Soldados de las Fuerzas Republicanas de Costa de Marfil, en abril de 2011. Decenas de miles de jóvenes fueron armados durante el intento para sacar del poder a Laurent Gbagbo, después de que este se negara a reconocer la victoria de Alassane Ouattara en las elecciones presidenciales de 2010. Casi un año después, el país sigue inundado de armas pequeñas y algunos ex combatientes se han involucrado en delitos violentos ante una respuesta inadecuada del Estado.

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(Nairobi) - El Gobierno de Costa de Marfil debe abordar urgentemente la creciente ola de delincuencia dentro y en los alrededores de la ciudad central de Bouaké, la segunda ciudad más grande del país, señaló Human Rights Watch hoy. El Gobierno debe tomar medidas inmediatas para desarmar a los ex combatientes, a quienes se considera ampliamente estar implicados en los ataques, y equipar adecuadamente a los policías y gendarmes para proteger a la población e investigar los delitos violentos, señaló Human Rights Watch.

 

Desde principios de diciembre de 2011, por lo menos 22 personas han sido asesinadas en el centro de Costa de Marfil en una serie de ataques contra pasajeros que viajaban en motocicleta o vehículos comerciales. Las víctimas y testigos de Bouaké entrevistados por Human Rights Watch describieron 15 ataques de este tipo, los cuales se saldaron con por lo menos 13 hombres asesinados a tiros y cinco mujeres violadas. Los residentes de Bouaké afirman que a diario se producen asaltos en los caminos, y que esto es parte de un aumento notable en los delitos violentos que ha paralizado la vida cotidiana. Los residentes marfileños dijeron ni la Policía ni los gendarmes no han investigado adecuadamente estos violentos ataques, ni los han protegido de los mismos.

 

"El pueblo de Costa de Marfil ha sufrido innumerables horrores", dijo Corinne Dufka, investigadora principal de África Occidental de Human Rights Watch. "El Gobierno debe demostrar que tiene la intención de poner fin a esta violencia desarmando a los ex combatientes y asegurándose de que la Policía y los gendarmes estén preparados para proteger a los marfileños y detener la creciente criminalidad en Bouaké y sus alrededores".

 

Las víctimas dijeron que los atacantes armados con rifles de asalto Kalashnikov trabajaban en grupos de dos a ocho individuos, y bloqueaban los caminos con troncos de árboles o automóviles, y luego robaban de manera sistemática a la gente que pasaba en vehículos. Los testigos dijeron que los pasajeros que lograron ver los rostros de los atacantes, trataron de huir o no dieron dinero fueron asesinados. Varias mujeres entrevistadas por Human Rights Watch describieron haber sido despojadas de sus ropas mientras los bandidos buscaban en sus cuerpos dinero en efectivo y luego las violaron. Una mujer fue violada delante de los demás pasajeros después de que su padre fue muerto a tiros frente a ella; otra mujer describió haber sido obligada a dirigirse a la vegetación circundante donde luego fue violada por dos hombres.

 

Las víctimas que hablaron con Human Rights Watch, quienes en su totalidad habían vivido en Bouaké durante años, creen que los atacantes estaban asociados con las Fuerzas Republicanas. El término "Fuerzas Republicanas" ahora se refiere al ejército oficial de Costa de Marfil, pero también se utiliza comúnmente para describir a decenas de miles de jóvenes que tomaron las armas en 2011 para sacar al ex presidente Laurent Gbagbo del poder después de que este se negara a reconocer la victoria electoral del presidente Alassane Ouattara y lanzara una ola de insultos contra los partidarios de Ouattara.

 

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