Una colección de fotografías se muestra en la oficina de una agencia de trabajadoras del hogar en Phnom Penh, Camboya. Estas fotos exhiben a trabajadoras migrantes y sus familiares recibiendo préstamos en efectivo por adelantado como "incentivo" para migrar a Malasia. Las migrantes deben trabajar en Malasia sin goce de salario de seis a siete meses para pagar estos préstamos, junto con las exorbitantes tasas de reclutamiento y entrenamiento que les deben a los reclutadores.

© 2011 Jyotsna Poudyal/Human Rights Watch

(Phnom Penh) - El fracaso de los gobiernos de Camboya y Malasia en regular a los reclutadores y empleadores deja a las trabajadoras del hogar migrantes de Camboya expuestas a una amplia gama de abusos, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Decenas de miles de mujeres y niñas camboyanas que migran a Malasia tienen poca protección contra el confinamiento forzoso en centros de formación, los fuertes endeudamientos y las condiciones laborales de explotación.

 

El informe de 105 páginas, “They Deceived Us at Every Step: Abuse of Cambodian Domestic Workers Migrating to Malaysia" ("Nos engañaron a cada paso: El abuso de los trabajadores del hogar de Camboya que migran a Malasia"), documenta las experiencias de las trabajadoras domésticas de Camboya durante el reclutamiento, el periodo laboral en el extranjero y su regreso a casa. Se basa en 80 entrevistas con trabajadores del hogar migrantes, sus familiares, funcionarios gubernamentales, organizaciones no gubernamentales y agencias de reclutamiento. El informe enfatiza los numerosos obstáculos que impiden a las mujeres y niñas maltratadas obtener justicia y reparación, tanto en Camboya como en Malasia.

 

"Camboya ha buscado promover la migración de mano de obra, pero se ha negado a proporcionar incluso las protecciones más básicas para las mujeres y niñas migrantes", dijo Jyotsna Poudyal, investigadora de los derechos de la mujer de Human Rights Watch. "El gobierno debe dejar de deslindar de responsabilidad a las agencias de reclutamiento sin escrúpulos y deshacerse de la explotación y del abuso".

 

Desde el año 2008, de cuarenta a cincuenta mil mujeres y niñas camboyanas han emigrado a Malasia como empleadas del hogar. Algunos agentes laborales en Camboya falsifican documentos de identidad para reclutar a menores, ofrecen dinero en efectivo e incentivos alimenticios que dejan a las migrantes y sus familias fuertemente endeudadas, las engañan acerca de sus responsabilidades de trabajo en Malasia, y les cobran una tarifa excesiva contratación.

 

Trabajadoras domésticas dijeron Human Rights Watch que los agentes confinan por la fuerza a las reclutas por tres meses o más en centros de formación, sin brindarles suficientes alimentos, agua o atención médica. Algunos reclutadores obligan a mujeres y niñas a emigrar, incluso si ya no desean trabajar en el extranjero. Las trabajadoras que escapan de los centros de formación enfrentan represalias por escapar o por no pagar deudas relacionadas con el proceso de contratación.

 

El esposo de una empleada doméstica que escapó de un centro de formación dijo a Human Rights Watch:

 

El representante de la compañía dijo que si mi esposa no regresaba, iba a subastar la casa y la tierra. Y si la subasta no era suficiente, que me iban a arrestar y meter a la cárcel.

 

A veces la colaboración de funcionarios gubernamentales con las agencias privadas de empleo hace que sea casi imposible para las trabajadoras buscar una reparación efectiva, Human Rights Watch concluyó. Una trabajadora doméstica dijo que dos mujeres habían intentado suicidarse en un centro de formación en Camboya después de que la agencia les negara su solicitud de volver a casa.

 

La agencia sostuvo una reunión con todas las reclutas. Dos oficiales de policía estuvieron presentes.

 

"Los funcionarios de la policía nos dijeron que si [intentábamos] suicidarnos, entonces nos iban a meter a la cárcel", dijo una de las trabajadoras. "También dijo que nunca debemos tratar de escapar. Y si escapamos, la policía [nos] encontrará y nos enviará Malasia".

 

En septiembre de 2011, en el primer juicio exitoso contra una agencia de contratación, un tribunal camboyano condenó a un gerente de la agencia de contratación VC Manpower a 13 meses de prisión por detener ilegalmente a menores trabajadores. Sin embargo, el gobierno no ha detenido ni enjuiciado a otros reclutadores involucrados abusos similares y no ha revocado la licencia de ninguna agencia de contratación.

 

"A pesar de que la condena de un reclutador abusivo en Camboya es un paso adelante, sigue siendo una excepción", dijo Poudyal. "El Gobierno de Camboya debe poner fin a la explotación sistemática de las trabajadoras del hogar, garantizando que todos los reclutadores rindan cuentas por sus actos".

