La antigua ciudad de casas de barro de Saada, bajo control de los rebeldes Houthi desde 2011, estaba casi desierta cuando Belkis Wille llegó a finales de mayo para investigar los daños causados ​​por los bombardeos aéreos de la coalición de Arabia Saudita contra Yemen. En ese momento, las calles estaban incineradas, salpicadas de cráteres, pero vacía de personas - la mayoría de las mujeres y los niños ya habían huido, luego de las advertencias saudíes de que la coalición de nueve países consideraría a esa ciudad de 40.000 residentes como un objetivo militar.

Conforme Belkis y su colega Ole Solvang comenzaron a indagar entre los habitantes que permanecieron en la ciudad después de los ataques aéreos, una y otra vez escucharon una historia en particular - el ataque a un inmueble de dos pisos,  una edificiacion de dos casas residenciales en las que murieron 27 miembros de la familia al-Ibbi, incluyendo 17 niños. "Todo el mundo nos narraba esa historia, porque era tan dramática", recuerda Belkis. "Pero también porque la gente del pueblo insistía en que el padre de familia era un simple barbero retirado, que sus hijos trabajaban en dos peluquerías de la familia, y que no tenían ninguna conexión con las fuerzas rebeldes Houthi."

El 5 de mayo 2015 la coalición bombardeo la casa de Walid al-Ibbi matando a 27 miembros de su familia. Walid sobrevivió.

© 2015 Ole Solvang/Human Rights Watch

El 26 de marzo fue el primer día de los ataques aéreos saudíes, la intención era expulsar a los huthis, que habían tomado Saada, la capital, y gran parte del resto de Yemen. Mientras que numerosos ataques alcanzaron objetivos militares, otros destruyeron escuelas, centros educativos para la alfabetización de adultos, y una oficina de correos, así como casas de civiles. Belkis y Ole escribieron su informe, "Agresiones deliberados contra Saada: ataques aérea ilegales a manos de la coalición contra Saada en Yemen", para persuadir a los países miembros de la coalición a que tuvieran mayor cuidado e identificaran únicamente objetivos militares para atacar y a que tomen todas las medidas posibles para reducir el daño a civiles. La guerra ya ha generado más de 1.400 muertes de civiles, muchas de ellas, a causa de los ataques aéreos. Esa coalición incluye a Bahrein, Jordania, Kuwait, Marruecos, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Estados Unidos, por su parte, ha dicho que proporciona inteligencia y apoyo logístico para los ataques aéreos.

Mientras Belkis y Ole caminaban por las ruinas de la casa de al-Ibi, residentes locales describieron el bombardeo y narraron que había cuerpos entre los escombros. "Dos vecinos en particular estaban tan angustiados que se interrumpían y hablaban al mismo tiempo, gritando para hacerse oír, en un intento por comunicar la naturaleza horrible del ataque", dijo Belkis. "Nos mostraron un documento escrito a mano con los nombres y las edades de los muertos, en el momento en que vimos la extensión de la lista nos dimos cuenta de que realmente había sido un incidente terrible".

El ataque ocurrió el 5 de mayo, dos días antes de que el grupo militar saudí anunciara que consideraría a toda la región de Saada como un objetivo militar - una advertencia que es ilegal en sí, ya que las leyes de guerra, que rigen la conducta en los conflictos armados, obliga a las partes en conflicto a distinguir entre civiles y combatientes y a tomar todas las precauciones posibles para minimizar el daño a civiles. Aún así, una vez emitida la advertencia, los que pudieron huir fueron en su  mayoría aquellos que pudieron darse el lujo de conseguir combustible en el mercado negro para huir Saada, al igual que la mayoría de los comandantes Houthi de alto nivel dejando la defensa, de la que fuera alguna vez una  hermosa ciudad, a manos de soldados rasos que sobreviven de conservas de atún y leche condensada.

Después de que la primera bomba golpeara el centro cultural de la ciudad, vecinos dijeron que la segunda bomba alcanzó la planta bajo de un edificio de apartamento, donde se reunían todos los miembros de la familia de al-Ibbis debido a que una de las cuatro hijas de Walid al-ibbi acababa de recibir una propuesta de matrimonio. El primer ataque dañó la casa, pero no afectó a los residentes que aterrorizados, huyeron a buscar refugio en otra parte del edificio, todos menos Walid al-Ibi, de 35 años de edad quien optó por irse a la casa de un vecino. Cuando apenas había tocado la puerta de su vecino, dos bombas más impactaron las residencias de la familia de al-Ibi, destruyéndolas casi en su totalidad. Sólo Abdullah, padre de Walid y dos hermanos sobrevivieron.

Walid se reunió con Belkis en la entrada de un hospital en Saada, donde su padre estaba siendo tratado por las lesiones que sufrió. Caminaron a un jardín cercano, donde Walid tuvo la suficiente confianza para contar su historia. "Se sentía asustado y completamente inútil - no sabía que hacer, a dónde ir,  no está feliz en Saada ", comentó Belkis. "Me dijo: 'no conozco a nadie aquí, es una ciudad muy grande pero tengo que quedarme por mi padre y hermanos. Sólo quiero ir a casa.’ " Pero luego agachó la mirada y dijo: “realmente no sé lo que me espera en casa."

Walid mostró a Belkis  un video que llevaba en su teléfono celular y que había sido grabado por uno de sus vecinos donde se puede observar  los cuerpos de sus familiares mientras los sacaban de entre los escombros, escenas sangrientas de horror que observaron desde el hospital. Walid fue describiendo los nombres y las edades de sus parientes muertos, y luego mostró los retratos de sus cuatro hijas. "Me pareció que este terrible video es la única prueba que tiene Walid de este terrible error que se ha cometido contra él y quiere mostrarlo porque no le queda nada más", dijo Belkis. "Fue muy difícil verlo debido a la gran cantidad de niños pequeños, en un momento se observa como un vecino sostiene a una bebé muerta dos meses de edad y luce como una muñeca rota."

El hermano Walid, de 25 años de edad, fue dado de alta en Saada, pero su otro hermano sigue recibiendo tratamiento. Cuando Belkis habló la ultima vez con Walid su padre estaba a punto de someterse a una cirugía y los médicos le había advertido que había un riesgo importante de que tuviera daño cerebral. Desde esa fecha, ella no ha podido retomar el contacto con él, tal vez la batería de su teléfono esté descargada debido a los cortes de energía.

 "Sinceramente espero que nuestro trabajo de lugar a que la coalición, los EE.UU. y otros países que apoyan la coalición, asegure medidas de vigilancia más estrictas para proteger a los civiles de los daños", dijo Belkis. "Tal vez esa meta es demasiado ambiciosa pero al menos nos consuela un poco haber ayudado a Walid contar su historia. Ahora el mundo sabrá que perdió casi toda su familia, que su hija nunca se casará, que no le queda nada. Y esa es una razón por la que hacemos lo que hacemos".