Imagen de unas instalación al noreste de Kabul que se cree fueron o bien la "prisión oscura" o el "Pozo de Sal", donde se cree que Najjar y El-Gherissi estuvieron confinados, al lugar también se le menciona como "Cobalto" en el Resumen del Senado.

© 2016, foto # 151 de la publicidad negativa: Artefactos de entregas extraordinarias de Crofton Negro y Edmund Clark
(Nueva York) – Dos tunecinos que permanecieron bajo custodia secreta de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés) han descrito métodos de tortura que hasta ahora no habían sido reportados y que aportan nuevos datos sobre los comienzos del programa de la CIA, dijo hoy Human Rights Watch. Los dos ex detenidos, Ridha al-Najjar, de 51 años, y Lotfi al-Arabi El Gherissi, de 52 años, describieron  independientemente haber sido severamente golpeados con porras, amenazados con usar una silla eléctrica, sometidos a diversas formas de tortura con agua y encadenados de los brazos a los techos de sus celdas durante prolongados períodos de tiempo.

EE.UU. repatrió a los hombres a Túnez el 15 de junio de 2015, después de 13 años bajo custodia sin cargos ni juicio. Ninguno de los dos recibió ningún tipo de reparación o apoyo tras su detención ilegal y las torturas que sufrieron, ni ninguna clase de asistencia para hacer frente al daño físico y mental incurrido. Actualmente son indigentes, están incapacitados para trabajar y experimentan las consecuencias del grave trauma físico y emocional que, según ellos, es una consecuencia directa del tratamiento que recibieron estando bajo custodia de EE.UU.

“Estos terribles testimonios sobre métodos de tortura de la CIA que hasta ahora no habían sido reportados muestran lo poco que el público sabe todavía acerca del programa de tortura de Estados Unidos”, dijo Laura Pitter, asesora sénior en seguridad nacional de EE.UU. de Human Rights Watch. “La liberación de estos dos hombres por parte de EE.UU. sin que se les proporcionara ningún tipo de asistencia o reparación por la tortura y el sufrimiento que sufrieron también pone en evidencia todo lo que el país aún tiene que hacer para superar el programa de tortura de la CIA”.

[[nid:294716 field_ne_alignment=center]]

Human Rights Watch entrevistó por última vez a al-Najjar y a El Gherissi en agosto de 2016. Ambos se encontraban entre los 119 hombres que EE.UU. admitió haber mantenido en detención secreta por la CIA cuando la Comisión de Inteligencia del Senado difundió, en diciembre de 2014, un demoledor resumen de 499 páginas (Resumen del Senado) de un informe todavía confidencial de 6.700 páginas sobre el programa de detención e interrogatorios de la CIA. El Resumen del Senado contiene una descripción inadecuada del tratamiento que recibieron estos dos hombres mientras permanecieron bajo custodia de la CIA, dijo Human Rights Watch.

Los relatos de primera mano de al-Najjar y El Gherissi arrojan luz sobre los malos tratos impartidos por la CIA durante los comienzos de su programa, antes de que falleciera bajo su custodia el afgano Gul Rahman el 20 de noviembre de 2002. En respuesta a la muerte de Rahman y otros abusos, la CIA emitió sus primeras directrices formales para los proceso de interrogación  a detenidos, aunque éstos continuaron siendo tratados con brutalidad.

Las fuerzas estadounidenses y paquistaníes detuvieron a al-Najjar el 22 de mayo de 2002, en la ciudad portuaria sureña de Karachi, y a El Gherissi el 24 de septiembre de 2002, en la ciudad norteña de Peshawar, cerca de la frontera con Afganistán. En el Resumen del Senado figura que la CIA identificó a al-Najjar como un guardaespaldas de Osama bin Laden. El Gherissi dijo que sus interrogadores constantemente lo acusaron de ser un miembro de Al Qaeda y de tener conexiones con el terrorismo. Sin embargo, EE.UU. no ha proporcionado públicamente ningún tipo de información que corrobore estas acusaciones, que tanto al-Najjar como El Gherissi niegan y que dijeron haber negado repetidamente a sus interrogadores.

A continuación, la CIA los tomó en custodia y los mantuvo detenidos en varias localidades de Afganistán. El lugar en el que según ambos sufrieron la mayoría de los abusos aparece nombrado en el Resumen del Senado como “Cobalto”, aunque al-Najjar y El Gherissi lo llamaban la “Prisión Oscura”, al igual que otros ex prisioneros detenidos en la misma instalación. Las autoridades estadounidenses finalmente transfirieron a ambos prisioneros a la custodia militar de EE.UU. en la base aérea de Bagram, en Afganistán.

Hasta ahora ni al-Najjar ni El Gherissi habían relatado públicamente su calvario. Las restricciones de EE.UU. sobre las comunicaciones en Bagram impidieron de manera efectiva que se comunicaran con el mundo exterior mientras se encontraban bajo custodia militar. EE.UU. transfirió la custodia de al-Najjar y El Gherissi a Afganistán el 9 de diciembre de 2014, y los repatrió a Túnez seis meses después, el 15 de junio de 2015. Las autoridades tunecinas los detuvieron brevemente, pero los pusieron en libertad a fines de ese mes.

