Al conmemorar el Día de los Derechos Humanos, nos enfrentamos a insuficientes esfuerzos del mundo para salvar al pueblo de Darfur, oeste de Sudán, del peor escándalo del año en materia de derechos humanos. Con el avance considerable del gobierno sudanés y su milicia étnica en campaña de asesinato, violación, pillaje y desalojo forzado, y después de varias resoluciones del Consejo de Seguridad sobre la crisis de Darfur, los países del mundo ya no pueden alegar su desconocimiento.

El éxito de la defensa global de los derechos humanos está en juego. Frente a los crímenes de Jartum contra la humanidad — atrocidades que algunos han llegado a tildar de genocidio — no es suficiente su condena, como tampoco alimentar a las víctimas y enviar a un puñado de fuerzas mal equipadas de la Unión Africana a observar la masacre y la consolidación de la limpieza étnica. No se ha ejercido ninguna presión significativa sobre el gobierno sudanés para que ponga freno a su campaña de asesinatos. No se ha enjuiciado a ninguno de los que dirigen la matanza. Ningún gobierno ha cumplido su responsabilidad de proteger al pueblo de Darfur de esa masacre.

Para poner fin a las atrocidades en Darfur y crear adecuadas condiciones para que los desplazados puedan regresar a salvo a sus casas, se tienen que reforzar significativamente los 3.500 efectivos de la Unión Africana autorizados en Darfur — una miseria para un área del tamaño de Francia con pocas carreteras o infraestructuras. Además, se debe ampliar su mandato para incluir la protección de civiles. A pesar de estar preocupados por otras partes del mundo, las principales potencias fuera del África también tienen un deber de protección y asistencia.

Asimismo, se debe garantizar que se llevará ante la justicia a los que dirigen las atrocidades en Darfur. Es probable que la comisión de investigación establecida por el Consejo de Seguridad de la ONU recomiende en enero que el Consejo remita los hechos de Darfur a la Corte Penal Internacional. ¿Dejará China pasar sus contratos petroleros para permitir que el caso siga adelante? ¿Dejará Rusia que sus ventas de armas a Jartum se interpongan en el camino? ¿Superará Estados Unidos su antipatía por la Corte para permitir el enjuiciamiento de crímenes que denomina de genocidio? O, mientras los habitantes de Darfur siguen sufriendo y muriendo, ¿Washington insistirá en perder tiempo estableciendo un tribunal diferente? Las recurrentes declaraciones de preocupación del Consejo de Seguridad sonarán vacías si su respuesta a las peticiones desesperadas desde Darfur consisten en permitir que reine la impunidad al mantener un total hermetismo o no ejercer ninguna acción concreta.

El 10 de diciembre también marca la reanudación de las conversaciones de paz en Abuja, Nigeria, entre el gobierno sudanés y los dos grupos rebeldes darfurianos. El final de los combates ayudaría sin duda a los habitantes de Darfur, pero las atrocidades no son un simple producto de la guerra. Más bien, son el resultado de la decisión de Jartum de luchar contra una insurgencia atacando directamente a cientos de miles de civiles que pertenecen a la misma etnia que los rebeldes.

Mientras esperamos la llegada de la paz y de una solución política a la crisis, no tenemos que perder de vista las atrocidades que son la causa primordial del sufrimiento actual en Darfur. En el proceso de paz para resolver los 21 años de guerra en otra parte de Sudán, el sur, se cometió el grave error de ignorar atrocidades similares cometidas en esa zona. Esa impunidad motivó envalentonó a Khartoum para reanudar las atrocidades en Jartum, cuando surgió esta nueva insurgencia. Este error no debe repetirse. En el Día de los Derechos Humanos debemos recordar que la tragedia de Darfur es fundamentalmente una crisis de derechos humanos. El problema no cesará hasta que la comunidad internacional comprometa recursos militares y procesales suficientes para proteger a los habitantes de Darfur de las depredaciones en Jartum.