 

Una vez en Malasia, las mujeres y las niñas camboyanas con frecuencia tienen que entregar sus pasaportes a sus reclutadores o empleadores, por lo que se les dificulta más escapar si son maltratadas. Muchas trabajan de 14 a 21 horas al día sin períodos de descanso o días libres. Y muchas se encuentran confinadas en sus lugares de trabajo, sin que se les brinde una alimentación suficiente, y son abusadas ​​física y verbalmente. Algunas han sido abusadas ​​sexualmente por sus empleadores. Ninguna de las trabajadoras que Human Rights Watch entrevistó dijo haber recibido su salario completo.

 

Las leyes laborales de Malasia excluyen a las trabajadoras del hogar migrantes de las protecciones fundamentales, como un día de descanso semanal, vacaciones anuales, o límites a las horas de trabajo. Las leyes de inmigración ligan la residencia de una trabajadora del hogar a su empleador, por lo que el empleador puede rescindir el contrato a una trabajadora del hogar a voluntad y negarle permiso para cambiar de empleo. Estas políticas limitan la capacidad de las trabajadoras del hogar para obtener reparación y cambiar de empleador, incluso en los casos de abusos, señaló Human Rights Watch.

 

Human Rights Watch documentó casos en los que la combinación del engaño y endeudamiento durante el reclutamiento, el confinamiento forzado, los salarios no pagados y las amenazas de represalias por escapar o no pagar las deudas equivalen a trabajo forzoso, como la trata y la servidumbre por deudas. Las trabajadoras abusadas ​​a menudo recurren a los agentes locales de las empresas que las contrataron, ya que normalmente son el único contacto que la trabajadora tiene en Malasia, pero podrían enfrentar intimidación y ser regresadas al mismo empleador abusivo. La embajada de Camboya en Kuala Lumpur, la capital de Malasia, también ha devuelto a las trabajadoras, incluso a aquellas que han experimentado abuso físico y sexual, a su agencia de contratación y empleador.

 

El Gobierno de Camboya debe introducir una ley migratoria integral, fortalecer la supervisión de las agencias de contratación e imponer sanciones significativas cuando ocurran violaciones, dijo Human Rights Watch. El Gobierno de Malasia debe revisar su legislación laboral y de patrocinio para reforzar la protección de las trabajadoras del hogar. Ambos países deben incrementar los servicios de apoyo para las trabajadoras del hogar maltratadas, lo que incluye asistencia jurídica y servicios psicológicos.

 

Human Rights Watch también instó a Camboya y Malasia a ratificar la Convención sobre el trabajo doméstico de la OIT. El tratado obliga a los gobiernos a garantizar condiciones dignas de trabajo, imponer un requisito de edad mínima para el trabajo del hogar, y a proteger a los trabajadores domésticos de la violencia y las prácticas de explotación del reclutamiento.

 

"Cuando la embajada de Camboya en Malasia devuelve a las trabajadoras maltratadas ​​a sus agencias de contratación, expone a las mujeres que han sufrido enormemente al riesgo de más abusos", dijo Poudyal. "Camboya y Malasia deben ratificar el nuevo Convenio de la OIT sobre el trabajo doméstico, pero deben comenzar a aplicar sus disposiciones incluso antes de finalizar su ratificación para salvaguardar los derechos de los trabajadores del hogar nacionales".

 

Relatos seleccionados de víctimas y sus familiares entrevistados para el informe:

 

No se utilizan sus nombres reales para proteger su identidad.

 

Sorn Srey Leak, una trabajadora del hogar, describió su experiencia en un centro de formación:

 

Dos semanas después de que empecé a vivir en el centro de formación, me enfermé. Llamé a mi madre y le pedí que trajera dinero y pagara el préstamo para que yo pudiera regresar a casa. Sin embargo, la empresa pidió a mi madre pagar $450. Estábamos sin un centavo. ¿Cómo íbamos a poder pagar ese dinero?

 

Chain Channi, una trabajadora del hogar que empezaba a trabajar diariamente a las 5:00am y no podía irse a dormir hasta las 3:00am, nunca tuvo la oportunidad de descansar. Ella describió su experiencia en casa de su empleador en Malasia:

 

Si terminaba mi trabajo rápido, mi jefe me obligaba a limpiar la casa otra vez. La esposa de mi empleador me gritaba y me golpeaba todos los días. Me patea[ba], me abofeteaba, me jalaba el pelo y me golpeaba en todo el cuerpo ... El empleador también me golpeaba con sus manos y me pateaba. Nunca recibí mi sueldo.

 

Thy Thip, de 16 años y prospecta empleada del hogar, recordó su experiencia durante su reclutamiento en Camboya:

 

Le dije al reclutador que aún no contaba con la edad suficiente. El reclutador me dijo que, debido a mi aspecto físico, aparentaba ser mayor, y mi edad no representaba ningún problema. Presenté mi solicitud para trabajar en Malasia y obtener ingresos para mi familia, que es muy pobre.

 

Sok Sen describió lo que sucedió después de que su esposa se escapara de un centro de formación:

 

Ella quería volver a casa, pero la agencia le exigió que les pagan $1,000 ... Traté de encontrarla, pero no sé dónde está ... El representante de la compañía dijo que si mi esposa no regresa, iba a subastar la casa y la tierra. Y si la subasta no era suficiente, me iban a arrestar y meter a la cárcel.