Site of a car bomb explosion in the Abbasiyah neighborhood of Homs, Syria, on April 29, 2014.

© 2014 STR/AFP/Getty Images

(Nueva York) – Grupos armados de la oposición en Siria han atacado indiscriminadamente con coches bomba, morteros y cohetes a civiles en territorios controlados por el gobierno, aseguró Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Estos ataques han matado y mutilado a cientos de civiles y han destruido propiedades e infraestructura civil, en lo que constituye una violación de las leyes de la guerra.

El informe de 79 páginas, “‘He Didn’t Have to Die’: Indiscriminate Attacks by Syrian Opposition Groups” (“‘Él no tenía por qué morir’: los ataques indiscriminados de los grupos sirios de la oposición), documenta decenas de ataques en zonas densamente pobladas, controladas por el gobierno, en Damasco y Homs, entre enero de 2012 y abril de 2014, y que continúan en 2015. Las conclusiones se basan principalmente en las declaraciones de víctimas y testigos, investigaciones sobre el terreno, videos disponibles al público e información en redes sociales.

“Hemos visto que la situación en Siria ha empeorado, los grupos rebeldes están imitando la crueldad de las fuerzas gubernamentales, originando consecuencias devastadoras para la población civil”, dijo Nadim Houry, subdirector para Medio Oriente. “Los civiles están pagando el precio, tanto en las zonas controladas por el gobierno como en las controladas por los rebeldes, y la respuesta internacional no está siendo suficiente”, añadió.

Human Rights Watch documentó 17 atentados con coches bomba y otros ataques con artefactos explosivos improvisados en Jaramana, a las afueras de Damasco; uno en el centro de Damasco; seis en los barrios de al-Zahra y Akrama, en Homs, y uno en la localidad de Thabtieh, en la zona rural de Homs. Muchas de estas zonas albergan una gran concentración de minorías religiosas, incluyendo cristianos, drusos, chiitas y alawitas, que a menudo son percibidos como simpatizantes del gobierno.

Los atentados con coches bomba tuvieron lugar en zonas comerciales y residenciales, centros de ciudades y, en un caso, en un cementerio durante un funeral. En varias ocasiones explotaron dos bombas, una poco después de la otra, en un aparente intento por maximizar las víctimas mortales y heridos.

Los ataques con coche bomba han continuado, incluido un doble atentado el 1 de octubre cerca de una escuela primaria en Akrama, Homs, que, según los medios de comunicación, acabó con la vida de decenas de civiles, la mayoría de ellos niños.

En todos los ataques con coche bomba que Human Rights Watch investigó, los testigos aseguraron que no había ningún blanco militar del gobierno sirio en los alrededores. Además de indiscriminados, muchos de estos ataques parecían tener la intención de sembrar el pánico entre la población civil. Ningún grupo armado se atribuyó la responsabilidad de la mayoría de los atentados con coches bomba, aunque los grupos islamistas extremistas Jabhat al-Nura y Estado Islámico (también conocido como ISIS) se atribuyeron la responsabilidad de diez de los 25 ataques documentados en el informe.

Los grupos armados opuestos al gobierno también dispararon con frecuencia morteros, cohetes de fabricación local y otra artillería contra Damasco, sus alrededores y Homs, en ataques aparentemente indiscriminados que causaron numerosas bajas civiles. Entre los cientos de ataques de este tipo en Jaramana, al menos seis impactaron en o cerca de escuelas repletas de niños, dos dieron contra instalaciones de asistencia y refugio, y cuatro alcanzaron zonas residenciales del centro.

En Homs, los grupos armados de la oposición a menudo bombardearon áreas pobladas controladas por el gobierno. A pesar de que afirman con insistencia en declaraciones públicas que están atacando a las fuerzas gubernamentales, entrevistas a testigos y visitas a los lugares donde se produjeron los ataques no revelaron evidencia de que hubiera objetivos militares en las proximidades, lo que los haría indiscriminados y posiblemente los convertiría en ataques deliberados contra civiles.

Algunos grupos armados de la oposición han indicado en declaraciones públicas que todos los medios son legítimos para luchar contra el gobierno del presidente Bashar al-Assad, afirmando que aquellos que viven en áreas controladas por el gobierno pueden ser atacados en represalia por los ataques contra civiles en las zonas de la oposición, y que la población percibida como asociada o simpatizante del gobierno es blanco de ataque.

