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La FIFA debería combatir el racismo y la discriminación dentro y fuera del campo

Se debe abordar el impacto de los abusos de la administración Trump

Kylian Mbappé durante el partido de octavos de final de la Copa Mundial masculina, Paraguay vs. Francia, en el Estadio de Filadelfia, EE. UU., el 4 de julio de 2026. © 2026 Tom Weller/picture-alliance/dpa/AP Photo

Tras la victoria de Francia frente a Paraguay el 4 de julio, la senadora paraguaya Celeste Amarilla atacó al jugador francés Kylian Mbappé con comentarios deshumanizantes. La eliminación de las selecciones de Países Bajos y Alemania en los dieciseisavos de final desató una oleada de publicaciones racistas en internet. Además, un video grabado el 7 de julio mostró a un aficionado argentino haciendo gestos racistas contra el youtuber estadounidense IShowSpeed (Darren Watkins Jr.).

La FIFA publicó el 1 de julio un análisis en el que concluye que, según lo ocurrido hasta ahora en la Copa Mundial, “los abusos racistas están aumentando y se han convertido en una amenaza persistente para el bienestar de los jugadores”. La FIFA ha identificado más de 89.000 publicaciones ofensivas en internet durante el torneo, de las cuales un 11 % incluían insultos racistas.

Un portavoz de derechos humanos de las Naciones Unidas calificó los comentarios de Amarilla de “despreciables y, lamentablemente, no aislados”, y afirmó que los gobiernos y las organizaciones deportivas “deben trabajar activamente para prevenir los actos de racismo y cualquier otra forma de discriminación”.

Sin embargo, aunque la FIFA ha condenado los incidentes racistas ocurridos durante la Copa Mundial, todavía puede hacer mucho más para combatir la discriminación fuera del terreno de juego. La mayoría de los partidos del torneo se disputan en Estados Unidos, donde las políticas migratorias abusivas y discriminatorias impulsadas por el presidente Donald Trump y dirigidas principalmente contra comunidades negras y latinas, ha puesto en riesgo a aficionados, trabajadores y comunidades.

Antes del inicio de la Copa Mundial, Human Rights Watch instó a la FIFA a ejercer su influencia sobre la administración Trump para cuestionar estas políticas, advirtiendo de que “demeritan profundamente el espíritu inclusivo de la Copa Mundial y las políticas de no discriminación establecidas en los Estatutos de la FIFA”. También pedimos a la FIFA que impulsara una “tregua de ICE” para proteger a aficionados, trabajadores y comunidades frente a operativos migratorios abusivos.

En lugar de ello, la FIFA otorgó a Trump el recién creado Premio de la Paz de la FIFA, en reconocimiento a su “compromiso inquebrantable con el avance de la paz y la unidad en todo el mundo”. Los planes de acción en materia de derechos humanos elaborados por las ciudades anfitrionas junto con la FIFA tampoco abordaron, en su gran mayoría, los riesgos que las operaciones migratorias del gobierno estadounidense plantean para aficionados y trabajadores.

El enorme alcance mundial del fútbol ofrece a la FIFA una plataforma única. Además de condenar los ataques racistas contra deportistas y aficionados, la FIFA debería hacer valer su influencia para abordar el impacto que las políticas discriminatorias del gobierno de Estados Unidos están teniendo sobre aficionados, jugadores y otras personas afectadas durante la Copa Mundial.

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