado 160.000 inmigrantes. El Consejo Europeo de Refugiados y Exiliados (ECRE) ha hecho un llamamiento para que los países de la UE reubiquen a 70.000 solicitantes de asilo de Grecia en el plazo de un año, el doble del insuficiente número de reubicaciones acordado en julio para Grecia e Italia por parte de los gobiernos.

Muchos de los que viajan a lo largo de la ruta de los Balcanes Occidentales hacia Austria vienen de Siria, Somalia, Irak y Afganistán, países en guerra o que sufren una violencia generalizada. Otros tienen la esperanza de mejorar sus perspectivas económicas y las vidas de sus hijos. Ninguno de ellos merecen ser explotados, abusados o morir.