(Erbil) – Víctimas de una masacre perpetrada por milicias iraquíes próximas al gobierno en una mezquita en la provincia de Diyala reconocieron a los agresores, a quienes conocían incluso por su nombre, indicó Human Rights Watch en un informe divulgado hoy. El gobierno iraquí debería difundir inmediatamente si está llevando a cabo una investigación del atentado ocurrido en la mezquita Musab Bin Omair el 22 de agosto de 2014, en el cual murieron 34 personas, a fin de llevar a los responsables ante la justicia.

Según los relatos de cinco testigos, incluido uno de los sobrevivientes del ataque, varios hombres armados vestidos de civil y otros con uniformes policiales atacaron en horas del mediodía la  mezquita de la localidad de Imam Weiss en Hamreen, provincia de Diyala, aproximadamente 50 kilómetros al noreste de Baquba, la capital provincial. Los agresores dispararon y causaron la muerte de 32 hombres, una mujer y un joven de 17 años que, según señalaron testigos, eran todos civiles que asistían a la oración del viernes y fueron abatidos con armas automáticas de tipo PK y AK-47 de fabricación rusa. Todos los testigos señalaron que reconocieron a los agresores y sabían cómo se llamaban.

“Las milicias partidarias del gobierno actúan cada vez con mayor osadía y sus delitos son más estremecedores”, observó Joe Stork, subdirector para Medio Oriente de Human Rights Watch. “Tanto autoridades como aliados de Irak han ignorado este atentado macabro, y luego se preguntan por qué las milicias de Estado Islámico consiguen tanta aceptación entre las comunidades suníes”.

Diversos testigos, que sin excepción pidieron a Human Rights Watch que no revelara su identidad por motivos de seguridad, dijeron que los disparos comenzaron aproximadamente a las 12:10 p.m., durante la prédica del imán del día viernes. Un sobreviviente, que se hallaba dentro de la mezquita suní, dijo haber visto ingresar a un hombre con la camiseta y pantalones verde oscuro y la cinta en la cabeza que utilizan habitualmente los combatientes vinculados con Asa’ib Ahl al-Haqq, una milicia afín al gobierno. Llevaba un arma automática de tipo PK.

“Gritó, ‘¡No se muevan. Que nadie salga!’”, dijo el testigo. “Efectuó su primer disparo en dirección al sheikh [imán], y luego continuó disparando al resto de nosotros. Cuando escuché el primer disparo, me arrojé al suelo”.

El hombre armado continuó disparando al azar, contó el testigo. “Había personas en el piso que gritaban y sollozaban, y decían ‘Allahu akbar [Alá es grande], La ilaha illa Allah [no hay otra deidad más que Alá]’”.

Tres de los testigos ingresaron a la mezquita luego del primer ataque. Dijeron que vieron a ocho hombres armados que se estaban retirando. Cuando ingresaron, se encontraron con cerca de 10 personas que parecían ya estar muertas y aproximadamente otras 30 que habían sido heridas. “Lo que vi es indescriptible, es algo inhumano”, dijo uno de ellos. “La mayoría de las personas estaban heridas y no muertas, y suplicaban que les dieran agua y los atendieran. Vi a un hombre a quien directamente le faltaba el lado izquierdo de la cabeza a causa de un disparo”.

Dos testigos contaron que habían comenzado a llevar a los heridos a un jardín frente a la mezquita cuando, aproximadamente 10 minutos después, escucharon nuevos disparos y vieron que un segundo grupo de entre 20 y 30 hombres armados se dirigían a la mezquita. El testigo huyó del lugar, y debió dejar atrás a los heridos. Otro testigo que observaba desde su vivienda a unos 100 metros de distancia confirmó esta versión.

Todos los testigos manifestaron que luego escucharon gritos y más sonidos de disparos. La segunda ronda de disparos duró aproximadamente 15 minutos, según aseveraron.

Los testigos dijeron a Human Rights Watch que los 34 muertos, salvo uno, pertenecían a Beni Weiss, una tribu suní de Diyala. Ninguno de los testigos conocía el motivo del atentado, pero uno dijo que creía que había sido en represalia por un ataque con un explosivo improvisado ocurrido previamente ese día, aproximadamente 20 kilómetros al norte de Imam Weiss, y en el cual habían perdido la vida cinco milicianos. Todos los testigos afirmaron que no había combatientes en Imam Weiss ni en las proximidades en el momento del atentado.

Los testigos indicaron que había un puesto de control del Ejército a unos 200 metros de la mezquita y otro policial aproximadamente a 150 metros, pero que no hubo respuesta al ataque por parte de fuerzas de seguridad, a pesar de que los disparos pudieron ser escuchados por los altoparlantes de la mezquita hasta una distancia de al menos 600 metros, donde uno de los testigos pudo oír la balacera desde su vivienda.

Dos testigos informaron que llamaron al Ejército para pedir ayuda y que enviaran una ambulancia, pero que ambos llegaron recién una hora después. Cerca de la 1:30 p.m., dijeron, llegaron soldados de la 5.a brigada de la 20.a división del Ejército en una ambulancia y un camión de carga, que trasladaron los cuerpos hasta la morgue del hospital de Muqdadiyya, a 15 kilómetros de distancia.

