Remnants of the turbofan engine of a US Tomahawk cruise missile reportedly found at the scene of strikes on Kafr Dryan village. Video shot on September 23.

Source: YouTube

(Nueva York) – Presuntos ataques estadounidenses efectuados con misiles en Idlib, Siria y en los cuales murieron al menos siete civiles, deberían ser investigados para identificar posibles violaciones del derecho de guerra. El 25 de septiembre de 2014, en declaraciones a la prensa, el vocero del Pentágono John Kirby señaló que Estados Unidos estaba analizando datos sobre muertes de civiles ocurridas en Siria como resultado de sus ataques, pero que el Ejército estadounidense no tenía “información creíble de fuentes operativas” sobre este tipo de víctimas fatales. 

Tres residentes locales dijeron a Human Rights Watch que al menos dos hombres, dos mujeres y cinco niños murieron a causa de ataques con misiles durante las primeras horas del 23 de septiembre, en la localidad de Kafr Deryan, en el norte de Idlib. Existen datos no confirmados de que los dos hombres podrían haber sido miembros del grupo armado islamista radical Jabhat al-Nusra. Imágenes de video confirman las versiones de los testigos, que indican que los civiles murieron al ser alcanzados por misiles de crucero Tomahawk, que integran el arsenal estadounidense.

“Estados Unidos y sus aliados en Siria deberían adoptar todas las medidas de precaución viables para evitar que sufran civiles”, expresó Nadim Houry, subdirector para Medio Oriente de Human Rights Watch. “El gobierno estadounidense debería investigar posibles ataques ilegítimos en los cuales hayan muerto civiles, informar abiertamente sobre ellos y comprometerse a adoptar las medidas de reparación pertinentes en caso de que se confirme que se actuó de manera indebida”.

Los residentes, que dialogaron por Skype con Human Rights Watch, dijeron que cerca de las 3:30 a.m., varios misiles impactaron en un predio de las milicias Jabhat al-Nusra, incluido un depósito de armas, ubicado aproximadamente a un kilómetro de la aldea. Dos de los residentes indicaron que poco después otros misiles alcanzaron dos viviendas en Kafr Deryan, y que en ese hecho murieron al menos cinco niños, dos mujeres y dos hombres, e identificaron a cada uno de ellos por su nombre. Mientras dos de los residentes afirmaron que los hombres eran civiles, el tercero dijo que eran miembros de Jabhat al-Nusra.

Human Rights Watch no pudo confirmar de manera independiente la identidad de los hombres, ni si eran combatientes susceptibles de ser atacados. La presunta muerte de al menos siete civiles en ataques en los cuales probablemente no haya habido objetivos militares legítimos en las inmediaciones alerta sobre la posibilidad de que no se haya tratado de ataques lícitos conforme al derecho de guerra, que deberían ser investigados.

Los tres residentes dijeron a Human Rights Watch que había fuerzas de Jabhat al-Nusra aproximadamente a un kilómetro de la aldea, en el predio alcanzado por los primeros ataques con misiles, pero que no había edificios, puestos de control ni vehículos de Jabhat al-Nusra en las proximidades del lugar donde se produjo el ataque en la aldea. The Washington Post informó el 24 de septiembre que, según indicaron combatientes de grupos rebeldes, “los ataques aéreos ocurridos esta semana en Kafr Deryan, una aldea en el noroeste de la provincia siria de Idlib, provocaron la muerte de al menos 50 combatientes en una base de Jabhat al-Nusra, un grupo rebelde que tiene vínculos con Al-Qaeda y al cual pertenecen”. El Centro de Documentación de Abusos (Violations Documentation Center, VDC), una organización local que monitorea la situación, indicó además que había identificado a 11 combatientes que murieron en Kafr Deryan el 23 de septiembre. El VDC no indicó el nombre ni la ubicación o las circunstancias exactas de su muerte.

Los tres residentes locales proporcionaron a Human Rights Watch los nombres de las nueve personas que murieron durante el ataque en las dos viviendas. En uno de ellos, murieron cuatro residentes de Kafr Deryan: Ramzia y su hijo Mahmoud Juma Moaz, además de otros dos niños, Zainab Muhanna Barakat y Safa Muhanna Barakat. En el otro perdieron la vida Reem al-Haji y sus hijos Mohamad y Basmla Jahjaj, además de su esposo Abdel Hamid Mohamad Jahjaj, y otro hombre, Safwan Yahya Iskaff.

