Attacks on Azaz and a neighboring town in northern Aleppo, Syria, hit two hospitals and a school used by displaced Syrians, killing at least 20 civilians, Human Rights Watch said today. Witness statements and evidence of the aftermath indicates that the attacks on February 15, which also wounded 38, were part of the joint Russian-Syrian offensive in the area.
 

(Beirut) – Los ataques en Azaz y otra localidad próxima en el norte de Alepo, Siria, impactaron dos hospitales y una escuela que estaba siendo usada por ciudadanos sirios desplazados, y provocaron la muerte de al menos 20 civiles. Distintas declaraciones de testigos y evidencias obtenidas inmediatamente después de los sucesos indican que los ataques del 15 de febrero, en los cuales también resultaron heridas 38 personas, formaron parte de la ofensiva conjunta desplegada en la zona por Rusia y Siria.

Según las Naciones Unidas, entre el 1 y el 16 de febrero, al menos 70.000 civiles huyeron de la ofensiva lanzada con el objeto de bloquear el acceso entre la ciudad de Alepo y la frontera con Turquía. Las proximidades de Azaz se han convertido en escenario de combates entre múltiples facciones, incluidos actores locales, regionales e internacionales.

“A este ritmo, es poco lo que va a quedar en pie, pues se ha arrasado con escuelas, hospitales y otros establecimientos de los cuales depende la población civil”, observó Nadim Houry, subdirector para Medio Oriente de Human Rights Watch. “Miles de personas que huyen del conflicto se trasladan de un sitio a otro, pero con la frontera turca cerrada, ya no tienen adónde ir. Turquía debería abrir sus fronteras a todos aquellos que necesitan protección”.

Siria y Rusia deberían detener los ataques a escuelas y hospitales y concluir todo tipo de ataques indiscriminados, incluido el uso de municiones en racimo, destacó Human Rights Watch. También deberían poner fin al uso de explosivos que afecten áreas extensas, como los misiles balísticos, en zonas pobladas.

En imágenes satelitales a las cuales tuvo acceso Human Rights Watch se observó una afluencia masiva de personas desplazadas en un campamento ubicado en el lado sirio del paso fronterizo de Bab al-Salama con Turquía entre el 9 de diciembre y el 16 de febrero. Human Rights Watch dialogó con un líder de un campamento, quien refirió que ese centro, ubicado en la frontera, había recibido a más de 2.400 nuevas familias desde el 1 de febrero y no tenía más espacio para acoger a quienes llegarán en un futuro. Turquía debería permitir que los civiles que intentan huir de la región y que actualmente están varados en sus fronteras puedan ingresar y obtener protección.

El 12 de febrero, las Unidades de Protección Popular (YPG) del Kurdistán sirio, con apoyo de la aviación rusa, tomaron la base aérea de Minnigh, al sur de Azaz, hasta entonces en manos de rebeldes, y luego se adentraron en la periferia de Azaz, acompañadas por grupos armados aliados de las Fuerzas Democráticas Sirias. Continuaron en la zona los ataques por los gobiernos ruso y sirio. El 13 de febrero, Turquía comenzó a bombardear posiciones de las YPG cerca de Azaz desde su frontera.

El 15 de febrero, entre las 8:15 y las 8:30 a.m., el acceso al Hospital de Mujeres y Niños en la ciudad de Azaz fue impactado por lo que, según las descripciones de activistas locales, sería un misil balístico. En ese momento, el hospital estaba siendo usado como centro médico. Dos activistas en Azaz dijeron a Human Rights Watch que el hospital se ubicaba frente a un estacionamiento que servía como núcleo de transporte y que la calle que separaba a ambos era muy transitada. Syria Charity, la organización que gestiona el hospital, dijo a Human Rights Watch que 15 miembros del personal resultaron heridos en el ataque, y que cuatro de ellos se encontraban en estado grave.

Un experto en armamento de Human Rights Watch examinó fotografías de un misil que impactó en un terreno próximo y no se detonó, e identificó esta arma como un misil balístico Tochka de serie 9M79 lanzado desde la superficie. El cráter que quedó en el hospital, de aproximadamente 7 metros de diámetro, coincide con el impacto característico de misiles balísticos.

 

Hasta el momento, solamente las fuerzas del gobierno de Siria han utilizado misiles balísticos en el conflicto armado sirio. Siria tiene arsenales de distintos tipos de misiles balísticos, según señala The Military Balance, una prestigiosa publicación del International Institute of Strategic Studies. Esto incluye misiles Scud y variantes de estos, misiles Tochka SS-21 y misiles Luna-M.

