(Dubai, 14 de noviembre de 2007)- Trabajadoras domésticas de Sri Lanka sufren serios abusos, incluyendo violencia, hostigamiento y explotación cuando emigran para trabajar en el Medio Oriente, informó Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Human Rights Watch dijo que los gobiernos de Sri Lanka, Kuwait, Líbano, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) deben hacer más para proteger a las mujeres de la explotación laboral y la violencia cuando emigran al Medio Oriente.

El reporte de 131 páginas denominado “Exportadas y Expuestas: Abusos en contra de trabajadoras domésticas de Sri Lanka en Arabia Saudita, Kuwait, Líbano y los Emiratos Árabes Unidos”, documenta los serios abusos que las trabajadoras domésticas sufren en cada momento del proceso migratorio. El documento también demuestra cómo el gobierno de Sri Lanka falla en proteger a estas mujeres en el Medio Oriente. El reporte está basado en 170 entrevistas con trabajadoras domésticas, oficiales de gobierno y reclutadores laborales de Sri Lanka y el Medio Oriente.

“Los gobiernos en el Medio Oriente exponen a las trabajadoras domésticas al abuso al rehusarse a garantizar un día de descanso semanal, limitar las horas de jornada laboral, la libertad de movimiento y otros derechos que la mayoría de los trabajadores dan por hecho”, dijo Jennifer Turner, investigadora de la división de Derechos de la Mujer de Human Rights Watch. “Por su parte, el gobierno de Sri Lanka se beneficia con el dinero que estas mujeres envían a sus casas, pero hace muy poco por protegerlas de jefes o agentes laborales explotadores”.

Más de 660.000 mujeres cingalesas trabajan en el extranjero como empleadas domésticas, casi el 90 por ciento en Kuwait, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y el Líbano. Human Rights Watch encontró que agentes laborales en Sri Lanka cobran cuotas excesivas que dejan a las migrantes altamente endeudadas y frecuentemente mal informan sobre sus empleos. Una vez en el extranjero, las trabajadoras domésticas trabajan comúnmente de 16 a 21 horas al día, sin descanso o días libres por salarios muy bajos de 15 ó 30 centavos de dólar estadounidense por hora. Algunas trabajadoras domésticas describieron a Human Rights Watch la manera en que fueron sometidas a encierro, privadas de alimento, abuso físico y verbal, trabajo forzado, acoso y violación sexual por parte de sus empleadores.

Human Rights Watch encontró que los empleadores comúnmente quitan a las trabajadoras su pasaporte, las confinan al lugar de trabajo y en muchas ocasiones restringen su acceso a la comunicación, incluso a su embajada. Algunos empleadores incluso les retienen sus salarios por meses e incluso años a la vez. En peores casos, la combinación de estas prácticas atrapan a las empleadas domésticas cingalesas en el trabajo forzado.

Por ejemplo, un gran número de empleadores en el Líbano se rehusaron a permitir a las trabajadores domésticas regresar a sus casas durante la guerra de julio de 2006. Human Rights Watch entrevistó a varias trabajadores domésticas cuyos empleadores se negaron a regresarles sus pasaportes y a pagar salarios retenidos que necesitaban para regresar a Sri Lanka.

Las leyes laborales del Líbano, como las leyes de Arabia Saudita, Kuwait y los EAU, excluyen categóricamente a trabajadoras domesticas migrantes de derechos básicos, tales como un día de descanso semanal, límites en las horas de jornada laboral, días festivos pagados y beneficios de compensación del trabajador. Las leyes de patrocinio migratorio restringen la habilidad de las trabajadoras domésticas para cambiar de empleador, incluso en los casos de maltrato.

El reporte informa que la política de Arabia Saudita de requerir que los empleadores aprueben visas de salida para las trabajadoras domésticas antes de que abandonen el país las atrapa efectivamente e incrementa significativamente el riesgo de abuso y trabajo forzado. Arabia Saudita propuso un apéndice al código laboral dos años atrás, pero aún no ha sido publicado y el gobierno no ha extendido protecciones laborales iguales a las trabajadoras domésticas.

EAU introdujo un contrato estándar para trabajadores domésticos el 1º de abril de 2007, y ha propuesto una nueva ley para empleados domésticos. Kuwait también cuenta con un contrato estándar para trabajadores domésticos. Pero el reporte informa que dichos contratos otorgan a los trabajadores domésticos protecciones débiles y separadas a las presentadas en el código principal de leyes laborales.

“Los países en el Medio Oriente necesitan hacer mucho más para terminar con el abuso de las trabajadores domésticas”, dijo Turner. “Los gobiernos del Líbano, Arabia Saudita, Kuwait y los EAU deben extender las leyes laborales a los trabajadores domésticos, asegurar que sus quejas puedan ser escuchadas y reformar las leyes de inmigración para que los trabajadores no queden atados a sus empleadores”.

Sir Lanka extiende menos protecciones a los ciudadanos que viajan al extranjero para trabajar que otros países asiáticos en la misma situación como las Filipinas. El gobierno falla en monitorear adecuadamente y regular prácticas abusivas por parte de agentes y subagentes reclutadores en Sri Lanka. Sus oficiales consulares frecuentemente proveen poca o nula asistencia a las trabajadoras domésticas que se les acercan con casos de maltrato o salarios no pagados. Trabajadoras domésticas que regresan a Sri Lanka enfrentan obstáculos para presentar quejas y reciben escasos servicios en los albergues administrados por el gobierno, localizados cerca del aeropuerto internacional, para trabajadoras domesticas recién llegadas.

Human Rights Watch también exhorta al gobierno de Sri Lanka a mejorar la regulación y monitorear a los agentes de reclutamiento, así como los servicios para trabajadoras domésticas maltratadas en los consulados en el exterior.