Municipio de Kamenica/Kamenice. Milana Stojanovic es una desplazada interna romaní, originaria de Kolanski Most (en el mismo municipio). Su casa fue incendiada por personas de etnia albanesa en 1999, reconstruida en 2000 por personal del PNUD, y posteriormente quemada otra vez para evitar el regreso de la familia.

© 2009 Andrew Testa/Panos para Human Rights Watch

(Pristina, 28 de octubre de 2010) - Los romaníes y los grupos minoritarios relacionados deportados de Europa Occidental a Kosovo se enfrentan a la discriminación y a privaciones graves equivalentes a abusos contra los derechos humanos, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy.

El informe de 77 páginas, "Rights Displaced: Forced Returns of Roma, Ashkali and Egyptians from Western Europe to Kosovo" (Desplazamiento de derechos: Devoluciones forzadas de romaníes, ashkalíes y egipcios de Europa Occidental a Kosovo), documenta los graves problemas de derechos humanos a los que se enfrentan los que se fueron de Kosovo a Europa Occidental y fueron enviados posteriormente de regreso. Experimentan problemas para obtener documentos de identidad y recuperar la posesión de cualquiera de sus propiedades. También tienen dificultades para acceder a vivienda, atención sanitaria, empleo y servicios de bienestar social. Muchos acaban en lugares alejados de sus familiares. Las deportaciones son especialmente duras para los niños, muy pocos de los cuales continúan su escolarización debido a la falta de dominio del idioma, las diferencias de los programas de estudios y la pobreza.

"Europa está enviando a las personas más vulnerables de Kosovo de regreso a la discriminación, la exclusión, la pobreza y el desplazamiento", señaló Wanda Troszczynska-van Genderen, investigadora sobre los Balcanes Occidentales de Human Rights Watch. "Si los líderes europeos planean seriamente mejorar la terrible situación de los romaníes, los ashkalíes y los egipcios, deberían suspender las deportaciones a Kosovo y garantizar una asistencia adecuada para los que ya han sido enviados de regreso", agregó.

Alrededor de 50,000 romaníes, la mayoría serbo-parlantes y dos minorías albano-parlantes (ashkalíes y egipcios, que afirman ser originarios del antiguo Egipto), han sido deportados a Kosovo desde 1999. Las cifras parecen abocadas a crecer, ya que hasta 12,000 personas se enfrentan a la deportación tan sólo en Alemania. La falta de asistencia de los donantes internacionales y del Gobierno de Kosovo a las personas deportadas conlleva que la carga de ayudarles cuando llegan a Kosovo recaiga en las comunidades kosovares de romaníes, ashkalíes y egipcios, la mayoría de los cuales viven en terribles condiciones de pobreza.

Los romaníes, ashkalíes y egipcios de Kosovo han constituido históricamente su minoría más pobre y más marginada a nivel económico, político y social. En los últimos años, muchos se han visto desplazados por la guerra, el conflicto étnico, la pobreza extrema y la inestabilidad política. Su presencia ha disminuido de más de 200,000, antes de la guerra en 1999, a los 38,000 actuales. Los romaníes han sido frecuentemente el objetivo de ataques violentos y del desprecio de algunos albanokosovares (el grupo étnico más numeroso de Kosovo) que los consideran "colaboradores" de la población minoritaria de origen serbio.

Algunos han obtenido la condición de refugiados en el extranjero, mientras que otros están bajo el amparo de mecanismos de protección temporal. Durante su estancia en Europa Occidental, los romaníes, ashkalíes y egipcios viven en condiciones incomparablemente mejores que las de Kosovo. Sus hijos, con frecuencia nacidos en el extranjero, aprenden el idioma y adoptan la cultura y el estilo de vida de los países de acogida en Europa Occidental. Suelen crecer sin hablar las lenguas maternas de sus padres.

No obstante, algunos de los que se van a otros países no obtienen asilo o se vence el plazo de su protección temporal, lo que los expone a la deportación. Algunos de los retornados por la fuerza no pueden obtener documentos de identidad de Kosovo y carecen de documentación yugoslava o serbia que establezca su residencia previa en la región, lo que los convierte en apátridas de facto, con frecuencia durante períodos prolongados.

En abril, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, criticó las deportaciones y afirmó que desestabilizan la situación de seguridad en Kosovo y agravan los problemas que enfrentan estos grupos minoritarios en el país. El comisario de derechos humanos de la Unión Europea, Thomas Hammarberg, y el Parlamento Europeo han pedido también que se suspendan las devoluciones durante este año hasta que mejoren las condiciones.

Las directrices del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados instan a los países a no deportar a los romaníes; y señalan que sólo se puede devolver a los ashkalíes y egipcios después de una evaluación individual del riesgo y por etapas, teniendo en cuenta la capacidad limitada de Kosovo para acogerlos.

"Existe un consenso creciente en que estas deportaciones están poniendo en riesgo a los romaníes, ashkalíes y egipcios, y empeorando las condiciones de vida de los que ya se encuentran en Kosovo", señaló Troszczynska-van Genderen. "Las responsabilidades de los gobiernos de la UE no se circunscriben a sus fronteras. Tanto ellos como otros donantes tienen que centrarse en la mejora de las condiciones sobre el terreno, en lugar de enviar a personas de regreso a una situación desesperada", agregó.

Desde 2009, el Gobierno de Kosovo ha firmado acuerdos de readmisión con Alemania, Bélgica, Francia, Suiza y Noruega, y está negociando acuerdos con otros países. Kosovo está muy interesado en estrechar sus relaciones con la UE y otros países europeos. Estos acuerdos, y la ausencia de controles de Kosovo antes de los retornos forzados, abren la posibilidad de un número aún mayor de deportaciones, generan un riesgo real de abusos contra los derechos humanos y agravan las condiciones de crisis para los deportados, sus familiares y la comunidad kosovar en general.

El informe observa que el Gobierno kosovar contribuye a los problemas de los romaníes y otras personas expulsadas al no insistir en que los gobiernos que los deportan ayuden a crear condiciones adecuadas para ellos en Kosovo. Kosovo tampoco ha adoptado medidas adecuadas para regular los retornos y ayudar a los deportados a reintegrarse en la sociedad.

No se ha llevado a cabo una estrategia creada en 2007 para reintegrar a los deportados por la fuerza y otros retornados, y el Gobierno kosovar ha avanzado muy poco en su estrategia más amplia, diseñada también en 2007, para mejorar los derechos de todas las comunidades romaníes, ashkalíes y egipcias.

El informe recomienda:

  • Una moratoria inmediata de los regresos forzados hasta que mejoren las condiciones;
  • Medidas urgentes para prestar asistencia a los que han sido deportados;
  • Plena implementación de las estrategias del Gobierno de Kosovo para la integración de los retornados forzados y la mejora de las condiciones en todas las comunidades romaníes, ashkalíes y egipcias.

Las deportaciones desde Alemania han resultado especialmente controvertidas, y los partidos de la oposición y las organizaciones no gubernamentales han condenado recientemente esta política en el seno del Parlamento alemán.

Un cambio reciente de la política de deportaciones en el estado alemán de Renania del Norte-Westfalia, donde reside al menos el 40 por ciento de los romaníes, ashkalíes y egipcios kosovares del país, indica que la reforma es posible. En septiembre, el Ministerio del Interior del estado emitió un decreto que, aunque no llega a suspender totalmente las deportaciones, reconoce la necesidad de protección especial de los grupos kosovares, requiere evaluaciones individuales antes de la expulsión y recomienda que no se deporte a niños en edad escolar.