Tres activistas locales dijeron a Human Rights Watch que, luego del ataque al hospital, hubo también otros ataques aéreos sobre la ciudad. Mientras que las fuerzas kurdas de las YPG y grupos armados aliados avanzaron sobre la periferia de Azaz, el hospital estaba ubicado en el centro mismo de la ciudad, a cuatro o cinco kilómetros del frente de combate. Cuatro residentes locales dijeron a Human Rights Watch que no había un objetivo militar en las proximidades.

Un activista y un médico, ambos en Azaz, indicaron a Human Rights Watch que el Hospital Nacional de Azaz también fue atacado durante el mismo período. El Hospital Nacional se encontraba próximo al frente de combate y había sido evacuado 10 días antes, aseveró el activista. El médico, que trabaja en el Hospital Azaz Ahly, indicó que es el único de tres hospitales en Azaz que sigue abierto tras los ataques del 15 de febrero.

Además de lugareños, la ciudad de Azaz alberga a casi 12.000 nuevos desplazados procedentes de las proximidades de Alepo. La cantidad de desplazados que viven en Azaz ha aumentado considerablemente en las dos últimas semanas, a medida que las personas que escapan de bombardeos aéreos y combates terrestres en otras zonas de la gobernación de Alepo intentan ser acogidas allí, al no poder cruzar hacia Turquía.

Los ataques deliberados o temerarios contra civiles e infraestructura civil perpetrados con intencionalidad dolosa constituyen crímenes de guerra. El derecho de guerra exige que las partes de un conflicto actúen en todo momento con cautela durante operativos militares para salvaguardar a la población civil y “tomen todas las precauciones posibles” para evitar o reducir al mínimo la posibilidad de pérdida incidental de vidas de civiles y daños a bienes civiles. Cuando se usan en zonas pobladas, los misiles balísticos que llevan grandes cargas de explosivos potentes tienen un efecto destructivo de amplio alcance, y al utilizarlos no es posible distinguir adecuadamente entre civiles y combatientes, lo cual casi inevitablemente redunda en muertes de civiles. Usar estas armas contra Azaz, un área con población civil, constituiría un crimen de guerra. Los hospitales y otros establecimientos médicos son objetivos civiles que están alcanzados por protecciones especiales conforme al derecho de guerra.

También a las 8:30 a.m. del 15 de febrero, en la localidad de Kaljabrin, aproximadamente ocho kilómetros al sudeste de Azaz, una escuela donde se habían alojado personas desplazadas fue atacada presuntamente por fuerzas del gobierno sirio. Mazen Ibrahim, director de la Fundación Resala, quien se encuentra actualmente desplazado y se estaba alojando en la escuela, dijo a Human Rights Watch que el día anterior llegó a oídos de él y sus familiares que Kaljabrin sería atacada inminentemente. La mayoría de los desplazados se fueron la noche previa; sin embargo, por temor a ser alcanzados por bombardeos al trasladarse, un grupo de personas, incluida la familia de Ibrahim, tomó la decisión de retirarse esa mañana. Mientras se encontraba en la calle esperando una furgoneta que los transportaría fuera de allí, se produjo el impacto en la escuela. Dijo que 15 de sus familiares, de entre un mes y 60 años de edad, murieron o resultaron heridos en el ataque.

Human Rights Watch examinó grabaciones de las víctimas tomadas tras el ataque, así como fotografías donde se veían restos de un misil balístico hallados en terrenos próximos a Kaljabrin ese día. Un experto en armamento de Human Rights Watch identificó que se trataba de un misil Tochka 9M79M, con un alcance de 180 kilómetros.

Human Rights Watch no pudo establecer el tipo de ojiva que llevaba el misil, ni si impactó en la escuela. Las descripciones del ataque ofrecidas por lugareños coinciden con las características de un ataque con municiones en racimo. Los misiles Tochka pueden llevar una ojiva 9N24 con 50 submuniciones explosivas.

Dos personas que estuvieron presentes durante el ataque manifestaron que escucharon múltiples explosiones de menor magnitud, lo que indica que es posible que el misil haya contenido una ojiva con municiones en racimo. Ibrahim dijo haber escuchado “ruido de municiones por todos lados” y “muchas” explosiones. Señaló al respecto: “cuando terminó, había personas muertas”. Human Rights Watch consultó grabaciones de video donde se ve a personas muertas y heridas en el ataque, y los patrones de daños y heridas coinciden con las lesiones por esquirlas provocadas por la explosión de sumbuniciones.