Mientras los hombres se encontraban en Bagram, Tina Foster, directora ejecutiva de International Justice Network, trató de que una corte federal revisase la legalidad de su detención. Sin embargo, los tribunales negaron su petición de habeas corpus, dándole la razón al Departamento de Justicia de EE.UU., que argumentó que Bagram estaba fuera de la jurisdicción de los tribunales de EE.UU. Foster recurrió al Tribunal Supremo de EE.UU., pero la apelación fue rechazada como irrelevante después de que los dos hombres fueran puestos en libertad. Foster dijo que durante todo el tiempo que representó a los dos detenidos, el gobierno de EE.UU. nunca le permitió hablar con ellos.

Human Rights Watch los entrevistó individualmente, en lugares separados, mediante un intérprete de árabe. Aunque los dos hablaron en ocasiones mientras estuvieron bajo custodia estadounidense, dijeron que no se conocían de antes de ser detenidos, que no habían hablado en detalle acerca de los malos tratos que sufrieron y que no habían mantenido ningún tipo de contacto desde que fueron puestos en libertad en Túnez.

Al-Najjar y El Gherissi describieron varios métodos de tortura empleados por la CIA, algunos de los cuales nunca habían sido reportados previamente:

  • Al-Najjar describió distintas formas de tortura con agua, incluyendo la simulación de asfixia (waterboarding) o el ahogamiento mientras estaba atado a un tablero, “hasta que ya no podía respirar”. El Gherissi dijo que metieron su cabeza varias veces a la fuerza en un cubo de agua para hacerle “hablar”.
  • Ambos dijeron que los interrogadores estadounidenses les mostraron lo que decían que era una silla eléctrica – una silla metálica con enchufes conectados a cables para los dedos y un casco con cables – y les amenazaron con usarla con ellos. Sus descripciones daban la impresión de que era una silla improvisada sujeta a una tubería de la pared.
  • Ambos dijeron que fueron encadenados a una barra en el techo de sus celdas durante repetidos periodos de 24 horas con sólo breves descansos para interrogarles o someterles a otros tipos de tortura. Describieron que en esa posición tenían que intentar mantenerse de pie porque cuando no podían, quedaban suspendidos de las muñecas. Ellos llamaban esta técnica “colgar” y dijeron que hacía que dormir fuese casi imposible. A veces, llegaban con los pies al suelo,  pero otras veces sólo llegaban de puntillas. Al-Najjar dijo que a veces sus pies no llegaban a tocar en absoluto el suelo. Al-Najjar dijo que este periodo en el que le colgaban duró aproximadamente tres meses; en el caso de El Gherissi fue un mes.
  • Ambos dijeron que los interrogadores estadounidenses les golpearon en todo el cuerpo con porras, durante y después de los periodos que pasaron “colgados”, y que les dieron puñetazos y patadas en repetidas ocasiones. Al-Najjar dijo que esas palizas le causaron fracturas, lo cual fue corroborado por un análisis médico independiente de sus radiografías.

En 2009, el presidente de EE.UU. Barack Obama emitió una orden ejecutiva para acabar con el programa de detención e interrogación de la CIA y reiterar la adhesión de EE.UU. a la ley federal e internacional que prohíbe la tortura. Sin embargo, a pesar de numerosas evidencias de actividad criminal, EE.UU. todavía no ha llevado a cabo una investigación penal creíble sobre las torturas de la CIA, ni ha procesado a los responsables. EE.UU. tampoco ha ofrecido ningún tipo de reparación a las numerosas personas a las que la CIA torturó o maltrató.

Human Rights Watch planteó las alegaciones de tortura y malos tratos de al-Najjar y El Gherissi a la CIA. El portavoz de la CIA Ryan Trapani respondió en un correo electrónico el 28 de septiembre que “la CIA revisó sus registros y no encontró nada que respaldara estas nuevas denuncias”.

“Las evidencias en el registro público ya eran suficiente para justificar investigaciones penales sobre las torturas de la CIA, pero estas nuevas acusaciones aumentan aún más la necesidad de justicia”, señaló Pitter. “Este gobierno ha rechazado el uso de la tortura, pero los futuros gobiernos arrastrarán la mancha de la tortura hasta que los responsables sean procesados y las víctimas compensadas. Mientras se sientan seguros de que no van a ser enjuiciados, las autoridades estadounidenses pueden volver a recurrir a la tortura”.

Véanse a continuación los testimonios detallados de los ex detenidos y las comparaciones con el Resumen del Senado, así como otra documentación pertinente.

Testimonio detallado de Ridha al-Najjar

Abusos en la “Prisión Oscura”
Al-Najjar dijo que, tras llegar a la Prisión Oscura, sus captores lo despojaron de su ropa, lo tiraron desnudo al frío suelo de cemento y le echaron agua encima. Estaba totalmente oscuro pero varios interrogadores, entre ellos un hombre árabe con acento egipcio, entraron en la celda con una linterna. Uno de ellos cargó un arma en la parte posterior de su cabeza y le dijo que si no hablaba, lo matarían. Comenzaron a golpearle y darle patadas y luego lo colgaron por primera vez de la barra. Después, según fue pasando el tiempo, aumentó la duración de las sesiones de tortura. Le mostraron documentos y fotos, y le interrogaron acerca de sus asociaciones y sobre ataques específicos. Otro interrogador, que según su testimonio abusó de él con frecuencia en este centro, se hacía llamar “Adel”. Al-Najjar describió a Adel como chií y libanés. Era alto y tenía una cicatriz en la parte derecha del labio inferior.

Ridha al-Najjar y Lotfi El Gherissi describieron que fueron encadenados a una barra en el techo de sus celdas durante repetidos periodos de 24 horas. Cada uno declaro que esta ilustración representa con exactitud los métodos a los que fueron sometidos.

