(Yakarta) – En el Altiplano Central de la remota provincia de Papua, una región cerrada a los observadores externos, la policía está cometiendo habitualmente e impunemente, al parecer, graves abusos tales como ejecuciones extrajudiciales, tortura y violaciones, señaló Human Rights Watch en un informe hecho público hoy. El maltrato policial endémico está agravando la desconfianza en el gobierno nacional de Yakarta y podría inflamar las tensiones separatistas.

El informe de 81 páginas, "Out of Sight: Endemic Abuse and Impunity in Papua’s Central Highlands" (Fuera de la vista: Abuso endémico e impunidad en el Altiplano Central de Papua), es el resultado de más de un año de investigación. El informe documenta los abusos cotidianos de los agentes de la policía y otras fuerzas de seguridad en la zona montañosa y aislada del Altiplano Central de la provincia indonesia de Papua, situada en la parte occidental de la isla de Nueva Guinea.

Una de las conclusiones fundamentales del informe es que la policía, especialmente los agentes de la BRIMOB (la brigada móvil, un cuerpo paramilitar de elite utilizado para situaciones de emergencia), son responsables de las violaciones más graves de los derechos humanos que se cometen actualmente en la región, aunque siguen surgiendo algunas denuncias del trato brutal por parte de los soldados indonesios.

“Las condiciones en el Altiplano Central de Papua son una prueba importante de la conducta de las fuerzas de seguridad indonesias cuando aumentan las tensiones políticas y las regiones están aisladas al escrutinio externo”, señaló Joseph Saunders, subdirector de programas de Human Rights Watch. “La policía no está superando la prueba en absoluto”, agregó.

Este nuevo informe sigue el informe de Human Rights Watch publicado en febrero, “Protest and Punishment: Political Prisoners in Papua” (Protesta y castigo: Presos políticos en Papua), que documentaba las graves restricciones de la libertad de expresión, asamblea y asociación en Papua.

Muchos de los abusos policiales documentados en el informe son especialmente crueles. Un hombre contó a Human Rights Watch lo que ocurrió cuando 12 agentes de la BRIMOB le detuvieron junto a algunos amigos por un alzamiento pacífico de la bandera de la independencia:

Se me cayeron los dientes. Salía sangre. Me golpearon. Me patearon dos veces y otras dos veces en el estómago. Me dieron una patada en la nariz, la boca y los dientes. Ordenaron que me siguieran pateando y lo hicieron. No pude contar cuántas veces. Vi como trataron igual a todos mis amigos. Les salía sangre y no les dejaron ir al baño. Nos ordenaron que nos tragaramos la sangre. Me estaba sangrando la nariz. Nos volvieron a ordenar que nos tragaramos la sangre. No sé el nombre del oficial al mando. Todos nos dieron puñetazos, por turnos.

Otro hombre dijo que le había golpeado la policía cuando presenciaba la detención de otra persona:

Me golpearon con la culata de un arma en la espalda, y me dieron puñetazos en la cara. Tenía la boca y los ojos golpeados y sangrando. Me maree y caí al suelo. Cinco miembros de la policía y la BRIMOB empezaron a patearme inmediatamente. Todos llevaban uniformes oficiales y armas… Estaba casi inconsciente cuando cinco miembros de la policía me metieron en el vehículo. Cuando me llevaban me golpearon tres veces en la espalda con la culata de un rifle y después me pegaron con una vara dentro del vehículo.

Human Rights Watch escribió tanto al jefe de la policía como al responsable de las fuerzas armadas en Papua para pedirles información sobre todos los casos documentados en el informe, pero no recibió ninguna respuesta.

La falta de responsabilidad interna y el mal funcionamiento del sistema de justicia hacen que la impunidad sea la norma para los responsables de abusos en Papua.

“No están enjuiciando a nadie por los crímenes que documentamos”, señaló Saunders. “La policía está actuando como si ellos hicieran las leyes”, agregó.

Las provincias indonesias de Papua y Papua Occidental están cerradas a los observadores internacionales de derechos humanos. Los periodistas tienen un acceso extremadamente limitado. Muchos diplomáticos han dicho a Human Rights Watch que entienden muy poco la situación en las provincias dado que existe muy poca información independiente sobre las condiciones en la zona. Es todavía más difícil encontrar información fiable sobre la remota región del Altiplano Central.

Human Rights Watch instó al gobierno indonesio a que permita el acceso de observadores independientes a estas provincias con el fin de aumentar la cantidad y la calidad de la información sobre las condiciones en la zona, y permitir que se lleven a cabo investigaciones independientes y transparentes.

“Al mantener la región aislada del escrutinio externo, los funcionarios de Yakarta están recibiendo versiones tendenciosas y parciales de lo que está ocurriendo”, señaló Saunders. “La información fiable es esencial si los funcionarios están verdaderamente interesados en identificar los problemas y encontrar soluciones duraderas”, agregó.

Durante años, la región del Altiplano Central ha sido el escenario de enfrentamientos, frecuentemente tensos, de la policía y las unidades militares indonesias con pequeñas células guerrilleras del Movimiento de Liberación de Papua (Organisasi Papua Merdeka, OPM). Las guerrillas pro independentistas han realizado reiterados ataques armados de bajo nivel contra las fuerzas de seguridad indonesias, que siguen llevando a cabo operaciones de “rastreo” en zonas civiles, sembrando el terror y el pánico y provocando la huida de muchos residentes de sus hogares.