El médico Mohammed al-Laqhini, director del Hospital Azaz Ahly, que atendió a personas heridas en ambos incidentes, dijo a Human Rights Watch que entre los heridos había un guardia de seguridad y un conductor de ambulancia del Hospital de Mujeres y Niños, y que había mujeres y niños entre las víctimas. Una lista confeccionada por activistas locales registró 20 muertos y 38 heridos en los ataques ocurridos en Azaz y Kaljabrin ese día. Un representante de la Asociación de Médicos Independientes (Independent Doctors Association), que administra un hospital de campaña en el lado sirio de la frontera entre Siria y Turquía, dijo a Human Rights Watch que el hospital recibió a 49 heridos el 15 de febrero, luego de que se produjeran ataques en Azaz, Kaljabrin y Tel Refaat, otra localidad cercana.

“Los sirios que huyen de bombardeos en el enclave de Azaz ni siquiera están seguros en los sitios donde han intentado resguardarse, pero hay muy pocos lugares donde pueden ir”, observó Houry. “En apenas un día, este pequeño territorio sufrió ataques en dos hospitales y una escuela que albergaba a desplazados, con un saldo de decenas de heridos o muertos”.

Siete establecimientos médicos y dos escuelas fueron golpeados por ataques en Siria el 15 de febrero, y en estos hechos murieron casi 50 civiles, según indican organizaciones internacionales que trabajan en el país. En Maaret al-Nu`man, en la gobernación siria de Idlib, también fue atacado un hospital mantenido por Médecins Sans Frontières (MSF), conforme indicó la organización. Un representante de la organización comunicó a Reuters que creía que las fuerzas gubernamentales rusas o sirias eran responsables. MSF confirmó que al menos 11 personas murieron luego de que el hospital fuera alcanzado por cuatro misiles que cayeron con una diferencia de pocos minutos. Ayman al-Yasouf, un farmacéutico que acudió rápidamente al lugar, contó a Human Rights Watch que el ataque sucedió cerca de las 9:10 a.m. “[El hospital] tenía tres pisos y ahora todo el edificio se encuentra derrumbado y totalmente destruido”, indicó. Añadió que el Hospital Nacional próximo, adonde fueron llevados los heridos en el ataque al establecimiento de MSF, fue impactado varias veces esa misma mañana, a partir de las 11:15 a.m.

A fines de enero de 2016, fuerzas del gobierno sirio, con apoyo de ataques aéreos rusos, iniciaron una ofensiva en el norte de Siria para romper el asedio impuesto por grupos armados de oposición en las localidades de Nubbul y Zahraa y para aislar a la ciudad de Alepo de Turquía. La política de cierre de fronteras con Siria aplicada desde hace un año por Turquía solamente permite que crucen el paso fronterizo de Öncüpınar/Bab al-Salama personas gravemente heridas. Los demás han huido a Azaz y Afrin, o a ocho campamentos de desplazados internos ubicados al este de Azaz y a lo largo de la frontera. Los trabajadores de asistencia en el lugar indican que los campamentos acogían a 40.000 desplazados sirios antes de la última crisis y que ahora han visto superada su capacidad.

Selección de testimonios de testigos:

“No puedo describir [la escena], las personas estaban atemorizadas, azoradas, aterradas… y me preguntaban insistentemente ‘Doctor, ¿qué deberíamos hacer, adónde deberíamos ir, cómo podemos evacuar la zona?’ … Una persona se desmayó. [Muchos] lloraban… Tuvimos que evacuar a seis niños pequeños, nueve menores y nueve mujeres, todos ellos pacientes. Algunos pacientes fueron trasladados a otros hospitales, y otros tuvieron que ir a viviendas, no hay adónde ir. Cinco mil personas se atienden con nosotros cada mes y ahora hemos tenido que cerrar”.
– Dr. Zakariya Mubara, director del Hospital de Mujeres y Niños

“El primer ataque se produjo a las 9:10 a.m. y la Defensa Civil Siria acudió rápidamente para intentar salvar vidas. El hospital era nuevo, funcionaba desde hacía aproximadamente cuatro meses... tenía tres pisos y ahora todo el edificio se encuentra derrumbado y totalmente destruido. A las 9:30 a.m., cuando Defensa Civil estaba intentando rescatar personas, el hospital fue atacado por segunda vez. Hubo 30 heridos en los ataques, y fueron llevados al Hospital Nacional, a cuatro kilómetros de allí, el cual a su vez también fue impactado a las 11:15 a.m. y luego dos veces más a las 11:45 a.m. y a las 12:15 a.m.”.
– Ayman al-Youssef, farmacéutico y titular de la Federación de Organizaciones de Atención Médica y Socorro, quien estuvo presente poco después del ataque en el hospital de MSF