Refugiados y solicitantes de asilo protestan contra la política australiana encargada de los procesamiento inmigratorio ‘offshore’ (para terceros países) en el principal centro de detención en la isla de Manus, Papúa Nueva 

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Australia y Papúa Nueva Guinea (PNG) han fracasado en su objetivo de proteger el bienestar de cientos de refugiados y solicitantes de asilo que ha sido enviados a la isla papuana de Manus, en virtud de la política de procesamiento obligatorio offshore (en terceros países) de Australia, dijo hoy Human Rights Watch. Alrededor de 770 hombres siguen atrapados en Manus, donde muchos sufren asaltos y robos y no reciben  atención médica adecuada, revelaron nuevas entrevistas llevadas a cabo por Human Rights Watch.

La propuesta de los gobiernos de Australia y PNG de desmantelar el centro regional de detención (el “centro principal”) en la isla de Manus antes del 31 de octubre de 2017 y transferir o reasentar a los migrantes que habitan allí a otro lugar de PNG pondrá en mayor peligro su seguridad y salud. En cambio, Australia debería admitir  y acoger a los que sean reconocidos como refugiados, procesar justamente a quienes tengan solicitudes de asilo pendientes y volver a evaluar los reclamos de los solicitantes de asilo denegados antes de devolverlos por la fuerza a sus países de origen, recomendó Human Rights Watch.

“Mientras el plazo del 31 de octubre está cada vez más cerca, los refugiados y solicitantes de asilo en la isla de Manus han seguido sufriendo apuñalamientos, palizas y robos”, dijo Elaine Pearson, directora para Australia de Human Rights Watch. “La trágica ironía es que sacar a estos hombres de las condiciones miserables que encaran en este centro vigilado y trasladarlos a otro lugar de PNG  en realidad sólo los pondría en mayor peligro. En cambio, el gobierno australiano debería protegerlos de verdad transfiriéndolos a Australia”.

Desde 2013, Australia ha enviado a los solicitantes de asilo que tratan de llegar al país en barco a los hacinados e insalubres centros de procesamiento en ultramar (offshore) de PNG y Nauru. Los solicitantes de asilo varones han sido trasladados a la isla papuana de Manus, mientras que hombres, mujeres y niños han sido destinados a Nauru. Bajo un acuerdo de reasentamiento regional, aquellos enviados a Manus que posteriormente son reconocidos como refugiados deben ser reubicados en otras partes de PNG.

La política australiana de encerrar a los solicitantes de asilo en PNG en condiciones precarias y peligrosas ha sido citada con aprobación por políticos ultranacionalistas europeos como una forma de disuadir a las personas que tratan de inmigrar en barco.

“El denominado ‘modelo australiano’ de tratar a los refugiados y solicitantes de asilo no es un ejemplo a seguir en Europa ni en ningún otro lugar; el sistema ha provocado miseria, sufrimiento e incluso suicidios”, señaló Pearson.

Bajo el nuevo plan del gobierno australiano de clausurar el centro principal, los refugiados serán trasladados a una instalación de tránsito u otros centros de acogida en la isla de Manus, reubicados en otras partes de PNG o reasentados en la nación insular de Nauru, en el Pacífico, o en Estados Unidos. Los solicitantes de asilo rechazados serán devueltos a sus países de origen o trasladados a otro centro en la isla de Manus.

De los 770 hombres, unos 600 habitan actualmente en la isla de Manus en el centro principal financiado por el gobierno australiano, mientras que 65 viven en un centro de tránsito. Los residentes pueden salir del centro principal en autobús, pero es una instalación vigilada que se encuentra a 30 minutos en coche de la ciudad de Lorengau, en la remota base naval papuana de Lombrum. Aproximadamente otros 35 han firmado documentos de asentamiento para permanecer en PNG, aunque apenas cuatro de ellos trabajan y son financieramente independientes. Las autoridades han trasladado temporalmente a alrededor de 70 hombres a un motel en Port Moresby, la capital de PNG, para recibir tratamiento médico; no está claro si serán devueltos a la isla de Manus después del 31 de octubre.

Un equipo de Human Rights Watch visitó la isla de Manus y Port Moresby en septiembre de 2017 y entrevistó a 40 refugiados y solicitantes de asilo (entre ellos solicitantes de asilo cuyas solicitudes fueron rechazadas) de Afganistán, Bangladesh, Birmania, Irán, Pakistán, Sri Lanka y Sudán. El equipo también entrevistó a varios antiguos y actuales proveedores de servicios en la isla y a funcionarios gubernamentales de PNG.

