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Sudáfrica: Enorme pesar por la muerte de Nelson Mandela

Su vida personificó una valiente lucha por la libertad, la igualdad y la justicia

(Johannesburg) – La muerte de Nelson Mandela, ocurrida el 5 de diciembre de 2013, representa una enorme pérdida no sólo para Sudáfrica, sino también para el resto del mundo.

Mandela, quien lideró la lucha de varias décadas contra el apartheid en Sudáfrica, pasó 27 años en prisión debido a su labor de activismo. Tras su liberación en 1990, Mandela se convirtió en el primer presidente sudafricano después del fin del apartheid, en 1994. Uno de sus más valorados aportes fue conducir la transición pacífica del país hacia un sistema más equitativo y democrático.

“La vida de Mandela representó la lucha por la libertad, la igualdad y la justicia, todos ellos valores centrales de derechos humanos”, indicó Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch. “Su muerte nos recuerda el carácter excepcional de su liderazgo comprometido y digno, tanto en África como fuera de este continente”.

Nelson Mandela nació el 18 de julio de 1918. Luego de terminar la escuela secundaria, cursó estudios en la University of Fort Hare, donde comenzó a participar en política estudiantil. En 1944, se convirtió en miembro del Congreso Nacional Africano (CNA). Mandela integró la Liga Juvenil del CNA junto con Walter Sisulu, Oliver Tambo y otros activistas que lucharon contra el apartheid. En 1964, Mandela y otros 156 miembros de CNA fueron juzgados por sabotaje y condenados a prisión perpetua.

Durante el juicio, Mandela expresó: 

He aspirado al ideal de una sociedad libre y democrática, donde todas las personas convivan en armonía y con igualdad de oportunidades. Espero poder vivir para defender y alcanzar este ideal. Pero si fuera necesario, es una aspiración por la cual también estoy dispuesto a morir.

A pesar de haber sido condenado a prisión perpetua y vivir en prisión durante 27 años, hasta el año 1990, Nelson Mandela defendió apasionadamente y sin resentimientos la reconciliación y la necesidad de construir un nuevo estado sudafricano. Un aspecto clave de este cambio fue la ampliamente celebrada Constitución de Sudáfrica, que consagra valores fundamentales de dignidad humana, igualdad y libertad, así como la importancia de la construcción nacional, la participación pública y la cohesión social.

Después de casi dos décadas de democracia, Sudáfrica no se ha convertido en el país al cual aspiraba Mandela. Abundan la desigualdad y la pobreza, existen grandes deficiencias en el sector de educación y de salud, y Sudáfrica continúa dividida por las diferencias raciales y la profunda desigualdad económica.

“Mandela condujo a Sudáfrica para que dejara atrás un período de tinieblas y atrocidades”, indicó Roth. “La próxima generación de líderes del país deberá estar a la altura de los ambiciosos estándares marcados por este hombre y su acérrimo compromiso con los derechos humanos”. 

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