 

© 2016 John R. Holmes por Human Rights Watch

Colgamiento, palizas
Al-Najjar contó que lo obligaron repetidamente a colgar de la barra en el transcurso de aproximadamente sus primeros tres meses en la Prisión Oscura. Cada sesión de colgamiento duraba hasta 24 horas y ocurrían con frecuencia y repetidamente. Durante estas sesiones, le encadenaban los brazos por encima de la cabeza a una barra en el techo de la habitación, por lo que le resultaba imposible dormir. A veces podía tocar el suelo con los pies, otras veces sólo de puntillas, y algunas ni siquiera eso. Sus captores sólo lo bajaban para las sesiones de interrogatorio y otras formas de tortura, a menudo lanzándolo violentamente al suelo donde, a veces, le daban golpes y patadas. Cuando tenía los brazos esposados a la barra, le golpeaban con una porra en la espalda y las piernas, y también le daban puñetazos en el pecho, la espalda y los riñones. Después de una sesión, lo llevaron a otra habitación donde dijo que utilizaron focos brillantes para grabar y fotografiar sus lesiones. “Estaba hecho un desastre”, afirmó. “Tenía trozos de piel colgando y contusiones y cortes en todo el cuerpo”.

Al-Najjar dijo que las palizas le causaron fracturas y otras lesiones, incluyendo fracturas de cadera, tobillo y espalda, así como lesiones de rodilla, una mandíbula dañada y dolor de cabeza. Al-Najjar dijo que una vez que fue trasladado a Bagram, varios médicos militares estadounidenses se disculparon con él por el tratamiento que recibió y tomaron varias radiografías de su cuerpo, así como un escáner TC de la cabeza y la columna vertebral. Pero dijo que, cuando fue puesto en libertad, el ejército de EE.UU. se negó a darle una copia de su historial médico. Al-Najjar hizo que en Túnez le tomaran nuevas radiografías el 2 de abril de 2016, y en mayo mostró a Human Rights Watch las correspondientes a su tobillo izquierdo, la rodilla y la columna lumbar.

Una asesora médica de la organización Physicians for Human Rights, la Dra. Rohini Haar, examinó fotos tomadas de las radiografías que, según ella, tenían la calidad suficiente como para hacer algunas observaciones: “Se puede ver claramente que su tobillo [izquierdo] sufrió una fractura y que se curó terriblemente”, dijo la Dra. Haar. Las imágenes de sus rodillas se veían menos claras, pero “sugieren un traumatismo pasado en la rodilla izquierda”. Las demás fotos no tenían la calidad suficiente como para hacer una evaluación, dijo.

Privación sensorial, pañales
Al-Najjar dijo que no estaba seguro de cuánto tiempo exactamente pasó en la Prisión Oscura pero que, durante todo ese tiempo, estuvo completamente a oscuras, a excepción de las luces brillantes que le apuntaban a los ojos durante los interrogatorios. Nunca tuvo acceso a los servicios sanitarios y lo mantuvieron desnudo o con pañales todo el tiempo. Los pañales se los sujetaban con cinta adhesiva gruesa que le causaba irritación y sólo se los cambiaban cada cuatro días.

Privación de alimentos
Al-Najjar contó que sus captores le daban de comer sólo una vez cada tres días, y que la comida era “incomestible” y “repugnante”. Dijo que en la comida encontraba guijarros, pelos y suciedad y, una vez, incluso una colilla de cigarrillo. El agua también “olía y sabía asquerosa”, recuerda. “Sólo te la podías beber cuando te encontrabas al borde de la muerte y completamente deshidratado”. Pero incluso en esas condiciones dijo que no le daban suficiente y que, en un momento dado, tuvo la lengua y la boca “completamente agrietadas”. Dijo que perdió 50 kg estando allí, ya que ingresó pesando 120 kg y salió de la Prisión Oscura con apenas 70 kg. Su testimonio es consistente con el de otros prisioneros en el centro Cobalt, que fueron sometidos a una privación de alimentos similar durante ese periodo. Al-Najjar también dijo que perdió el conocimiento con frecuencia, despertándose a veces cuando un médico le buscaba el pulso o le examinaba los dientes y la boca.

Silla eléctrica
Al-Najjar dijo que sus captores lo llevaron a una habitación donde había una “silla eléctrica”. Estaba hecha de metal o de hierro, tenía enchufes conectados a cables para ponerlos en los dedos y un casco también con cables. La descripción sugería que se trataba de un aparato improvisado, sujeto a una tubería de la pared. Sus captores estadounidenses le amenazaron durante los interrogatorios con utilizarla con él, pero en realidad nunca lo hicieron. En la habitación también había otros instrumentos utilizados para la tortura, como un tablero que él cree que sus interrogadores utilizaron con él en varias ocasiones para diferentes tipos de tortura con agua, así como un ataúd en el que amenazaron con meterle.

Ridha al-Najjar y Lotfi El Gherissi ambos describieron que fueron sometidos a distintas formas de tortura con agua. Cada uno declaro que esta ilustración representa con exactitud los métodos a los que fueron sometidos.

