David Cameron tiene razón al decir que cuando personas están siendo asesinadas y se violan los derechos humanos demasiados gobiernos miran a otro lado o encuentran razones para no actuar. Pero, ¿existe coherencia entre el discurso de Cameron y las prácticas en material de derechos humanos del Reino Unido?

Si bien el Reino Unido tiene una postura más firme en la defensa derechos humanos que muchos otros países y está más dispuesto a utilizar la diplomacia y otras medidas de presión para su defensa, las acciones del Reino Unido no son consistentes, y existen muchas áreas donde las acciones del Reino Unido no van a la par con su discurso y las normas internacionales de derechos humanos.

En Bahréin, por ejemplo, las autoridades han sido responsables de una represión a gran escala de las manifestaciones populares por la democracia y Estado de derecho. Más de treinta personas han muerto desde principios de año, cuatro como consecuencia de la tortura y negligencia médica; y muchos de los miles de detenidos han afirmado que fueron torturados. Sin embargo, la respuesta del Reino Unido a estos abusos ha sido tímida e ineficaz. Los ministros promueven las posibilidades del diálogo nacional en Bahréin y la necesidad de la reconciliación. Pero el diálogo tiene pocas posibilidades de éxito en un clima de represión e intimidación, donde los culpables de violaciones a los derechos humanos no han sido obligados a rendir cuentas, donde las figuras de oposición tienen miedo de hablar y donde los medios de comunicación no pueden informar libremente.

Un silencio similar caracteriza a la política del Reino Unido respecto a Arabia Saudita - un país con quien el Reino Unido tiene amplios vínculos económicos, militares y de seguridad. Si bien el Reino Unido insta a países como Túnez, Egipto, Libia y Siria a implementar una reforma democrática y respectar los derechos humanos y el Estado de derecho, y ha tomado algunas medidas importantes y de alto riesgo para este propósito, no parece estar dispuesto a pronunciarse en contra de las graves y sistemáticas violaciones de los derechos en Arabia Saudita. Arabia Saudita sigue tratando a las mujeres como ciudadanos de segunda clase, quienes deben contar con tutores masculinos que aprueben sus viajes, estudios y algunos de sus procedimientos médicos. Los chiitas saudíes, una minoría religiosa que representa aproximadamente el 10 por ciento de la población, también son tratados como ciudadanos de segunda clase. Asimismo, los trabajadores migrantes siguen atados a sus empleadores tanto en la legislación como en la práctica, y a veces se ven sometidos a condiciones similares a la esclavitud.

También en África, el Reino Unido parece dispuesto a restar importancia a los abusos a los derechos humanos cuando los países en cuestión son de importancia estratégica como Etiopía, o considerados "casos exitosos de desarrollo" como Ruanda. En Etiopía, se reprime severamente a la oposición, los crímenes de guerra cometidos por el Ejército etíope en Ogaden y Somalia han quedado impunes y el partido gobernante ha malgastado los recursos donados. En Ruanda, los partidos de oposición son atacados e intimidados, los periodistas independientes son arrestados y sus periódicos cerrados, y nadie en las fuerzas armadas ruandesas ha sido obligado a rendir cuentas por los crímenes de guerra cometidos en la vecina República Democrática del Congo. Sin embargo, ambos países son grandes receptores de ayuda al desarrollo por parte del Reino Unido, y se prevé que los niveles de ayuda crecerán en los próximos cinco años.

Y sobre la cuestión de la tortura, el gobierno sigue adelante con una investigación débil y que carece de una verdadera independencia, cuando recientes revelaciones de la estrecha colaboración de los servicios de inteligencia británicos y el régimen de Gaddafi confirman la necesidad de una investigación más profunda y sólida sobre la participación de este país en la tortura y las entregas extraordinarias.

Es meritorio de Cameron el hecho de estar incorporando los derechos humanos en su discurso ante la Asamblea General de la ONU y estar pidiendo a otros gobiernos actuar con más determinación para promover su defensa. Pero para ser creíble y para ganarse a los escépticos en el resto del mundo, su gobierno tendrá que mostrar una mayor coherencia en la lucha contra la tortura y las violaciones de los derechos humanos a manos de sus amigos y aliados, y asegurarse de que su propia práctica sea consistente con las normas internacionales de derechos humanos.

David Mepham es director del Reino Unido para Human Right Watch