(Atenas) – Miles de migrantes y solicitantes de asilo en las islas del mar Egeo, en Grecia, enfrentan condiciones de acogida y detención deplorables, a medida que se intensifica la crisis humanitaria para las personas que llegan a las islas cruzando el mar, señaló hoy Human Rights Watch. A pesar de los importantes esfuerzos de las autoridades locales de las islas, Grecia —actualmente sumida en un profundo endeudamiento— no puede hacer frente a sus obligaciones más elementales frente a las personas que llegan a su territorio, y que en su gran mayoría escapan de situaciones de violencia y represión.

“Las autoridades griegas sencillamente no pueden afrontar una afluencia tan numerosa de personas, debido a la crisis económica cada vez más aguda en el país, y existe un riesgo concreto de que la situación incluso se agrave en los próximos días”, observó Eva Cossé, especialista sobre Grecia de Human Rights Watch. “La respuesta de la UE a la crisis general en Grecia debería tomar en consideración la responsabilidad desmesurada que le toca al país con respecto a los solicitantes de asilo, y los derechos y el bienestar de los propios solicitantes de asilo”.

Un grupo de refugiados e inmigrantes desembarcan de un transbordador griego en el puerto de Piraeus, cerca de Atenas el 14 de junio de 2015.

© 2015 Reuters

En mayo de 2015, Human Rights Watch entrevistó a más de 100 solicitantes de asilo y migrantes recién llegados en las islas griegas de Lesbos, Chíos, Samos, Leros y Kos en el Egeo. Todos habían llegado en embarcaciones que zarparon desde Turquía durante el mes anterior. La mayoría de los entrevistados, incluidas mujeres y niños, provenían de Siria y Afganistán. Había entre los menores 24 que viajaban sin familiares, en su mayoría jóvenes de entre 15 y 17 años. Desde mayo, la situación de migrantes y solicitantes de asilo se ha deteriorado sustancialmente, y cada día llegan más de 1.000 personas.

Las personas que llegan a las islas de Lesbos, Chíos y Samos, en el Egeo norte, en general son detenidas en centros de evaluación —cercados con alambrados de púas— durante una semana o menos, hasta que las autoridades pueden identificarlas, registrarlas y tomarles las huellas dactilares. Debido a la sobrepoblación crónica, las condiciones insalubres y el acceso inadecuado a alimentos y atención de la salud, las condiciones en estos establecimientos están muy por debajo de lo exigido por los estándares internacionales y nacionales, y podrían constituir un trato inhumano o degradante. Si bien estos centros son visitados por médicos, trabajadores sociales y representantes de la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), no pueden asegurar una presencia continua y la escasez de intérpretes hace que la comunicación con respecto a asilo u otros temas sea extremadamente difícil, señaló Human Rights Watch.

Es común que menores compartan instalaciones con adultos, en condiciones de sobrepoblación y sin ninguna higiene. Debido al hacinamiento, numerosos migrantes y solicitantes de asilo deben dormir a la intemperie, como por ejemplo en el centro abierto de Kara Tepe en Lesbos, donde miles de personas esperan ser trasladadas al centro de evaluación para ser registradas y que se inicien los trámites correspondientes. En Samos, donde se encuentra el único establecimiento que separaba a las mujeres solteras de los hombres, diversos detenidos dijeron que solamente tenían acceso a agua potable durante 30 minutos al día, mientras que en el centro de evaluación en Chíos, Human Rights Watch observó que adultos y niños intentaban protegerse del sol bajo tiendas improvisadas con ropas y mantas.

En las islas del Egeo sur, como Leros y Kos, no hay centros de evaluación ni un sistema para la recepción de personas. Apenas llegan a Leros, las personas son llevadas a la dependencia policial y con frecuencia son puestas en libertad ese mismo día. No obstante, en períodos de afluencia masiva, cuando se producen demoras en el registro, las personas —y también los menores— tienen que dormir en celdas de dependencias policiales mientras esperan ser registradas y que se procese su trámite. Los voluntarios locales ayudan en la coordinación de aspectos como alojamiento, alimentos, vestimenta y atención médica.

De las islas que visitó Human Rights Watch en mayo, las condiciones más graves se observaron en Kos. El trámite a menudo demoraba tres semanas o más debido a la gran cantidad de personas que llegaban y a la falta de personal y capacidad técnica. Menores y adultos por igual dormían en condiciones sumamente precarias en un hotel abandonado con camas improvisadas, sin electricidad y con poca agua corriente, o en tiendas de campaña proporcionadas por Médicos sin Fronteras. Otras dormían a la intemperie en espacios públicos. Casi todos los entrevistados por Human Rights Watch señalaron que las autoridades aportaban escasos alimentos, y algunos indicaron que no habían comido en días. Muchos afirmaron no haber recibido información acerca de cuándo se tramitaría su solicitud ni cuánto demoraría.