 

 

© 2016 John R. Holmes por Human Rights Watch

Tortura con agua
El fiscal general de EE.UU. aprobó la simulación de asfixia con agua (waterboarding) en julio de 2002. En agosto de 2004, la CIA obtuvo una “recomendación” de la Oficina de Asesoría Legal (OLC, por sus siglas en inglés) del Departamento de Justicia según la cual la técnica de ahogamiento simulado (water dousing) no violaría el Estatuto Federal de EE.UU. contra la Tortura, si bien la OLC no aprobó oficialmente la técnica del ahogamiento simulado para su uso como una “técnica de interrogatorio mejorada” hasta el año 2005. El Resumen del Senado confirma que la CIA utilizó diversas técnicas abusivas con agua por lo menos con varios de los detenidos sin el visto bueno previo del Departamento de Justicia y en formas no autorizadas. Al-Najjar describió a Human Rights Watch varias maneras en que sus interrogadores estadounidenses utilizaron el agua para torturarlo:

  • Cuando le obligaban a colgar de la barra, dirigían contra su cabeza un fuerte y doloroso chorro de agua durante largos periodos de tiempo.
  • Los interrogadores le ataban a un tablero que giraban unos 360 grados, desorientándolo y mareándolo. Otros detenidos dieron testimonios similares de la CIA utilizando un tablero para darles completamente la vuelta. También solían tirarle encima cubos de agua extremadamente fría mientras seguía sujeto al tablero, a veces tumbado en posición horizontal y otras veces con los pies elevados y la cabeza echada hacia atrás. Aunque no le arrojaban agua directamente sobre la cara, el agua solía metérsele en la nariz y la boca hasta que, según su relato, “ya no podía respirar y sentía que me ahogaba”. Otros detenidos también reportaron tipos de abusos similares con agua sobre un tablero.
  • Los interrogadores lo ataban a un tablero y lo metían en una bañera con agua extremadamente fría. A continuación, le daban la vuelta al tablero para que su cabeza y cuerpo quedaran boca abajo en el agua y no pudiera respirar.
  • También le colocaban en una gran lona de plástico de aproximadamente unos 70 por 70 centímetros, según sus cálculos, llena de agua y que se cerraba por arriba. Le metían dentro de la lona dejándole sólo un pequeño espacio arriba y en esta posición sus captores le daban empujones con él dentro, por lo que le resultaba muy difícil respirar.
  • Sus interrogadores le metieron en un gran barril de agua, sumergiéndole la cabeza hasta que ya no podía respirar. Entonces le sacaban la cabeza y le hacían preguntas. “Seguían haciendo esto hasta que ya no lo podía soportar y estaba a punto de desmoronarme completamente”, contó.

El papel del personal médico
Al-Najjar dijo que, en tres o cuatro ocasiones, vio a un médico en la instalación que trató sus lesiones, le midió la hinchazón y, algunas veces, le puso inyecciones. Después de un par de días, estas inyecciones reducían la hinchazón pero entonces, contó, volvían a comenzar las sesiones de colgamiento y las palizas. Este médico solía aparecer antes y después de la tortura “mala” y daba el visto bueno para seguir adelante, explicó al-Najjar. Al doctor lo consideraba un traidor, porque entraba a curarle las heridas pero luego daba “luz verde” a nuevas sesiones de tortura.

Otras instalaciones
Además de la Prisión Oscura, al-Najjar estuvo detenido en otros tres centros en Afganistán antes de ser transferido a la custodia militar estadounidense. No está seguro de cuánto tiempo permaneció en esas instalaciones.

Intelligence 2
Cuando al-Najjar fue transferido por primera vez desde Pakistán y entregado a la custodia de la CIA el 6 de junio de 2002, primero permaneció en un lugar que él cree que se encontraba en la capital afgana, Kabul, y que sus captores llamaban “Intelligence 2”. Allí estuvo detenido en una celda subterránea, lo cual determinó porque había una ventana en el techo de la celda desde la que podía ver a gente caminando y coches pasando. Dijo que sus captores le llevaron ocasionalmente a otra casa para interrogarle, en un barrio llamado Wazir Akbar Khan. En Intelligence 2 no sufrió malos tratos: no hubo palizas, sólo una bofetada en la cara y una patada ocasional en el pie o la pierna.

“Este sitio no era nada en comparación con el lugar al que me llevaron después [la Prisión Oscura],” dijo al-Najjar. “Comparado con eso, este lugar era como un hotel de cinco estrellas”. Al-Najjar dijo que no sabe seguro cuánto tiempo permaneció en Intelligence 2, pero en el Resumen del Senado consta que fue el primer prisionero al que llevaron a Cobalt en septiembre de 2002.

Al-Najjar dijo que nunca olvidará su último día en Intelligence 2 porque fue “la peor experiencia de su vida”. Dijo que el mismo interrogador árabe que hablaba con acento egipcio y al que volvió a ver en la Prisión Oscura fue a su celda exigiéndole información sobre documentos y fotos. Cuando al-Najjar no pudo proveer las respuestas que el interrogador quería, se enfadó y, según el testimonio de al-Najjar, le advirtió que si no “hablaba”, ya vería lo que le iba a pasar en el lugar al que lo iban a llevar a continuación. “En el próximo lugar te colgaremos del ano”, recuerda que le dijo el interrogador.

Después de esta amenaza, los interrogadores obligaron a al-Najjar a inclinarse hacia delante y le encadenaron las manos a la parte inferior de las piernas y le pusieron cadenas alrededor de la cintura, las muñecas y el resto del cuerpo. Le colocaron una bolsa sobre la cabeza y algo sobre las orejas para impedirle que oyese nada. También le metieron un objeto en el ano, algo que según su relato hacían siempre que lo desplazaban de un lugar a otro. Dijo que todavía sufre dolores como resultado de esas inserciones. Muchos otros detenidos también reportaron la introducción de objetos, como supositorios, en el ano mientras eran transportados bajo la custodia de la CIA. “Entonces me llevaron arriba como a un paquete” y lo trasladaron a la Prisión Oscura, afirmó.

