Inmigrantes de África del Norte que huyen de los disturbios en Túnez y llegan al sur de Italia, 7 de marzo de 2011.

© 2011 Reuters

En los dos últimos días, han surgido noticias de tres naufragios independientes en el Mediterráneo con la escalofriante estimación de 700 víctimas mortales. Los escasos sobrevivientes del peor incidente contaron a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y a la policía italiana cómo los traficantes de personas embistieron deliberadamente su barco cuando los migrantes se opusieron a ser trasladados a lo que parecía una embarcación aún menos adecuada y segura, un acto particularmente atroz por parte de los traficantes, ya conocidos por sus prácticas sin escrúpulos y a veces mortales.

Sólo queda esperar que las investigaciones que lleven a cabo la OIM y las autoridades italianas resulten en acciones judiciales. Sin embargo, la peligrosa práctica de la migración marítima vía el Mediterráneo no puede verse reducida únicamente a los actos delictivos de los traficantes de personas, y limitar la respuesta a la aplicación de la ley y el control fronterizo solo pondrá más vidas en riesgo.

Son muchos los factores que alimentan la migración marítima: el miedo a la persecución en Eritrea, los bombardeos en Siria y Gaza, la sequía y la anarquía en Somalia, la pobreza y el conflicto en Sudán del Sur, y causas similares en muchos otros lugares. Las mentiras y las amenazas de los traficantes, la descomposición de las sociedades y las disparidades económicas pueden parecer problemas imposibles de abordar de una manera significativa y humana. Sin embargo, he aquí dos formas concretas en que la Unión Europea podría reducir las probabilidades de una nueva tragedia en el mar.

En primer lugar, la UE debería crear vías seguras y legales para que los refugiados y los solicitantes de asilo puedan buscar protección en Europa en lugar de arriesgar sus vidas emprendiendo el peligroso viaje para cruzar el mar. Hasta la fecha, las políticas de la UE se han centrado mayoritariamente en el control de sus fronteras (evitando la entrada de inmigrantes), en lugar de garantizar el acceso a la seguridad para aquellos que la necesitan. En julio, la Comisaria Europea de Interior pidió a los estados miembro que consideraran la concesión de visados humanitarios o consintieran las solicitudes de asilo en terceros países. Ambas ideas merecen ser adoptadas.

En segundo lugar, la UE no debería disminuir sus esfuerzos de rescate en el mar. La operación Mare Nostrum de la marina italiana, lanzada en octubre del año pasado después de dos naufragios mortales, ha llevado a decenas de miles de personas de forma segura a las costas italianas. Los detractores argumentan que la operación ha fomentado la migración marítima, si bien más de la mitad de los que emprendieron el viaje huían de abusos de derechos humanos en Eritrea y de la guerra en Siria. La posibilidad de que Mare Nostrum se vea reemplazada en breve por “Frontex Plus”, una operación mucho más limitada por la agencia de fronteras de la UE, presagia un alza en las muertes en alta mar (que ya ascienden a casi 3.000 en lo que va de año).

Perseguir a los delincuentes directamente responsables de cientos de muertes es importante. Pero cambiar las políticas de la UE para prevenir otras miles es vital.