Los menores migrantes o que solicitan asilo que son registrados como menores no acompañados a menudo permanecen detenidos por períodos mucho más extensos que los adultos o menores que viajan con sus familias, mientras las autoridades intentan identificar lugares de acogida adonde derivarlos. Si bien la derivación a centros de acogida pretende ser una medida de protección, la falta de espacio en toda Grecia ha redundado en que algunos menores permanezcan detenidos por largos períodos en centros de evaluación. Grecia tiene apenas 323 plazas para menores no acompañados. Mientras que los adultos pueden ser liberados en pocos días, los menores pueden permanecer retenidos durante tres semanas o más.

ACNUR advirtió el 10 de julio sobre la profundización de la crisis en materia de asilo en Grecia, y el rápido deterioro de las condiciones en las islas, incluido el agravamiento de las tensiones y problemas en la distribución de alimentos. En respuesta a la crisis, la agencia ha destinado personal adicional para prestar asesoramiento y asistencia a personas recién llegadas, así como cuidados a menores no acompañados y personas con necesidades específicas. ACNUR también ha puesto intérpretes a disposición de la Policía de manera temporaria, con el fin de agilizar el proceso de registro en la isla de Lesbos, donde se observa la mayor afluencia de refugiados.

El derecho griego exige a las autoridades asegurar la recepción de nacionales de terceros países que sean detenidos debido a ingreso o permanencia ilegal en Grecia, en condiciones que respeten los derechos humanos y la dignidad de conformidad con estándares internacionales. La normativa prevé la instalación de unidades móviles de primera acogida en centros de evaluación policiales ubicados en las islas, con el fin de identificar a grupos vulnerables, como menores migrantes no acompañados, y de efectuar controles médicos. Las unidades también brindan asistencia social y psicológica e información sobre derechos de migrantes y solicitantes de asilo, y derivan a personas vulnerables como menores no acompañados y víctimas de tortura a servicios sociales. Actualmente, están funcionando solamente dos de estas unidades, en Lesbos y Samos, y no cuentan con personal suficiente. La mayoría de los recién llegados, incluidos menores no acompañados y otras personas especialmente vulnerables, no tienen acceso a los servicios que, según estipula la ley, deberían estar disponibles.

Según ACNUR, más del 90 por ciento de las 77.000 personas que han llegado a la isla en los primeros seis meses de 2015 huyen de países en situaciones de guerra y conflicto, principalmente Siria, Afganistán, Irak y Somalia. Ahora que la frontera terrestre entre Grecia y Turquía se encuentra prácticamente sellada debido a mayor presencia de patrullas, incluso de Frontex, la agencia de gestión de las fronteras exteriores de la Unión Europea, y a la construcción de un vallado de 12,5 kilómetros de extensión en 2012, cada vez más solicitantes de asilo y migrantes parten de la costa de Turquía con la intención de llegar a las islas griegas en el mar Egeo, utilizando botes inflables y de madera atestados, señaló Human Rights Watch. Según las autoridades griegas, el 7 de julio, una embarcación donde se trasladaban entre 30 y 40 personas se hundió en el mar Egeo entre Turquía y Grecia. Conforme se informó en los medios de comunicación, 5 cuerpos habrían sido recuperados, mientras otras 13 personas continúan desaparecidas.

En una reunión del Consejo Europeo mantenida el 25 de junio, los líderes de la UE acordaron “en principio” reubicar a 40.000 solicitantes de asilo que están en Italia y Grecia. Los líderes rechazaron la propuesta de la Comisión Europea que permitiría una distribución obligatoria de los solicitantes de asilo en función de criterios como el PBI y el índice de desempleo de los Estados Miembros, así como la cantidad de solicitantes de asilo y refugiados que ya se encuentren en su territorio. Los Estados Miembros tendrán ahora hasta fin de julio para decidir a cuántas personas recibirán. Los países de la UE deberían aceptar acoger a importantes cantidades de solicitantes de asilo que están en Grecia, opinó Human Rights Watch.