Valle de Panjshir
Después de su detención durante lo que él estima que fueron muchos meses en la Prisión Oscura, al-Najjar fue transferido a una tercera instalación que entendió que estaba ubicada en el Valle afgano de Panjshir, unos 150 kilómetros al norte de Kabul. Las condiciones en esta prisión eran mejores. El centro tenía puertas de madera, de forma que entraba luz. Su celda era pequeña, de aproximadamente 0,8 metros por 2 metros. Dijo que no parecía tan segura. “Tenías la impresión de que te podías escapar pero, ¿a dónde ibas luego?” La celda tenía un suelo de tierra y había muchos insectos. Le dieron una manta del grosor de una toalla llena de agujeros. Un médico en esta instalación le dijo que, debido a su condición, las autoridades ya no permitirían que volviesen a torturarlo.

Kabul II
Después de la prisión del Valle de Panjshir fue llevado a otro centro en Kabul, a un edificio que él cree que era parte de un “alto palacio de justicia”. Dijo que estuvo detenido en varios lugares en el interior, en diferentes plantas y bajo tierra cuando había otras personas en el lugar. Estuvo allí hasta que sus captores transfirieron su custodia al ejército estadounidense en Bagram.

Bagram
Al-Najjar no está seguro de cuándo exactamente fue transferido a Bagram, pero cree que fue en algún momento de mayo o junio de 2004. Aunque el trato abusivo continuó, no era tan malo como cuando se encontraba bajo custodia de la CIA. En Bagram, los médicos, además de disculparse con él por las torturas que padeció y de hacerle las radiografías y escáners TC que describió, se ofrecieron a practicarle una cirugía artroscópica en la rodilla lesionada, pero que él, en última instancia, rechazó, por temor a que causara más daños. Fue transferido a Túnez 11 años después, el 15 de junio de 2015. Debido a limitaciones de tiempo, Human Rights Watch no pudo hablar con al-Najjar sobre los detalles de los malos tratos que sufrió mientras estuvo detenido en Bagram.

Testimonio detallado de Lotfi al-Arabi El Gherissi

Abusos en la Prisión Oscura

El Gherissi dijo que no está seguro de la fecha exacta pero que varias semanas después de su primer arresto en Pakistán, a fines de septiembre de 2002, fue llevado a la Prisión Oscura. Dijo que sus captores estadounidenses lo despojaron de su ropa, lo tiraron al suelo y le echaron agua fría encima. Al día siguiente lo llevaron a otra habitación muy pequeña, de aproximadamente 1 metro por 1 metro, donde permaneció aproximadamente un mes.

Durante todo el tiempo que pasó en la Prisión Oscura, la música no dejó de sonar a todo volumen las 24 horas del día, en la máxima oscuridad. Sus captores nunca le llevaron al exterior y nunca vio la luz del sol. Las únicas veces en que vio la luz era cuando iban con proyectores a mostrarle fotografías o le dirigían los brillantes focos del proyector a los ojos mientras le hacían preguntas. El Gherissi sabía que había otros prisioneros allí porque podía oír sus gritos, pero nunca pudo hablar con ellos.

Colgamiento, palizas
El Gherissi dijo que sus captores lo encadenaron de los brazos por encima de su cabeza a una barra metálica que iba de un extremo a otro del techo de su habitación. Al mismo tiempo, le encadenaron los pies al suelo con pesados grilletes que dijo que le hacían daño. El Gherissi permaneció en esta habitación y en esa posición, con los brazos colgados de la barra metálica, durante casi su primer mes entero allí. Algunas veces podía alcanzar el suelo con los pies, pero otras sólo podía tocarlo de puntillas. Mientras estaba colgado, los guardas le golpeaban en la espalda, las piernas y los pies con una porra que cree que estaba hecha de plástico. También solían tirarle cubos de agua fría. Eso solía ocurrir unas tres veces a la semana. Los guardas entraban en su habitación, anunciaban que habían pasado otras 24 horas y lo bajaban para llevárselo a otra habitación cercana para interrogarle, relató. Cuando hacían esto, le ataban las manos con cables eléctricos. Esto y las esposas le causaron graves laceraciones. Un investigador de Human Rights Watch vio las cicatrices que El Gherissi afirmó que todavía tenía como resultado de los cables y las cadenas en las muñecas.

Los interrogatorios, en los que dijo que a menudo lo acusaban de ser un miembro de Al Qaeda y le pedían información sobre planes terroristas, usualmente duraban 30 minutos, después de los cuales los guardas lo llevaban de vuelta a lo que él llamaba el “cuarto de colgar” y le volvían a encadenar las manos a la barra metálica. Dijo que lo golpearon repetidamente, a veces hasta el punto de acabar vomitando o perdiendo el conocimiento. Una vez cada dos o tres días sus guardas le daban de comer, lo que normalmente consistía en arroz afgano y una botella de agua, aunque a veces le quitaban la botella antes de haberla terminado. Nunca le permitieron acceso a las instalaciones sanitarias. En su lugar, le pusieron un pañal que cambiaban cada tres o cuatro días. Le impedían dormir. A veces se desmayaba o perdía el conocimiento y entonces entraban los guardas y lo despertaban.

