Publicación de Campaign to Stop Killer Robots sobre posibles contenidos del tratado.

© 2019 Human Rights Watch

 

Grandes potencias militares están avanzando con rapidez para adoptar armas que seleccionan objetivos y disparan sobre ellos sin la intervención de un control humano propio. Esto amplía el espectro de sistemas de armas inmorales, que no contemplan ninguna rendición de cuentas y que son, en gran medida, imposibles de controlar: los robots de combate. También acentúa el temor por la proliferación masiva de este tipo de armas y una carrera armamentista que podría causar inestabilidad a nivel global y regional.

Existe un reconocimiento cada vez más amplio de que ha llegado el momento de emitir una señal de alerta acerca de estos sistemas de armamento. Este mes, en París, el secretario general de las Naciones Unidas Antonio Guterres instó a adoptar un nuevo tratado internacional que prohíba los robots de combate, y señaló que “las máquinas que tienen la facultad y la discrecionalidad de matar sin intervención humana son políticamente inaceptables y moralmente repudiables”.

No obstante, en la reunión de la Convención sobre el Convenio sobre Ciertas Armas Convencionales (Convention on Conventional Weapons, CCW) que tuvo lugar la semana pasada en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, los Estados no concretaron avances para iniciar negociaciones para un tratado que prohíba o restrinja esas armas totalmente autónomas. En cambio, acordaron dedicar los próximos dos años a desarrollar un “marco normativo y operativo” para abordar los aspectos preocupantes asociados con estos sistemas de armamento.

Este objetivo impreciso está lejos de ofrecer una respuesta. Decenas de países desean negociar un tratado para mantener el control humano sobre el uso de la fuerza, incluidos 30 Estados que han manifestado su interés en firmar un tratado que prohíba los robots de combate. No obstante, algunas potencias militares, entre las cuales se destacan Rusia y Estados Unidos, bloquean todo movimiento orientado a crear un instrumento jurídicamente vinculante.

Las cuestiones geopolíticas pudieron apreciarse claramente en la reunión del CCW. Estados Unidos prácticamente no se expidió. Rusia tuvo un papel preponderante en las conversaciones e intentó excluir a la sociedad civil de las sesiones más importantes. China se posiciona en ambos extremos de la cuestión. Si bien este país reiteró su intención de negociar un tratado relativo al sistema de armamento, también se encuentra entre las naciones que más han avanzado en el desarrollo de esas armas.

La próxima reunión del CCW que tratará la cuestión de los robots de combate tendrá lugar dentro de seis meses. Mientras tanto, hay otras iniciativas en marcha para generar apoyo a un tratado que prohíba los robots de combate. Brasil llevará a cabo un simposio sobre robots de combate en Río de Janeiro el próximo mes de febrero; y el grupo de incidencia Campaign to Stop Killer Robots se reunirá en Buenos Aires a fines de ese mes.

En menos de una década, los robots de combate se han convertido en una de las amenazas más apremiantes para la humanidad. En la actualidad, se observa un fuerte apoyo público a que se reglamenten estas armas. La única respuesta adecuada a esta problemática es iniciar las negociaciones para la prohibición de los robots de combate.