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Vehículos blindados rusos destruidos en la ciudad de Bucha, al noroeste de Kiev, Ucrania, el 4 de marzo de 2022. © 2022 ARIS MESSINIS/AFP via Getty Images

(Warsaw) – Human Rights Watch ha documentado varios casos en los que las fuerzas militares rusas han cometido violaciones de las leyes de guerra contra civiles en las zonas ocupadas de las regiones ucranianas de Chernihiv, Járkov y Kiev. Entre ellos se incluye un caso de violación reiterada; dos casos de ejecución sumaria, uno de seis hombres y el otro de un hombre; y otros casos de violencia ilegal y amenazas contra la población civil entre el 27 de febrero y el 14 de marzo de 2022. Las fuerzas militares también estuvieron implicadas en el saqueo de bienes civiles, incluidos alimentos, ropa y leña. Las personas que han cometido estos abusos son responsables de crímenes de guerra.

“Los casos que hemos documentado suponen una crueldad y una violencia indescriptibles y deliberadas contra la población civil ucraniana”, afirmó Hugh Williamson, director de la división de Europa y Asia Central de Human Rights Watch. “La violación, el asesinato y otros actos violentos contra las personas bajo custodia de las fuerzas rusas deben ser investigados como crímenes de guerra”.

Human Rights Watch entrevistó en persona o por teléfono a 10 personas, entre ellas testigos, víctimas y residentes locales de los territorios ocupados por Rusia. Algunos de los entrevistados pidieron ser identificadas solo por sus nombres de pila o por seudónimos para su protección.

El 4 de marzo, las fuerzas rusas en Bucha, a unos 30 kilómetros al noroeste de Kiev, acorralaron a cinco hombres y ejecutaron sumariamente a uno de ellos. Un testigo dijo a Human Rights Watch que los soldados obligaron a los cinco hombres a arrodillarse a un lado de la carretera, les cubrieron la cabeza con sus camisetas y dispararon a uno de ellos en la parte trasera de la cabeza. “Cayó [al suelo]”, dijo el testigo, “y las mujeres [presentes en el lugar] gritaron”.

Las fuerzas rusas en el pueblo de Staryi Bykiv, en la región de Chernihiv, acorralaron al menos a seis hombres el 27 de febrero, y posteriormente los ejecutaron, según la madre de uno de ellos, que estaba cerca cuando su hijo y otro hombre fueron detenidos, y que después vio los cadáveres de los seis.

La gente camina entre edificios destruidos mientras evacua una zona del frente entre las ciudades de Bucha e Irpin, cerca de Kiev, Ucrania, el 10 de marzo de 202 © 2022 GETTY IMAGES/Chris McGrath

Un hombre de 60 años dijo a Human Rights Watch que el 4 de marzo, un soldado ruso amenazó con ejecutarlo sumariamente a él y a su hijo en Zabuchchya, un pueblo al noroeste de Kiev, después de registrar su casa y encontrar un rifle de caza y gasolina en el patio trasero. Otro soldado intervino para evitar que el otro los matara, dijo el hombre. Su hija corroboró su testimonio en otra entrevista.

El 6 de marzo, soldados rusos en el pueblo de Vorzel, a unos 50 kilómetros al noroeste de Kiev, lanzaron una granada de humo en un sótano y luego dispararon a una mujer y a un menor de 14 años cuando salieron del sótano, donde se habían refugiado. Un hombre que estaba con ella en el mismo sótano cuando murió de sus heridas dos días después, y que escuchó relatos del incidente de otras personas, proporcionó la información a Human Rights Watch. El menor murió inmediatamente, dijo.

Una mujer dijo a Human Rights Watch que un soldado ruso la había violado repetidamente en una escuela de la región de Járkov donde ella y su familia se habían refugiado el 13 de marzo. Dijo que la golpeó y le cortó la cara, el cuello y el pelo con un cuchillo. Al día siguiente, la mujer huyó a Járkov, donde pudo recibir tratamiento médico y otros servicios. Human Rights Watch revisó dos fotografías, que la mujer compartió con Human Rights Watch, en las que se veían sus lesiones faciales.