El Gherissi dijo que, después de un mes, lo llevaron a otro cuarto donde lo encadenaron de un brazo a la pared, todavía llevando puesto el pañal. Desde allí solían sacarlo de la habitación para interrogarlo y torturarlo.

Ridha al-Najjar y Lotfi El Gherissi declararon que los interrogadores estadounidenses los amenazaron con emplear una silla eléctrica. Al-Najjar sugirió revisiones a una ilustración anterior que se hizo de la silla; El Gherissi dijo que la ilustración final era una descripción exacta.

 

© 2016 John R. Holmes por Human Rights Watch

Silla eléctrica
El Gherissi relató que tres días después de que lo hubiesen bajado de la barra, después de pasar un mes colgado, lo llevaron a una habitación con una “silla eléctrica”, entre otros tipos de instrumentos de tortura. Él dijo que la silla estaba hecha de metal, o tal vez hierro. Tenía clips de sujeción con cables conectados para poner en los dedos, y un casco también con cables. Su descripción sugería que era una silla improvisada, sujeta a una tubería que salía de una pared. Sus interrogadores lo sentaron en la silla y amenazaron con usarla con él a menos que les proporcionase más información, si bien nunca lo hicieron. Dijo que esto lo aterrorizó y que temblaba. La habitación también tenía un tablero sobre el que amenazaban con ponerle, pero nunca lo hicieron. Dijo que sabía que utilizarían agua contra él mientras estaba sobre el tablero.

Abusos con agua, palizas
Durante el tiempo que permaneció allí, sus captores lo llevaron a una habitación con una bañera con agua. Los guardas que estaban de pie detrás de él le empujaban la parte trasera de la cabeza en la bañera, obligándole a quedar sumergido durante un minuto o dos, durante los cuales le resultaba imposible respirar, dijo. Hicieron eso aproximadamente tres veces al día durante una semana. También entonces (era invierno) lo llevaron a las duchas unas tres veces y lo mojaron con agua fría hasta quedar temblando.

El Gherissi dijo que en numerosos momentos diferentes de ese periodo de cuatro meses, sus captores lo golpearon. Una vez, los guardas vinieron y lo golpearon con fuerza, rompiéndole dos dientes. A un investigador de Human Rights Watch le enseñó los agujeros vacíos en la boca. En otra ocasión, dos guardas lo sujetaron por detrás mientras otro lo estrangulaba.

El papel del personal médico, aislamiento
El Gherissi dijo que, durante el tiempo que pasó en la Prisión Oscura, un médico vino unas tres veces a examinarlo. No intercambiaron palabra durante esos exámenes. Una vez el médico le dio una aspirina y una pastilla de vitaminas. También le examinó las heridas y trató la irritación causada por la infrecuencia con la que le cambiaban el pañal, así como las áreas donde los pañales estaban pegados a su piel con cinta adhesiva.

Dijo que después de cuatro meses sentía que estaba casi muerto. No tenía nada de energía y no podía pensar o acordarse de nada. Le dolía todo el cuerpo, especialmente la espalda. Perdió algo de visión. Dijo que un doctor advirtió a sus interrogadores que si se quedaba otra semana, moriría. Entonces dejaron de torturarle. Lo pusieron en otra habitación, en aislamiento total, durante otros dos meses, lo cual, de hecho, hizo que se sintiese peor. “Entonces perdí la cabeza completamente”, dijo. “No podía hablar con nadie”.

Otras instalaciones

Kabul, Valle de Panjshir
El Gherissi dijo que, después de pasar aproximadamente seis meses en la Prisión Oscura, fue trasladado a una ubicación desconocida en Kabul y, a continuación, a una prisión en el Valle de Panjshir. Allí estuvo detenido en una celda de 1,5 metros por 1 metro. Dijo que allí las condiciones eran mejores que en la Prisión Oscura aunque tampoco buenas. Su celda tenía un suelo de tierra y sus captores le dieron una delgada manta para dormir. Le alimentaron con mayor frecuencia. En la prisión del Valle de Panjshir pasó entre siete u ocho meses, pero no está seguro de cuánto tiempo exactamente ni de lo que le pasó estando allí. Para entonces ya estaba muy enfermo, cansado y “había perdido completamente la cabeza”, dijo. Los médicos venían aproximadamente una vez al mes para chequear su pulso, las muñecas y la sangre. El Gherissi dijo que cree que un médico al que vio unas tres veces en Panjshir era el mismo al que vio en la Prisión Oscura. Dijo que se acuerda de que había algunos prisioneros pakistaníes en el mismo centro pero no recuerda hablar con ellos.

Bagram
El Gherissi dijo que después del Valle de Panjshir fue llevado a Bagram junto con un detenido afgano. Las condiciones de la prisión eran mejores allí que en la Prisión Oscura, pero tampoco buenas. En noviembre de 2003 entró en contacto por primera vez con el Comité Internacional de la Cruz Roja, que le dio las primeras noticias acerca de su familia. Allí se enteró de que su mujer, que estaba embarazada cuando él fue detenido, tuvo una hija pero que murió poco después de haber nacido. Mientras continuaba en detención, tras años bajo custodia estadounidense, su mujer se divorció de él.

