Se suponía que la idea de intervención humanitaria iba a mantenerse como en los noventa. El uso de la fuerza militar en el extranjero para detener asesinatos en masa se consideraba un lujo, en una época en que las preocupaciones por la seguridad nacional entre las principales potencias eran menos acuciantes y los problemas de la seguridad de la humanidad podían ponerse en la palestra.