Human Rights Watch descubrió que grupos de jóvenes locales, a menudo ebrios y a veces armados con palos, piedras, navajas o destornilladores, asaltaron y robaron con frecuencia a refugiados y solicitantes de asilo en la isla de Manus. En al menos tres ataques graves desde junio, las víctimas requirieron atención médica de urgencia en Port Moresby o Australia.

Muchos refugiados y solicitantes de asilo ahora se abstienen de abandonar los centros por miedo a su seguridad, o sólo salen por períodos breves y viajan en grupos. Según su testimonio a Human Rights Watch, la policía local y las autoridades de PNG y Australia han hecho pocos esfuerzos para evitar que se cometan delitos o investigar los ataques contra ellos.

Un refugiado rohingya dijo: “Si vas a la jefatura de policía, no hacen una investigación adecuada, así que ya ni nos molestamos en ir a la comisaría. Porque hemos tenido malas experiencias en Manus. Desde que estoy aquí tengo miedo”.

Quienes habitan en el centro principal han tenido acceso a una clínica médica y, con dificultad, a transporte a Port Moresby u ocasionalmente a Australia en caso de problemas médicos graves. Varios refugiados que recientemente sufrieron ataques con navajas acudieron en busca de tratamiento a un hospital local, pero dijeron que el personal del hospital no pudo tratarlos.

Los refugiados y solicitantes de asilo en la isla de Manus no reciben acceso adecuado a servicios de salud mental, y esto sólo empeorará con la retirada de los proveedores de servicios australianos, advirtió Human Rights Watch. Sin un apoyo adecuado, los largos períodos de detención, la incertidumbre y la exposición a la violencia han tenido un impacto devastador en su bienestar psicológico. Expertos médicos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) han dicho que la abrumadora mayoría de solicitantes de asilo y refugiados en PNG y Nauru no padecían problemas de salud mental preexistentes antes de su detención en Manus, aunque un porcentaje considerable habían estado expuestos a distintos tipos de trauma en sus países de origen.

Las autoridades australianas transfirieron a un refugiado con problemas de salud mental a un centro psiquiátrico en Port Moresby, donde alegó que el personal lo golpeó y lo detuvo durante unas tres semanas en condiciones de insalubridad y hacinamiento. Dos refugiados con antecedentes de problemas de salud mental presuntamente se suicidaron en Manus en incidentes separados en 2017.

“Australia envió a Manus a refugiados y solicitantes de asilo que posiblemente habían sufrido traumas en sus países de origen pero que por lo demás estaban sanos”, dijo Pearson. “Cuatro años después, un número significativo está suicidándose y autolesionándose”, añadió.

Un funcionario de PNG familiarizado con la situación en Manus describió el asentamiento de refugiados en PNG como un “fracaso”. La decisión del gobierno de EE.UU. de acoger a 24 refugiados de la isla de Manus bajo un acuerdo de reasentamiento australiano-estadounidense no exonera al gobierno australiano por su renuencia a admitir a cualquiera de estos refugiados en Australia, dijo Human Rights Watch.

Mientras los refugiados y solicitantes de asilo permanezcan en la isla de Manus, Australia y PNG deberían considerar desplegar a la policía federal australiana en un papel asesor con la policía local de Manus para ayudar a prevenir delitos y garantizar que los crímenes cometidos sean investigados con rigor. Australia también debe garantizar que todos tengan acceso a una atención médica y de salud mental adecuada.

Los solicitantes de asilo enviados a Manus fueron inicialmente detenidos en el centro principal. Desde enero de 2015, PNG y las autoridades australianas han transferido a aproximadamente 100 hombres reconocidos como refugiados a un centro de tránsito en la ciudad de Lorengau. Los gobiernos han tratado de convencer a más refugiados para que vayan al centro de tránsito, pero la mayoría se niega bajo el argumento de que no se sienten seguros allí y que no quieren establecerse en PNG.

“El experimento humano de cuatro años del gobierno australiano en la isla de Manus ha sido desastroso para la seguridad y el bienestar de los solicitantes de asilo enviados allí”, dijo Pearson. “Es difícil creer que la situación pueda empeorar, pero la propuesta de cierre del centro principal expondría a los refugiados y solicitantes de asilo a un daño incluso mayor”.