Imágenes de video publicadas el 23 de septiembre en YouTube por un activista local que habló con Human Rights Watch muestran a algunos de los civiles que resultaron heridos durante la incursión e imágenes tomadas poco después de los ataques. Otro video difundido por Shaam News Network mostró a tres menores, de los cuales dos parecen estar muertos y otro haber sido herido en los ataques misilísticos. Otro video, publicado en YouTube por el activista que habló con Human Rights Watch, muestra a dos niños que son llevados raudamente para recibir atención médica luego del ataque, y en otro se ve a una víctima adulta cuando es sacada de los escombros. Uno de los residentes locales que habló con Human Rights Watch identificó a esta persona como Ramzia Mahmoud Jum`a Moaz.

El activista que estuvo en contacto con Human Rights Watch dijo que otros seis civiles —tres menores y tres mujeres— también murieron en los ataques ocurridos en las aldeas, pero Human Rights Watch no pudo confirmar estos datos. Indicó que también resultaron heridas cerca de otras 15 personas, incluidas mujeres y niños.

El Departamento de Defensa de EE. UU. publicó el 23 de septiembre una declaración en su página de Facebook, en la cual confirma que el Comando Central estadounidense efectuó ocho ataques contra el grupo Khorasan, asociado con Al-Qaeda, al oeste de Alepo, presuntamente con el objeto de “desarticular la conspiración de un ataque inminente contra intereses estadounidenses y occidentales” en esa misma fecha. El Departamento de Defensa de EE. UU. no identificó la zona alcanzada por el ataque ni aportó detalles sobre ofensivas en Kafr Deryan, pero la localidad se encuentra al oeste de Alepo.

La Red Siria para los Derechos Humanos (Syrian Network for Human Rights, SNHR) comunicó que los ataques con misiles en Kafr Deryan alcanzaron la sede de Jabhat al-Nusra, incluido un arsenal. Sin embargo, según SNHR, otras explosiones secundarias provocadas por los ataques estadounidenses en el arsenal causaron el derrumbe de una residencia ubicada a unos 100 metros de distancia, y la muerte de 21 civiles que estaban allí, incluidas las víctimas civiles nombradas por los testigos con quienes habló Human Rights Watch.

No obstante, los tres residentes dijeron que todos los civiles habían muerto cuando sus viviendas fueron alcanzadas directamente por misiles, y dos de los residentes aseveraron haber visto restos de armas entre las ruinas de las viviendas, lo cual sugería que estas muertes habrían sido causadas de manera directa por los ataques.

El activista local contó a Human Rights Watch que acudió al lugar de los ataques en las dos residencias unos 10 minutos después, y que él y otros activistas recogieron restos de las armas usadas, efectuaron grabaciones de video y publicaron en YouTube algunos de los videos tomados tras las ofensivas. Human Rights Watch examinó las grabaciones aportadas y ha identificado los restos como correspondientes a un motor turbofán de un misil de crucero Tomahawk, un arma que solamente tienen los gobiernos estadounidense y británico. Según el Departamento de Defensa, Estados Unidos utilizó 47 misiles de crucero Tomahawk que fueron lanzados desde los buques USS Arleigh Burke y USS Philippine Sea en los ataques en Siria del 23 de septiembre, que incluyeron ofensivas aéreas. El Ejército británico no efectuó ataques militares en Siria el 23 de septiembre.

Según versiones de testigos, el ataque ocurrido en la aldea provocó víctimas civiles pero no alcanzó ningún objetivo militar, lo cual violaría el derecho de guerra al no discriminar entre combatientes y civiles, o al provocar ilegítimamente una pérdida de civiles que no guardó proporción con la ventaja militar esperada. El gobierno estadounidense debería investigar señalamientos creíbles de violaciones del derecho de guerra, como los ataques en Kafr Deryan, y dar a conocer sus conclusiones, observó Human Rights Watch. En caso de corroborarse irregularidades, Estados Unidos debería asegurar que los responsables rindan cuentas y prever reparaciones adecuadas. Asimismo, Estados Unidos debería tomar todos los recaudos posibles para reducir al mínimo el perjuicio causado a civiles en ataques futuros.

“En muchas regiones de Siria, los civiles aún viven bajo la amenaza constante de ataques aéreos de su propio gobierno”, indicó Houry. “EE. UU. debe adoptar todas las medidas necesarias para proteger a civiles de sus propios ataques”.