(Estocolmo) – El fenómeno biológico de la menstruación no debería ser un obstáculo para la igualdad de género ni frustrar la posibilidad de que las mujeres y las niñas ejerzan sus derechos humanos, señalaron hoy Human Rights Watch y WASH United. Las organizaciones presentaron una guía destinada a organizaciones de asistencia y de desarrollo y otros actores que trabajan con mujeres y niñas, para asegurar que en sus programas aborden la dimensión de derechos humanos de la higiene menstrual.

Mujeres en la India durante un entrenamiento de higiene como parte de WASH Yatra. Himanshu Khagta, WASH United, 2012

Aunque la mayoría de las mujeres y niñas tendrán un ciclo menstrual todos los meses desde la primera menstruación  y la menopausia, esta función fisiológica normal sigue estando rodeada de silencio, tabúes y estigma. Mujeres y niñas en todo el mundo enfrentan numerosos obstáculos con respecto a su menstruación, que debería ser claramente una cuestión de privacidad y salud. Los apósitos y otros insumos a veces no están disponibles o no son asequibles, no siempre hay acceso a baños seguros con agua limpia donde puedan asearse con privacidad, y hay normas o prácticas culturales discriminatorias que dificultan mantener una adecuada higiene menstrual. Sumados, estos obstáculos podrían redundar en que a las mujeres y niñas se les nieguen derechos humanos fundamentales.

“Las personas que definen políticas y administran programas —e incluso los defensores de derechos humanos— a menudo no entienden plenamente el impacto que el ciclo mensual de una mujer puede tener en su posibilidad de llevar adelante su vida normal, si no cuenta con lo necesario para manejarlo”, destacó Amanda Klasing, investigadora sénior de derechos de la mujer de Human Rights Watch. “Al terminar con el silencio en torno a la menstruación, las mujeres pueden identificar los obstáculos que enfrentan al manejarla”.

La guía para profesionales explica cómo la posibilidad de las mujeres y niñas de manejar su menstruación de manera higiénica, y con normalidad y dignidad, les permite gozar de algunos derechos humanos. Por ejemplo, aborda los derechos a la educación, la salud y el agua y el saneamiento, y cómo estos se relacionan con el manejo de la higiene menstrual. 

Durante años, las organizaciones de derechos humanos han documentado cómo los periodos, y el apoyo deficiente al manejo de la menstruación en las políticas y los programas, tienen un impacto negativo en los derechos humanos de mujeres y niñas. Las decisiones sobre la administración de campamentos de refugiados, centros de detención, escuelas y lugares de trabajo que afectan el modo en que se manejan los periodos tienen un impacto directo en los derechos humanos. En los casos en que tuvieron muy poco apoyo para el manejo de sus periodos, las mujeres y niñas han informado haberse quedado en sus casas en vez de ir a la escuela, haber sido expulsadas por sus familias y haber recibido un trato humillante en sus comunidades. Es posible que las personas que trabajan en organizaciones de asistencia y desarrollo adviertan este maltrato, pero no tengan herramientas efectivas para abordarlo. La nueva guía para profesionales los ayudará a emplear un marco de derechos humanos que arroje luz sobre estos problemas, a fin de resolverlos.

“Es muy sencillo: las mujeres y las niñas tienen derechos humanos y también tienen periodos. Uno no debería excluir al otro”, destacó Hannah Neumeyer, responsable de Derechos Humanos de WASH United, una organización que trabaja para poner fin a la crisis mundial de saneamiento e higiene. “Los derechos humanos se ven menoscabados cuando las mujeres y niñas no pueden manejar su menstruación con dignidad, y a la vez los derechos deberían ser un eje central de cualquier solución que se adopte”.

Human Rights Watch y WASH United recomiendan que las organizaciones que brindan servicios a mujeres evalúen sus programas para determinar si una mujer o niña cuenta con lo siguiente:

 

·      Materiales para el manejo menstrual adecuados, aceptables y asequibles;

  • Acceso a instalaciones, saneamiento, infraestructura e insumos adecuados que permitan a las mujeres y niñas cambiar y desechar los materiales menstruales; y
  • Conocimiento del proceso de menstruación y de las opciones disponibles para el manejo de la higiene menstrual.

 

Los profesionales que participan en programas o en campañas vinculadas con el manejo menstrual deberían además:

 

  • Tener presente el estigma y las prácticas perniciosas vinculadas con la menstruación en el contexto cultural específico en el cual están trabajando;
  • Apoyar iniciativas para modificar normas y prácticas culturales perniciosas que estigmatizan la menstruación y a las mujeres y niñas que menstrúan;
  • Abordar la discriminación que afecta la posibilidad de lidiar con la menstruación, también en los casos de las mujeres y niñas con discapacidad, LBTI y personas de género no conforme, así como otras poblaciones en riesgo; y
  • Tener presente e incorporar los principios de derechos humanos en sus programas y acciones de incidencia, incluido el derecho a participar en la toma de decisiones y a obtener información.

“Los profesionales están en la primera línea de las acciones para combatir el estigma y la discriminación asociados con los periodos”, señaló Klasing. “Esta guía los ayudará a adecuar sus servicios y programas de modo de ayudar a las mujeres y niñas a manejar su menstruación a través del goce efectivo de sus derechos”.