(Erbil) - El Gobierno Central de Irak y el Gobierno Regional del Kurdistán deben proteger a las minorías asediadas en los territorios disputados de la provincia de Ninawa, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Human Rights Watch documentó ataques de grupos extremistas árabes suníes contra yazidíes, shabak y cristianos asirios, y la intimidación de las fuerzas kurdas contra asociaciones políticas y cívicas de estas minorías que se resisten a los esfuerzos kurdos por incorporar la zona al territorio autónomo contralado por el Gobierno Regional.

El informe de 51 páginas, "On Vulnerable Ground: Violence against Minority Communities in Nineveh Province's Disputed Territories" (En terreno vulnerable: Violencia contra las comunidades minoritarias en los territorios en disputa de la provincia de Ninawa) insta al Gobierno Regional a que reconozca legalmente a los shabak y los yazidíes como grupos étnicos distintos, en lugar de imponerles la identidad kurda, y que garantice que puedan participar en los asuntos públicos sin temor a las represalias. El informe también apela al Gobierno Central en Bagdad para que proteja a las minorías a nivel local, provincial y nacional, e investigue los asesinatos y desplazamientos de cristianos asirios y los atentados mortales contra otras minorías.

"Los cristianos, yazidíes y shabak de Irak han sufrido intensamente desde 2003", señaló Joe Stork, director adjunto para Oriente Medio de Human Rights Watch. "Las autoridades iraquíes, tanto árabes como kurdas, tienen que controlar a las fuerzas de seguridad, los extremistas y los grupos de vigilancia para demostrar que no se puede atacar a las minorías con impunidad", agregó.

La investigación para el informe se realizó en febrero y marzo de 2009, e incluyó una investigación sobre el terreno y entrevistas en el norte de Irak con representantes de las minorías y víctimas, altos funcionarios kurdos y representantes del Consejo Provincial de Ninawa.

Las minorías de Irak se encuentran en una posición cada vez más precaria mientras el Gobierno Central dominado por árabes y el Gobierno Regional del Kurdistán compiten por el control de los territorios en disputa. Estos territorios contienen la mayor diversidad étnica, cultural y religiosa del país. Un frente principal de este conflicto es Ninawa, la segunda provincia más poblada de Irak, que tiene una concentración única de grupos minoritarios con una presencia histórica en la zona. Además de los ataques y las presiones contra los yazidíes, shabak y cristianos que se documentan en este informe, los miembros de la minoría turcomana y los kurdos kakai del norte de Irak también han sido víctimas de ataques.

Las autoridades tanto kurdas como árabes reclaman el control de los territorios disputados de Ninawa y, desde 2003, el Gobierno Regional de Kurdistán ha tenido la posibilidad de cambiar la realidad sobre el terreno mediante su extensa presencia de seguridad y política. Con el fin de consolidar su control, ha ofrecido incentivos financieros y de otro tipo a las minorías para ganarse su apoyo, a la vez que empleaba medidas represivas para mantenerlas a raya. Las fuerzas kurdas han utilizado los arrestos arbitrarios, las detenciones, la intimidación y, en ciertos casos, un bajo nivel de violencia, contra las minorías que han cuestionado el control del Gobierno Regional sobre los territorios en disputa.

"Los kurdos iraquíes merecen ciertamente resarcimiento por los crímenes cometidos contra ellos por los anteriores gobiernos iraquíes, pero el resarcimiento por los errores del pasado no justifica la represión y la intimidación de un grupo étnico para establecer su control exclusivo de la región", señaló Stork. "Estas comunidades minoritarias y los kurdos comparten una historia de opresión en el norte de Irak, que incluye la arabización y el desplazamiento forzado", agregó.

Por su parte, los elementos extremistas de la insurgencia árabe suní consideran a las comunidades minoritarias "cruzados" e "infieles". Algunos han llevado a cabo atentados devastadores en los que han muerto cientos de civiles. Mosul, la capital de la provincia de Ninawa, se ha convertido en un caldo de cultivo de la insurgencia, debido en parte a que la hegemonía del Gobierno Regional en la zona vecina ha alienado a los árabes suníes, que llevaban tiempo acostumbrados a ocupar posiciones de privilegio y poder con gobiernos anteriores.

Los atentados simultáneos con camiones cargados de explosivos en Ninawa en agosto de 2007, cometidos presuntamente por grupos armados de islamistas suníes, se saldaron con más de 300 yazidíes muertos y más de 700 heridos en el ataque más grave contra civiles desde el principio de la guerra. A finales de 2008, una campaña sistemática y orquestada de asesinatos y violencia premeditada acabó con la vida de 40 asirios caldeos y provocó el desplazamiento de más de 12.000 personas de sus hogares en Mosul. Los representantes de varias comunidades se han cruzado acusaciones de responsabilidad por los ataques contra los cristianos.

Los grupos insurgentes han reiniciado los atentados con bomba en los meses posteriores al 30 de junio de 2009, fecha de la retirada de las tropas estadounidenses de las ciudades a sus bases. Entre julio y septiembre, los ataques contra grupos minoritarios en cinco lugares de Ninawa mataron a más de 157 personas e hirieron a unos 500 miembros de las comunidades yazidí, shabak, turcomana y kakai.