Muchos de los civiles ucranianos que entrevistamos describieron que las fuerzas rusas se llevaron comida, leña, ropa y otros artículos como motosierras, hachas y gasolina.

Todas las partes del conflicto armado en Ucrania están obligadas a respetar el derecho internacional humanitario, o las leyes de la guerra, incluidos los Convenios de Ginebra de 1949, el Primer Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra y el derecho internacional consuetudinario. Las fuerzas armadas beligerantes que tienen el control efectivo de una zona están sujetas al derecho internacional de la ocupación. También se aplica el derecho internacional de los derechos humanos, que es aplicable en todo momento.

Las leyes de la guerra prohíben el asesinato intencionado, la violación y otros actos de violencia sexual, la tortura y el trato inhumano de los combatientes capturados y de los civiles bajo custodia. También están prohibidos el pillaje y el saqueo. Cualquiera que ordene o cometa deliberadamente estos actos, o que ayude o instigue a cometerlos, es responsable de crímenes de guerra. Los comandantes de las fuerzas que sabían o tenían razones para saber de esos crímenes, pero no intentaron detenerlos o castigar a quienes los cometieron son penalmente responsables de los crímenes de guerra como cuestión de responsabilidad de mando.

“Rusia tiene la obligación jurídica internacional de investigar imparcialmente los presuntos crímenes de guerra cometidos por sus soldados”, señaló Williamson. “Los comandantes deben reconocer que el hecho de no tomar medidas contra los asesinatos y las violaciones puede hacerlos personalmente responsables de crímenes de guerra como cuestión de responsabilidad de mando”.

Violación en Járkov

El 13 de marzo, un soldado ruso golpeó y violó repetidamente a Olha [no es su nombre real], una mujer de 31 años, en Malaya Rohan, un pueblo de la región de Járkov que las fuerzas rusas controlaban en ese momento.

Los soldados rusos entraron en la aldea el 25 de febrero, dijo Olha. Ese día, unos 40 habitantes, en su mayoría mujeres y niñas, se habían refugiado en el sótano de una escuela local. Ella estaba allí con su hija de 5 años, su madre, su hermana de 13 años y su hermano de 24 años.

Alrededor de la medianoche del 13 de marzo, un soldado ruso entró por la fuerza en la escuela, dijo Olha: “Rompió los cristales de la entrada de la escuela y golpeó la puerta”. Un guardia abrió la puerta.

El soldado, que llevaba un rifle de asalto y una pistola, entró en el sótano y ordenó a todos los presentes que se pusieran en fila. La mujer se puso en la fila sosteniendo a su hija, que estaba dormida. Le dijo que le entregara a la niña, pero ella se negó. Le dijo a su hermano que se acercara y ordenó al resto del grupo que se arrodillara o, según dijo, les dispararía a todos.

El soldado ordenó a su hermano que le siguiera para ayudarle a encontrar comida. Se fueron y volvieron una o dos horas después. El soldado se sentó en el suelo.

“La gente empezó a preguntar si podía ir al baño y él se lo permitió, en grupos de dos y tres”, dijo Olha. Después, la gente empezó a instalarse para pasar la noche. El soldado se acercó a su familia y le dijo a ella que le siguiera.

El soldado la llevó a un aula del segundo piso, donde le apuntó con un arma y le dijo que se desnudara. Ella dijo: “Me dijo que le hiciera [sexo oral]. Todo el tiempo mantuvo la pistola contra mi sien o en la cara. Dos veces disparó al techo y dijo que era para darme más ‘motivación’”. La violó y luego le dijo que se sentara en una silla.

