Brasil es una de las democracias con mayor injerencia en temas regionales y mundiales, y en los últimos años se ha posicionado como un actor cada vez más importante en los debates sobre las respuestas internacionales a problemas de derechos humanos. A nivel interno, el país continúa enfrentando serios desafíos en materia de derechos humanos, incluido el uso de tortura y maltratos, ejecuciones ilegales por policías, sobrepoblación carcelaria e impunidad por abusos cometidos durante el régimen militar (1964-1985). Las violentas pandillas delictivas y las prácticas policiales abusivas son dos graves problemas en numerosas ciudades de Brasil. En los últimos años, los gobiernos de los estados de San Pablo y Río de Janeiro han implementado medidas destinadas a mejorar el desempeño policial y prevenir abusos, si bien todavía es común que la Policía no informe debidamente estos hechos o participe en otras formas de encubrimiento.

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