Por lo general, los acontecimientos en América Latina no generan gran interés político ni controversia en Gran Bretaña. Sin embargo, nuevas evidencias sobre el agravamiento de la represión en Venezuela deberían obligar a la primera ministra conservadora Theresa May y al líder de la oposición laborista Jeremy Corbyn a reconsiderar sus distintas posiciones —ambas equivocadas— sobre Venezuela.

Una nueva investigación difundida esta semana por Human Rights Watch y la organización venezolana Foro Penal revela la magnitud de la represión de opositores llevada a cabo por el gobierno de Maduro.

El informe presenta testimonios detallados de cómo miembros de las fuerzas de seguridad venezolanas propinaron violentas golpizas a personas detenidas y las torturaron con descargas eléctricas, asfixia y agresiones sexuales. En algunos casos, los agentes de las fuerzas de seguridad detonaron cartuchos de gas lacrimógeno en celdas minúsculas donde había personas detenidas, y les negaron alimentos o agua. En ocasiones, fueron obligadas a ingerir alimentos que habían sido deliberadamente contaminados con excrementos, cenizas de cigarrillos o insectos.

Integrantes de las fuerzas de seguridad y de grupos armados partidarios del gobierno, que en Venezuela se llaman “colectivos”, han provocado decenas de muertes y cientos de heridos. En muchos casos, han disparado cañones de agua, gases lacrimógenos y perdigones desde corta distancia, en formas que parecen haber tenido como fin causar lesiones dolorosas.

Con este trasfondo, cuesta entender por qué el gobierno de May está aportando GBP 160.000 para capacitar a miembros de algunas de las fuerzas de policía y seguridad del país.  En agosto, cuando este dato trascendió por primera vez, el Servicio Exterior del Reino Unido manifestó que la política “estaba siendo revisada”. Sin embargo, en un contexto de rápido empeoramiento de la represión en Venezuela, es insostenible que el Gobierno del Reino Unido brinde este tipo de asistencia sin pronunciarse enérgicamente repudiando la represión y casos de tortura. El Reino Unido debería intensificar la presión sobre el gobierno de Maduro aplicando sanciones específicas, entre otras medidas.

También las opiniones expresadas recientemente por Jeremy Corbyn sobre Venezuela han sido vergonzosas y erradas. En una entrevista ofrecida a los medios el 30 de septiembre, Corbyn se negó en varias oportunidades a condenar las políticas represivas de Maduro. Esto sugiere que su tradicional apoyo al gobierno abiertamente anticapitalista en Caracas no le permite ver la realidad de la agudización de la represión sistemática en Venezuela.

Aunque esta no es la primera arremetida contra críticos durante la presidencia de Maduro, la magnitud y la severidad de esta ola represiva han alcanzado niveles inéditos en la historia reciente de Venezuela. La indolencia y la pasividad de May, y la fingida solidaridad de Corbyn, son dos posiciones igualmente desacertadas que deberían ser abandonadas.