Ella dijo que tenía mucho frío en la escuela sin calefacción y preguntó si podía vestirse, pero el soldado le dijo que solo debía ponerse la parte superior, no los pantalones ni la ropa interior. “Mientras me ponía la ropa, el soldado me dijo que era ruso, que se llamaba [nombre oculto] y que tenía 20 años. Dijo que le recordaba a una chica con la que había ido al colegio”.

El soldado le dijo que fuera al sótano a por sus cosas, para que se quedara en el aula con él. Ella se negó. “Sabía que mi hija lloraría si me veía”, dijo. El soldado sacó un cuchillo y le dijo que le obedeciera si quería volver a ver a su hija. El soldado volvió a violarla, le puso un cuchillo en la garganta y le cortó la piel del cuello. También le cortó la mejilla con el cuchillo y le cortó parte del pelo. La golpeó en la cara con un libro y la abofeteó repetidamente. Las fotografías que compartió con Human Rights Watch, fechadas el 19 y el 20 de marzo, muestran marcas de cortes y moretones en el cuello y la cara.

Sobre las 7 de la mañana del 14 de marzo, el soldado le dijo que fuera a buscarle un paquete de cigarrillos. Bajaron juntos las escaleras. Ella le pidió al guardia que le diera al soldado unos cigarrillos. Cuando el soldado recibió los cigarrillos, se fue.

Ese día, ella y su familia se dirigieron a Járkov, donde los voluntarios le proporcionaron asistencia médica básica. Fueron trasladados a un refugio antibombas. “Tengo suerte de estar viva”, señaló. Dijo que las autoridades del consejo de Malaya Rohan se habían puesto en contacto con ella y su madre y que las autoridades estaban preparando una denuncia penal, que piensan presentar ante la fiscalía de Ucrania.

Human Rights Watch recibió otras tres denuncias de violencia sexual por parte de soldados rusos en otros pueblos de la región de Chernihiv y en Mariupol, en el sur, pero no ha podido verificarlas de forma independiente.

Ejecuciones sumarias y otros casos de violencia

El 27 de febrero, las fuerzas rusas detuvieron a seis hombres en el pueblo de Staryi Bykiv, en la región de Chernihiv, y los ejecutaron sumariamente. Tetiana, de Novyi Bykiv, que está frente a Staryi Bykiv, justo al otro lado del río Supiy, habló con los familiares de cuatro de los hombres que fueron asesinados. Dijo a Human Rights Watch que el 27 de febrero, el puente entre Novyi Bykiv y Staryi Bykiv fue volado, y las fuerzas rusas bombardearon ambos pueblos. A continuación, una columna de vehículos blindados rusos entró en Staryi Bykiv.

“La mayoría de la gente se escondía en sus sótanos a causa de los bombardeos, y los soldados iban de puerta en puerta”, cuenta Tetiana que le dijeron las familias de Staryi Bykiv. Los soldados se llevaron a seis hombres de sus casas:

Se llevaron a seis hombres de tres familias diferentes. A una madre le quitaron a sus dos hijos [y les dispararon]. Otro joven tenía unos 20 años, se llamaba Bohdan, conozco bien a su madre, me dijo que los soldados le dijeron que esperara cerca de su casa mientras se llevaban a su hijo... para interrogarlo. Lo mismo le dijeron a otras familias. En lugar de eso, se llevaron a estos seis hombres, los llevaron al extremo del pueblo y los fusilaron.

Viktoria, la madre de Bohdan, entrevistada por separado, describió a Human Rights Watch lo que ocurrió el 27 de febrero:

Se llevaron a mi hijo, Bohdan [de 29 años], y a mi cuñado, Sasha [nombre completo: Olexander, de 39 años]. Estábamos en el sótano [debido al bombardeo], así que no vimos nada. Salieron a fumar. Entonces nuestro vecino subió corriendo y dijo que había visto cómo se llevaban a Bohdan y a Sasha, y a algunos otros.