Las autoridades griegas y la UE deberían acordar con urgencia un plan para asegurar que haya condiciones de recepción adecuadas, lo que incluye condiciones de acogida, baños, alimentos y acceso a atención básica de la salud, así como capacidad técnica para asistir a las personas, identificar sus vulnerabilidades y completar los trámites más rápidamente. Las autoridades deberían generar condiciones adecuadas para solicitantes de asilo especialmente vulnerables, como niños, personas con discapacidad, sobrevivientes de tortura y víctimas de trata. Las autoridades griegas deberían agilizar los trámites en el caso de familias con niños y de menores no acompañados que están en las islas, y evitar detener a menores, respetando así las recomendaciones del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, que vigila el cumplimiento de la Convención sobre los Derechos del Niño.

El gobierno griego debería asegurar que haya capacidad suficiente en los centros de acogida para aquellos migrantes y solicitantes de asilo que sean menores no acompañados, a fin de reducir al mínimo posible el período durante el cual permanecen detenidos a la espera de ser trasladados a estos centros. La UE debería prestar asistencia financiera al gobierno griego para cumplir estos objetivos.

“Aunque todos perciben los efectos de la crisis económica en Grecia, quienes se encuentran en situación marginal, como migrantes y solicitantes de asilo, son especialmente vulnerables”, expresó Cossé. “La UE puede y debe hacer más para ayudar a estas víctimas, que a menudo son ignoradas”.

Ver a continuación testimonios de migrantes y solicitantes de asilo en las islas del Egeo, en Grecia. 

Testimonios de migrantes y solicitantes de asilo

Maan, un hombre de 32 años procedente de Siria, dio detalles sobre la noche que pasó en el centro de evaluación en Lesbos:

Cuando llegamos allí, dormimos en el suelo. Pedimos que nos permitieran ducharnos, que nos dieran una almohada o una manta, pero no conseguimos nada... Desde ayer que estamos pidiendo en vano elementos para limpiar nuestra habitación. El lugar es sucio. Y uno de los hombres que están allí tiene algo en la mano, debajo de la piel, que ayer comenzó a moverse. Es una especie de larva.

Mariam (seudónimo), una mujer de 39 años oriunda de Afganistán, había estado detenida siete u ocho días en el centro de evaluación en Lesbos, junto con su hija Zahara (seudónimo), de 16 años. Mariam dijo a Human Rights Watch: “No nos dicen por qué nos retienen aquí. No nos explican nada... Somos hasta 20 o 30 personas en una habituación, hombres y mujeres, todos juntos”. Dijo Zahara:

Dormimos en una habitación donde hay muchos hombres, y nos da miedo estar solas con ellos. Estamos muy atemorizadas, con tantos hombres cerca. No tenemos acceso a jabón ni champú... Nadie se ha acercado para escuchar nuestros problemas. El único es el médico, pero solo cuando está presente el intérprete. Y el intérprete no nos habla. Realmente tengo miedo de estar aquí. Comparo esto con las dos noches en las cuales dormí en el bosque, y me sentía más segura allí que en este lugar.

Johnny (seudónimo), un joven sirio de 24 años que había estado en el atestado centro de detención de Chíos durante dos días cuando lo entrevistamos en mayo, describió la situación en los siguientes términos:

Aquí nos sentimos como en una prisión. Tenemos el sol encima y no hay donde estar. Hay muchas personas. No hay habitaciones. Dormimos en el suelo. Las habitaciones son para los niños y las personas que llegaron antes que nosotros. La situación es degradante. Tenemos agua para beber, pero no para ducharnos. Nadie me informó cuáles eran mis derechos, y no he sido atendido por un médico.

Ali Mohammad Ali, un joven de 24 años proveniente de Siria, que fue entrevistado en el transbordador durante el trayecto hasta Atenas, había estado tres días en el centro de detención de Chíos:

No había baños, ni tampoco siquiera agua corriente para lavarse las manos. El lugar era sucio y no había dónde dormir. La manta y el colchón hedían. Optamos por dormir en el suelo porque muchas personas habían usado la mantas y el colchón antes que nosotros. Nade me informó cuáles eran mis derechos. No había médico en el campamento, ni tampoco intérpretes. No tuve ningún problema con la Policía. Están haciendo lo que pueden. El problema es la gran cantidad de personas que llegan.

Mustafa, un joven sirio-kurdo de 26 años con discapacidad física proveniente de Alepo, se estaba quedando en el hotel abandonado que se ha destinado a migrantes y solicitantes de asilo en Kos, a la espera de ser registrado por la Policía:

Lo único que me disgusta es este sitio. Tengo dificultades para subir y bajar las escaleras. Si necesito comer, las tiendas están a un kilómetro de distancia. Para mí es difícil ir a pie hasta allí. No hay agua, electricidad, colchones ni mantas.