Estos argumentos carecen de validez de acuerdo a las leyes de la guerra. Independientemente de las violaciones cometidas por las fuerzas del gobierno de Siria y las milicias progubernamentales, que Human Rights Watch también lleva mucho tiempo documentando, los grupos armados de la oposición están obligados a respetar las leyes de la guerra. El respeto de la ley no depende de la reciprocidad (es decir, que la ley solo debe ser obedecida si la otra parte también lo hace), sino que ambas partes en el conflicto tiene su propia obligación de actuar de acuerdo con la ley, sin importar cuáles sean las acciones de la otra parte.

Todas las partes en conflicto, incluso los grupos rebeldes, tienen prohibido lanzar ataques que estén dirigidos deliberadamente contra civiles, que no distingan entre civiles y combatientes y que causen pérdidas civiles desproporcionadas frente a las ganancias militares esperadas. Los individuos que planifican, ordenan o llevan a cabo ataques ilegales con intenciones criminales, incluso como una cuestión de responsabilidad de mando, son objeto de enjuiciamiento por crímenes de guerra.

En febrero de 2014, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó la Resolución 2139 que exige que “todas las partes pongan de inmediato fin a todos los ataques perpetrados contra civiles, así como al uso indiscriminado de armas en zonas pobladas”. Sin embargo, los ataques ilegítimos cometidos por todas las partes involucradas en el conflicto en Siria continúan a día de hoy. El Consejo de Seguridad debería remitir la situación en Siria a la Corte Penal Internacional e imponer un embargo de armas a las fuerzas que de manera creíble cometan graves abusos de manera generalizada y sistemática, recomendó Human Rights Watch.

Todas las partes en el conflicto deberían poner fin a todos los ataques deliberados, indiscriminados y desproporcionados contra los civiles. Personas influyentes a favor de uno u otro bando, incluyendo líderes religiosos y políticos en Siria y en otros países, deberían condenar a todas las partes por los ataques ilegales. Los gobiernos y las personas que a título individual brindan asistencia militar a los combatientes que cometen graves violaciones de manera generalizada y sistemática de las leyes de la guerra corren el riesgo de ser cómplices de dichos abusos y deberían, por lo tanto, poner fin a su asistencia.

“Dado que ambas partes ignoran la resolución del Consejo de Seguridad condenando los ataques indiscriminados, el Consejo debería tomar medidas más estrictas para castigar a aquellos que cometan crímenes de guerra”, aseguró Houry.

Testimonios
“De camino me tropecé con una mano arrancada. Las personas que estaban más cerca del coche estaban hechas pedazos. Entonces vi el cuerpo de mi padre en el suelo. Estaba intacto, pero tenía una herida –un agujero— en el lado izquierdo del pecho. Tenía la pierna rota, sobresaliendo en un ángulo raro. Intenté limpiarle la cara y lo abracé. Sentí su último aliento”. – Hani, describiendo el atentado con coche bomba del 28 de noviembre de 2012 en Jaramana que mató a su padre y hermano. (Noviembre de 2013).

“Escuché un sonido bajo, pensé que estaba soñando y entonces sentí cómo el cemento se sacudía, en una fracción de segundo me quedé atrapado entre el techo y el piso… Me di cuenta de que la niña pequeña (mi hija) que dormía a nuestro lado estaba muerta… No quise ir al hospital antes de asegurarme de que todo el mundo estaba bien, pero me obligaron… en el hospital esperé a que vinieran uno por uno, con la esperanza de que alguno entrara vivo. Pero no entró nadie”. – Un padre describiendo la muerte de su mujer y sus hijos tras un ataque suicida con un camión lleno de explosivos el 4 de noviembre de 2013, en Thabtieh, en la zona rural de Homs. (Noviembre de 2013).

“Mona estaba terminando el jardín de infancia y se estaba preparando para empezar la escuela. Estábamos hablando de comprar útiles escolares el día siguiente. No me acuerdo de lo que pasó, pero cuando me desperté estaba en el hospital y me dijeron que Mona había muerto”. – Una madre describiendo un ataque con cohete el 5 de junio de 2013, en Akrama, Homs. (Noviembre de 2013).

“Estaba viendo la TV, mi hija estaba jugando con la computadora y mi esposa estaba sentada en el suelo en medio de la habitación cuando impactó el cohete. Yo estaba consciente, gritaba, pero no me podía mover por todos los escombros que se me habían caído encima”. – Hady, describiendo un ataque con cohete el 9 de septiembre de 2013 en Akrama, Homs, en el que él, su hijo de 9 años y su hija de 28 fueron heridos. (Noviembre de 2013).