Viktoria corrió a la calle para preguntar a los soldados rusos del puesto de control qué había pasado. “Nos dijeron que no nos preocupáramos, que [los soldados] los asustarían un poco y luego los dejarían ir”, dijo. “Nos alejamos unos 50 metros... y oímos disparos. Eran alrededor de las 6:20 de la tarde”.

Viktoria dijo que al día siguiente ella y su hermana fueron al prado y vieron los cuerpos tendidos junto a un edificio del lugar:

Tres estaban en un lado del edificio, pero mi hijo y mi cuñado no. Caminamos hasta el otro lado y vimos [a Bohdan y Sasha, y a uno más]. Estaban tirados allí. Tenían disparos en la cabeza. Tenían las manos atadas a la espalda. Miré el cuerpo de mi hijo, sus bolsillos estaban vacíos, no tenía el teléfono, ni las llaves, ni los documentos [de identidad].

Viktoria pidió permiso a los soldados del puesto de control para recoger los cuerpos, pero les dijeron que no. Los días siguientes se produjeron intensos bombardeos.

El 7 de marzo, dijo Viktoria, volvieron a pedir permiso a los soldados para recoger los cuerpos: “En el puesto de control nos dijeron que fuéramos al cementerio, que nos traerían los cuerpos.... Vinieron todos [todos los vecinos], como 75 personas.... Los enterramos a todos el mismo día, en tumbas separadas”.

Viktoria dijo que los otros cuatro hombres enterrados ese día eran Volodymyr, de 40 años, otro Olexander, de 40, y dos hermanos, Ihor, de 31, y Oleh, de 33.

Tetiana dijo que los soldados también se llevaron toda la madera de los aldeanos, dejándoles sin nada para cocinar o calentar sus casas.

El 4 de marzo, las fuerzas rusas ejecutaron sumariamente a un hombre en Bucha, a 30 kilómetros al noroeste de Kiev, y amenazaron con disparar a otros cuatro, dijo una profesora que presenció la ejecución. Dijo que escuchó disparos alrededor de las 7 de la mañana y vio tres vehículos blindados rusos y cuatro camiones Kamaz [marca rusa] conduciendo por su calle. Estaba refugiada en el sótano con sus dos perros cuando escuchó cómo se rompían cristales y, a continuación, el derribo de la puerta de su casa. Las voces del exterior decían [en ruso]: “Sal ahora mismo o lanzaremos una granada”.

Gritó que estaba sola en el sótano y salió con las manos en alto.

“Había tres hombres fuera, dos soldados [rusos] y un comandante”, dijo. “Cogieron mi teléfono y lo revisaron, luego me dijeron que cogiera mis documentos [de identidad] y que fuera con ellos”. Mientras caminaba por la calle con los soldados, vio que también estaban acorralando a sus vecinos y ordenándoles que caminaran.

Nos llevaron al lugar donde estaba la oficina de AgroButpostach [una empresa de alquiler de almacenaje]. Justo al lado del edificio hay un aparcamiento y una pequeña plaza. Reunieron a la gente en esa plaza, en su mayoría mujeres, pero también había varios hombres entre nosotros, de más de 50 [años]. Había unos 30 militares y el comandante tenía insignias [de paracaidista] [en su uniforme]. Hablaba con un acento del oeste o del centro de Rusia .... Yo también nací en Rusia, así que me doy cuenta de esas cosas. Todos los soldados estaban delgados y tenían un aspecto muy deteriorado.

Dijo que los soldados trajeron a unas 40 personas a la plaza, recogieron los teléfonos de todos, comprobaron los documentos y preguntaron quién estaba en la defensa territorial o en las unidades de autodefensa locales:

Dos mujeres pidieron ir al baño. Una de ellas estaba embarazada. Pregunté si podía ir con ellas. Un soldado nos indicó el camino al baño, que estaba alrededor del edificio, creo que ahora era su cuartel general. El edificio era largo. A lo largo de la pared del otro lado, vimos un gran charco de sangre.

