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Un acto homicida en Berlín

La respuesta comedida de las autoridades debería guiar la reacción de Alemania al estremecedor atentado con un camión

El lunes por la noche, un camión embistió un mercado de Navidad en Berlín. Tras el ataque, que dejó 12 muertos y 48 heridos, Berlín quedó sumida en un extraño silencio. Las calles estaban desiertas, y los trenes y autobuses circulaban prácticamente vacíos.

Parecía como si Berlín hubiera estado preparada para un atentado de estas características. Las personas regresaron a sus casas con calma. No hubo clima de pánico. En Breitscheidplatz, el lugar de los hechos, la policía llegó en pocos minutos y asumió el control de la situación. Numerosos testigos señalaron que la policía se mostró firme, pero amistosa.

Policías de pie junto al camión que anoche arremetió contra un concurrido mercadillo de Navidad en la capital alemana, Berlín, 20 de diciembre de 2016. © 2016 Reuters

Muchos berlineses tuvieron el mismo pensamiento y muchos lo expresaron en voz alta: “Roguemos que este no sea un atentado del terrorismo islamista”. Los funcionarios también se mostraron cautos y evitaron especular. Por Twitter, la policía pidió al público que no hiciera correr rumores. En un discurso por televisión durante la noche, mientras las investigaciones todavía estaban en curso, el ministro federal del Interior Thomas de Maiziere se negó a usar descuidadamente la etiqueta de terrorismo. “Verán, las palabras que se elijan tendrán un efecto psicológico en todo el país”, explicó.

Estas reacciones iniciales prudentes, por parte de la policía, del gobierno central y local, y de los mismos berlineses, fueron notables y dignas de admiración. Sin embargo, un sector de la política alemana entró en acción con comentarios tan despreciables como predecibles: los populistas xenófobos.

“Estos son los muertos de Merkel”, expresó por Twitter un dirigente del partido populista AfD cuando trascendieron versiones de que el presunto agresor podría ser un solicitante de asilo. Y varios políticos del partido de derecha CSU reclamaron medidas para que la actual política alemana en materia de refugiados sea más severa.

La canciller Angela Merkel reconoció que sería “particularmente difícil para todos nosotros si se confirma que este delito lo cometió una persona que pidió protección y asilo en Alemania”. Sin embargo, es cínico culpar por lo sucedido a la política humana sobre refugiados de Merkel. Las fuerzas de seguridad alemanas han logrado evitar varios atentados potenciales similares, algunos de ellos mucho antes de que la cantidad de personas que piden protección aumentara drásticamente en 2015.

Vivo a diez minutos a pie de Breitscheidplatz. Mi sobrino estuvo en este mismo mercado navideño apenas una hora antes de que empezara el estrago. En mi caso, este atentado ocurrió literalmente cerca de mi casa, y entiendo la necesidad de sentirse seguro.

Pero no deberíamos olvidar jamás que las reacciones irreflexivas podrían restringir no solo los derechos de refugiados y otras minorías, sino también del resto de la población. Es demasiado pronto para saber cómo va a reaccionar Alemania a este evento sobrecogedor. Sin embargo, si se toman represalias contra ciertos grupos, entonces los demagogos estarán un paso más cerca de su objetivo de debilitar a una democracia basada en los derechos y en la libertad y la dignidad de todas las personas. La seguridad absoluta no existe. Pero la negación absoluta de los derechos individuales sí es una posibilidad real.

La reacción comedida de la policía y el gobierno alemán luego del ataque ha sido loable, y es este enfoque el que debería servir de pauta para cualquier otra respuesta.

 

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