El juicio a Slobodan Milosevic, que finalizó con su muerte, antes de que se dictara sentencia, ha generado evidencia importante sobre el rol desempeñado por Belgrado en la promoción de los conflictos en la ex-Yugoslavia, señaló Human Rights Watch en un informe difundido hoy.

“Aunque Milosevic nunca fue condenado, la evidencia presentada en el juicio demostró la manera en que Belgrado orquestó las feroces guerras en Bosnia, Croacia y Kosovo,” dijo Sara Darehshori, Consejera Senior del Programa de Justicia Internacional de Human Rights Watch. “El juicio a Milosevic también arrojó enseñanzas sobre cómo manejar – o no – los juicios futuros a oficiales de alto rango acusados de crímenes a gran escala.”

El informe de 76 páginas, titulado “Sopesando la evidencia: lecciones aprendidas del juicio a Milosevic,” examina evidencia clave presentada en el juicio, constituyendo el relato más comprensivo hasta la fecha sobre los conflictos ocurridos en Croacia, Bosnia y Kosovo. De acuerdo con el informe, el juicio arrojó luz sobre la manera en que los líderes de Belgrado y la República Federal de Yugoslavia financiaron las guerras; sobre cómo suministraron materiales a los croatas y serbo-bosnios; y sobre cómo crearon estructuras administrativas y de personal para prestar apoyo a los ejércitos serbo-croatas y serbo-bosnios. El informe da cuenta de los mecanismos empleados por Belgrado, algunos de los cuales eran secretos hasta ahora, para intensificar los conflictos.

La decisión de Milosevic de entregarse al Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia (TPIY) en junio de 2001 despertó grandes esperanzas y generó una intensa controversia en la ex-Yugoslavia. Su juicio constituyó el primer y probablemente único caso del TPIY donde se examinó el papel desempeñado por Belgrado en los tres conflictos. La muerte de Milosevic el 11 de marzo de 2006 trajo un final desafortunado para “el juicio del siglo,” privando a las numerosas víctimas de las guerras de Yugoslavia de la oportunidad de un juicio final.

La duración y manera de llevar adelante el proceso ya había despertado preocupación entre los observadores del juicio, pero su abrupto final desató una lluvia de críticas sobre la ineficacia de ese tipo de procesos y sobre su viabilidad. El tribunal aún no ha encontrado la forma de lidiar con las personas acusadas de haber cometido crímenes de guerra que, como en el caso de Milosevic, insisten en ejercer su propia defensa.

El informe examina las críticas al juicio a Milosevic y extrae una serie de lecciones sobre cómo manejar procesos judiciales que resultan de utilidad para los tribunales nacionales e internacionales que tienen la responsabilidad de juzgar crímenes de guerra.
“Se puede aprender mucho de la manera en que fue llevado adelante el proceso,” señaló Darehshori. “El comienzo del juicio 11 días después de que se decidiera combinar los cargos relativos a Kosovo, Croacia y Bosnia en un solo caso tuvo un efecto muy negativo.”

Las lecciones para los juicios futuros que se discuten en “Sopesando la evidencia” incluyen las siguientes:

• Asegurar un período de instrucción adecuado para un juicio expeditivo con la finalidad de acotar los temas y permitir la preparación apropiada de todas las partes;
• Limitar los cargos contra el acusado, circunscribiéndolos a los crímenes más serios que se le imputan, y evitar las duplicaciones;
• Limitar el número de crímenes tratados en los juicios contra funcionarios de alto rango;
• Requerir que el derecho a ejercer la propia defensa quede sujeto a la capacidad del defendido de cumplir con el rol de abogado y de asistir regularmente a las sesiones del juicio; y,
• Si bien el empleo de testimonios escritos puede hacer más expeditivo el juicio, es importante tomar los recaudos necesarios para asegurar que los observadores tengan acceso a los testimonios escritos y puedan seguir las examinaciones cruzadas.

Contexto

El 24 de mayo de 1999, el TPIY procesó a Milosevic, junto a otros cuatro oficiales y funcionarios de alto rango, por crímenes de lesa humanidad cometidos por las tropas yugoslavas y serbias que se encontraban bajo su comando en Kosovo hacia comienzos de 1999. Los presuntos crímenes incluyen la matanza de cientos de albanos, las deportaciones forzadas de cientos de miles de personas y las persecuciones por motivos raciales, religiosos y políticos.

El tribunal procesó a Milosevic por segunda vez el 8 de octubre de 2001 por crímenes que presuntamente cometió en Croacia. En el procesamiento se acusó a Milosevic de múltiples cargos de asesinato, tortura, detención, deportación y otras atrocidades cometidas durante el intento de limpieza étnica llevado a cabo en Croacia entre 1991 y 1992.

El 22 de noviembre de 2001, el TPIY dictó un tercer auto de procesamiento contra Milosevic por crímenes en Bosnia. El mismo incluyó un cargo de genocidio, un cargo de complicidad con genocidio y 27 cargos adicionales de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad resultantes del conflicto en Bosnia-Herzegovina entre 1992 y 1995. Los cargos vinculados a Bosnia incluyen el bombardeo de Sarajevo y el asesinato en masa de miles de hombres y niños musulmanes en Srebrenica, ambos sitios declarados “áreas seguras” por la ONU, así como el caso del campo de detención de Omarska.

El juicio en el que se trataron estas tres acusaciones comenzó el 12 de febrero de 2002 y finalizó el 14 de marzo de 2006, tras el fallecimiento de Milosevic.