Dijo que esperaron en la plaza durante horas con mucho frío:
En un momento dado trajeron a un joven, y luego a cuatro más. Los soldados les ordenaron que se quitaran las botas y las chaquetas. Les hicieron arrodillarse a un lado de la carretera. Los soldados rusos les tiraron de las camisetas, por detrás y por encima de la cabeza. A uno le dispararon en la nuca. Cayó. Las mujeres gritaron. Los otros cuatro hombres estaban arrodillados allí. El comandante dijo al resto de la gente en la plaza: “No os preocupéis. Todos sois normales, y esto es suciedad. Estamos aquí para librarles de la suciedad”.

Comentó que, tras varias horas, los soldados se llevaron a la gente de vuelta a sus casas. Los otros cuatro hombres seguían arrodillados cuando ella se fue.

Narró que cuando pudo salir de la ciudad el 9 de marzo, el cuerpo del joven seguía tendido donde le habían disparado.

Dmytro, de 40 años, dijo a Human Rights Watch que él y su familia huyeron de la ciudad de Bucha, fuertemente bombardeada, el 7 de marzo. Dijo que no conocían ninguna ruta de evacuación segura, así que caminaron - envueltos en sábanas blancas y agitando sábanas blancas en el aire - durante unos cinco kilómetros hasta el pueblo de Vorzel.

Una vez en Vorzel, se refugiaron durante dos noches en el sótano de un edificio de dos plantas, con un grupo de residentes locales. Dmytro dijo que había una mujer con ellos en el sótano que tenía heridas en el pecho y en las piernas. Otras personas que estaban en el sótano le contaron que le habían disparado el día anterior, cuando los soldados rusos irrumpieron en ese mismo sótano y lanzaron una granada de humo al interior. Varias personas entraron en pánico y corrieron al exterior, donde los soldados rusos les dispararon. La mujer resultó herida, y las personas que estaban en el sótano le dijeron que un niño de 14 años había recibido un disparo en la cabeza y había muerto. Dmytro dijo que la mujer murió al día siguiente, el 8 de marzo. Él y varios residentes locales la enterraron fuera del refugio antibombas.

El 4 de marzo, las fuerzas rusas amenazaron con ejecutar a un hombre y a su hijo en Zabuchchya, un pueblo a las afueras de la ciudad de Irpin, al noroeste de Kiev. Un residente del pueblo dijo que el 4 de marzo las fuerzas rusas entraron en el pueblo, donde se había refugiado con otras 10 personas, incluida una familia de Irpin, en el sótano de su casa. En otra entrevista, su hija corroboró su relato. Dijo que 13 soldados entraron en su casa para registrarla:

Los soldados preguntaron por mi hijo, de 34 años, que está en la defensa del territorio. Salió a recibirlos. Preguntaron quién estaba en la casa y luego la registraron y la pusieron patas arriba..... En el patio trasero encontraron mi escopeta de caza y una botella de gasolina, y se pusieron como locos.

El comandante que daba órdenes a los demás dijo: “Llévenlos [a mí y a mi hijo] al árbol de afuera y dispárenles”. Nos llevaron fuera. Uno de los soldados se opuso. Nos volvieron a llevar dentro y ordenaron a mi hijo que se desnudara porque decían que querían buscar tatuajes nacionalistas. Otros soldados también fueron a las casas de nuestra calle, incluida la casa de una jueza -ella se había ido y había cerrado la casa- y la del diputado del consejo local.

Rompieron la ventana de la casa de la juez para entrar. Los vimos sacar bolsas y bolsas de cosas de la casa de la juez. Después de eso, se fueron.... Reuní a mi familia y a todos los que estaban en el sótano, y huimos en dos coches. Mi mujer, mi hijo y mi madre, de 80 años, están ahora en casa de mi hija en Khodosivka [al suroeste de Kiev].

 

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