El sobreviviente dijo que se encontraba entre unas seis personas que lograron salir con vida de la agresión armada. Contó que se su primo intentó ser atendido en el hospital local, pero que se retiró luego de que los médicos le advirtieran que milicianos se estaban dirigiendo al hospital para matar a sobrevivientes que intentaran recibir asistencia allí. Human Rights Watch examinó los registros médicos correspondientes al primo del testigo, de fecha 22 de agosto, los cuales indicaban que necesitaba someterse a cirugía debido a una herida de bala en el brazo derecho que le había fracturado el hueso y provocado un absceso.

Los testigos y otros tres residentes indicaron que las tensiones sectarias en la localidad se habían intensificado luego de que combatientes de las milicias de Estado Islámico (también conocido como ISIS) tomaran el control de la ciudad de Mosul el 10 de junio. Si bien las milicias mayormente chiitas ya se encontraban allí y trabajaban con las fuerzas de seguridad, con posterioridad al 10 de junio las milicias tomaron el control de la policía y el ejército, indicaron testigos y residentes. Imam Weiss tiene una población de 500 familias, de las cuales 300 son suníes y 200 chiitas, señalaron los residentes.

El 22 de octubre, en respuesta al pedido de Human Rights Watch de que se proporcionara información sobre el ataque, el vocero del Ministerio del Interior, el general Saad Maan Ibrahim, indicó a Human Rights Watch que ese ministerio había conformado una “comisión de investigación” para el atentado, la cual había determinado que este presuntamente había sido perpetrado por tres responsables. Maan no sabía si las autoridades judiciales habían fijado ya una fecha de audiencia.

Maan indicó que las ejecuciones se produjeron en respuesta a una explosión con un artefacto explosivo improvisado que causó la muerte de combatientes voluntarios que se trasladaban en vehículos hacia Imam Weiss a primeras horas de la mañana del 22 de agosto. “Escuchamos que algunos de sus familiares, dos o tres, se acercaron a esa mezquita con fusiles AK y comenzaron a disparar allí dentro y mataron a todos los presentes, en una reacción espontánea y normal de venganza”, dijo Maan. “Fue un operativo de venganza por su pérdida”. Ninguno de los familiares de las víctimas sabía a quiénes había atribuido responsabilidad el comité de investigación por los delitos, cuáles eran los cargos en su contra ni si se llevaría a cabo un juicio público.

Las características del atentado del 22 de agosto coinciden con un patrón de ataques que Human Rights Watch ha documentado y que incluye secuestros y ejecuciones sumarias perpetrados por las milicias chiitas Asa’ib Ahl al-Haqq, las Brigadas Badr y Kita’ib Hezbollah en las provincias de Baghdad, Diyala y Babel.

Los gobiernos extranjeros deberían interrumpir el apoyo y la asistencia militar a Irak hasta que el gobierno asegure que hayan concluido estos crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad generalizados, lo que incluye garantizar que los responsables de estos crímenes respondan por su accionar, observó Human Rights Watch.

Estados Unidos ha enviado ayuda militar a Irak y en agosto comenzó los ataques aéreos contra objetivos de ISIS. Las milicias han tomado el control de al menos algunas de las áreas donde EE.UU. ha efectuado ofensivas aéreas, según informan residentes de estos lugares.

En septiembre, un investigador de Human Rights Watch vio en Bagdad a un convoy de entre 10 y 12 automóviles con milicianos que llevaban armamento y nuevos modelos de fusiles M-16. Los milicianos apuntaron sus armas al tráfico para obligar a que los demás automóviles se hicieran a un lado para permitirles avanzar, y pasaron por un retén de la policía federal sin ser detenidos.

“Los aliados internacionales de Irak no pueden permitir que la lucha contra los extremistas de ISIS y sus abusos se convierta en un pase libre para que los aliados del gobierno iraquí maten sin piedad a civiles, sencillamente porque son suníes”, expresó Stork.

Lista de personas asesinadas 
Nadir Chelub Shatab, 45
Ahmed Mohamed Khalil, 30
Qahlan Mizher Mehdi, 25
Ali Mehdi Saleh, 45 (imam)
Bashir Abed Hussein, 25
Adnan Abdelwahhab, 45
Abdelwahhab Alsaoud Abbas, 50
Husseib Hussein Maher, 70
Ali Jawwad Aidan, 30-35
Abbas Mohsen Faisal, 40
Adnan Mohsen Khudhair Faisal, 43
Abdelsammad Ali Mehdi, 25
Faisal Mizher Mehdi, 27
Aysab Abbas Mohsen, 40
Mizher Mehdi Saleh, 55
Adnan Lafta Faisal, 52
Qahtan Khalaf Karkas, 25
Abelrahman Najim Abdullah, 25
Ali Ibrahim Lafta, 33
Habiba Abdelkarim Majid, 41
Abdullah Lafta Faisal, 50
Ammar Ahmed Qawwad, 38
Alwan Nasser Hussein, 46
Yousif Mohsen Faisal, 38
Hussein Saleh Bati, 58
Qassem Hashim Abdullah, 45
Ghazy Mizher Mehdi, 40
Suleiman Dawoud Mahmoud, 48
Othman Najim Abdullah, 17
Sabbar Abbas Mohsen, 21
Alaa Abbas Mohsen, 19
Aws Abdlukarim Murad, 36
Mohamed Qawwad Manaa, 56
Ayyoub Abbas Mohsen, 25