En Bagram, primero fue detenido en completo aislamiento durante 40 días y luego fue trasladado a una gran celda con otros 30 presos. Esta instalación tenía 16 celdas, cada una con unas 30 personas. “Aun así, no podías hablar con ninguno de los presos”, dijo. “Si lo hacía, te castigaban”. Una de las maneras en que los guardas le castigaban era ordenándole que mantuviese los brazos extendidos en cruz durante prolongados periodos de tiempo. Si no aguantaba, los guardas lo llevaban a la celda de aislamiento. Con frecuencia también traían perros que lo aterrorizaban, dijo. Cada semana era interrogado por personas que, según él, eran agentes de la Agencia Federal de Investigación de EE.UU. (FBI, por sus siglas en inglés).

La atención médica era mejor en Bagram porque había una clínica. Pero aquí los guardas también trataron de impedirle el sueño. Alguien lo despertaba al menos tres veces al día y dos veces por la noche. La comida también seguía siendo completamente insuficiente, dijo. “No te daban lo suficiente de comer para poder combatir el hambre”.

En 2010, fue trasladado a otra prisión y allí las condiciones mejoraron. Debido a limitaciones de tiempo, Human Rights Watch no pudo hablar con El Gherissi sobre los numerosos detalles del maltrato que sufrió mientras estuvo detenido en Bagram. EE.UU. lo transfirió a Túnez el 15 de junio de 2015.

Nuevos testimonios aportan detalles sobre tortura ausentes en el Resumen del Senado

El Resumen del Senado afirma que la CIA detuvo a al-Najjar entre 690 y 700 días y a El Gherissi entre 380 y 390 días antes de transferirlos a la custodia militar estadounidense en la base aérea de Bagram, donde ambos pasaron más de una década.

Al-Najjar y El Gherissi son los primeros detenidos en informar sobre cuáles eran las condiciones en el centro de detención Cobalt antes de la muerte de Gul Rahman. Un resumen parcialmente editado de una investigación sobre la muerte de Rahman, que data del 28 de enero de 2003 pero que no fue publicado hasta junio, afirma que Rahman, al igual que otros detenidos, fue sometido a numerosos abusos, entre ellos la privación de sueño de pie, la simulación de ahogamiento (water dousing), la exposición al frío y el “tratamiento brusco”. Sin embargo, concluye que no hay “ninguna evidencia” para sugerir que Rahman fuera golpeado o torturado. La investigación considera que la causa definitiva de su muerte fue probablemente la hipotermia, en parte provocada por Rahman al “tirar su última comida”, negándole así a su cuerpo “una fuente de energía para mantenerlo caliente”.

El Resumen del Senado afirma que los registros de la CIA en Cobalt apenas se mantuvieron al día y que “la verdadera naturaleza de los interrogatorios de la CIA” allí “siguen siendo, en gran parte, una incógnita”. Por ejemplo, no hay registros de que ningún detenido fuese sometido al simulacro de asfixia en Cobalt, sin embargo, los investigadores del Senado encontraron una foto en los expedientes de la CIA de un tablero de madera rodeado de cubos y encima una botella que contenía una solución desconocida de color rosa (llena a dos tercios de su capacidad) y con una regadera sobre las barras de madera del tablero. Los investigadores del Senado también descubrieron que la CIA sometió a los detenidos en Cobalt a numerosas técnicas no registradas en el tráfico de cables de la CIA, entre ellos “múltiples períodos de privación del sueño, obligación de permanecer de pie, música a todo volumen, privación sensorial, aislamiento prolongado, reducción de la cantidad de alimentos, desnudez y ‘tratamiento brusco’”.

El Resumen del Senado, que se basa en los propios registros de la CIA, no explica en detalle cómo la CIA trató a al-Najjar, pero documenta los métodos de interrogación que la CIA tenía planeados para él una vez que fue trasladado, en septiembre de 2002, al centro de detención Cobalt. Estos métodos incluían amenazas al “bienestar de su familia”, la utilización de “técnicas de desorientación sonora”, la privación de sueño mediante interrogatorios a todas horas, la privación de cualquier “noción del tiempo”, el “aislamiento en completa oscuridad; la “disminución de la calidad de su comida”, la exposición al frío, música a todo volumen “las 24 horas del día, y mantenerlo encadenado y encapuchado”.

El 21 de septiembre de 2002, un cable de la CIA lo describía como “un hombre claramente roto” y “al borde del derrumbe total”. Pero a pesar de esta evaluación, la CIA continuó torturando a al-Najjar. El Resumen del Senado afirma que un asesor legal del ejército estadounidense que visitó Cobalt en noviembre observó que al-Najjar permaneció colgado, esposado a una barra por encima de su cabeza, sin poder bajar los brazos, durante 22 horas cada día durante dos días consecutivos. El asesor señaló que al-Najjar llevaba un pañal y no tenía acceso a servicios sanitarios.

El testimonio de al-Najjar sobre el tratamiento que recibió bajo custodia de la CIA indica que fue peor que el que describe el Resumen del Senado.

El Resumen del Senado contiene muy poca información sobre El Gherissi, cuyo nombre aparece escrito como “Lufti al-Arabi El Gharisi”. Su nombre aparece dos veces, una vez como parte de una lista de 119 presos a los que la CIA admitió haber detenido como parte de su “programa de interrogatorios mejorados”, y otra cuando establece que El Gherissi era uno de los 17 detenidos a los que la CIA sometió a técnicas sin la aprobación de la sede de la CIA. En una nota al pie de página, el documento dice que El Gherissi “fue sometido al menos a dos sesiones de privación del sueño de 48 horas en octubre de 2002”.

La falta de prestación de reparación

El Resumen del Senado estima de manera conservadora que la CIA mantuvo oficialmente a unos 119 detenidos bajo su custodia, entre ellos al-Najjar y El Gherissi, aunque esa cifra no incluye a muchos otros a los que se cree que la CIA trasladó a otros países para ser interrogados y torturados. De los 119, 14 todavía permanecen bajo custodia de EE.UU. en el centro de detención de la Bahía de Guantánamo, pero la gran mayoría de ellos han sido puestos en libertad. No se tiene conocimiento de que EE.UU. haya indemnizado a ninguno de ellos.

A pesar de que algunos ex detenidos por la CIA han presentado demandas en tribunales estadounidenses pidiendo una reparación por los malos tratos sufridos, hasta ahora casi todos los casos han sido desestimados antes de que el tribunal pudiese siquiera examinar los fundamentos de las alegaciones de los demandantes. A menudo las cortes han respetado el privilegio de secretos de Estado, el cual debería aplicarse, según el gobierno de EE.UU., bajo el argumento de que el litigio de un caso revelaría secretos de Estado que perjudicarían la seguridad nacional de EE.UU. En la mayoría de los casos, los tribunales estadounidenses han diferido al gobierno las denuncias sobre potenciales daños. En 2016, en la primera demanda desde la publicación del Resumen del Senado, entablada por la Unión Americana de Libertades Civiles en nombre de tres ex detenidos por la CIA, el Departamento de Justicia no reconoció por primera vez el privilegio de secretos de Estado para bloquear la demanda.

Bajo el derecho internacional de los derechos humanos, en particular el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención contra la Tortura, ambos ratificados por EE.UU., los gobiernos tienen la obligación de garantizar el derecho a una reparación efectiva para las víctimas de violaciones graves de los derechos humanos, incluyendo la tortura y otros malos tratos. El derecho de la víctima a una reparación efectiva requiere que el gobierno tome las medidas de investigación, judiciales y reparadoras necesarias para corregir la violación y atender los derechos de la víctima al conocimiento, la justicia y la reparación. El gobierno está bajo la obligación permanente de proporcionar una reparación efectiva; no hay un límite de tiempo para emprender una acción legal. A pesar de que estas violaciones no tuvieron lugar en EE.UU., ocurrieron cuando las personas se encontraban bajo el control efectivo de las fuerzas de seguridad estadounidenses.

Experiencias tras la puesta en libertad en Túnez

Ambos detenidos dijeron que ni el gobierno de EE.UU. ni el de Túnez les han proporcionado asistencia – médica, psicológica o financiera – para ayudarles a retomar sus vidas o volverse a integrar en la sociedad. Ambos viven con sus familias en viviendas pequeñas y dependen completamente de la ayuda de ellas. “Mi hermana tiene cinco hijos”, dijo al-Najjar a Human Rights Watch. “Yo soy el sexto”. Aún seguía llevando algunas de las prendas de ropa que el gobierno de EE.UU. le dio antes de ponerlo en libertad, a pesar de que tenían agujeros. El Gherissi vive con su madre anciana, hermano y hermanas, en una casa que no tiene puertas ni un tejado completo.

Al-Najjar fue puesto en libertad tras permanecer brevemente detenido por las autoridades tunecinas. A Human Rights Watch contó que tiene una serie de problemas físicos que han dificultado su capacidad para encontrar trabajo, especialmente el dolor crónico asociado con las fracturas de tobillo, cadera y columna lumbar. Todavía tiene sangre en las heces, un hígado inflamado, dolor en los riñones, una hernia, una úlcera y un “agujero en la oreja” que él dice que es consecuencia de las torturas. También dijo que sufre graves dolores de cabeza cada vez que trata de recordar algo sobre los abusos que sufrió estando bajo custodia de la CIA.

Sin recursos, no ha podido obtener tratamiento médico en los hospitales de Túnez. Desde junio ha acudido al centro de supervivientes de la tortura en Túnez, el cual, contó, le está ayudando a facilitar algún tipo de tratamiento médico y pruebas para sus lesiones, pero que incluso esto requiere fondos para viajar, pruebas y medicamentos. Dijo que le gustaría trabajar comprando y vendiendo bienes pero que el gobierno de Túnez no le ha proporcionado los papeles que le autorizarían a viajar. Dijo estar muy deprimido porque no soporta ser una carga para su familia pero que tampoco parece capaz de encontrar la manera de salir de esta situación.

El Gherissi fue puesto en libertad inmediatamente después de haber sido transferido a la custodia tunecina. Actualmente vive con su hermano y sus cinco hijos en Gabes, aproximadamente a cinco horas en auto desde la capital, Túnez. También en la misma casa residen sus tres hermanas, sus hijos y su madre anciana, con la cual comparte habitación y cama. La casa de su hermano es apenas una simple estructura con paredes y puertas inacabadas. No tiene un tejado completo y hay goteras. La entrada principal no tiene puerta, sólo una lona que cubre la apertura.

Dijo que es muy pobre y que no tiene medios para mantenerse. Sufre de dolor crónico en la espalda y las rodillas, lo que le impide dormir. Tampoco ve bien y tiene la visión borrosa. No ha podido ver a un médico porque no se lo puede permitir. Tampoco ha podido encontrar trabajo por culpa de sus problemas físicos, por lo que depende de la ayuda de sus familiares, lo cual le deprime profundamente. Dijo que esperaba cambiar su vida volviéndose sano, formando una familia y consiguiendo su propia casa con un tejado, regresando al negocio del comercio, teniendo amigos y recuperando la vida social. Sin embargo dijo sentirse desamparado e incapaz de hacer nada de eso ahora.