Manifestantes contra el gobierno celebran en la Plaza Tahrir después de que el presidente egipcio, Hosni Mubarak, anunciara su renuncia. El Cairo, 11 de febrero de 2011.

© 2011 Reuters

En el apogeo de la revolución de 18 días de Egipto, el investigador de Human Rights Watch, Daniel Williams, fue detenido durante una redada encabezada por el Ejército en el Centro Legal Hisham Mubarak de El Cairo, una organización egipcia pionera de derechos humanos. Human Rights Watch reprobó inmediatamente la represión y pidió la liberación de Daniel y la de varios colegas internacionales y locales. En un lapso de dos días, los 28 activistas y periodistas habían sido liberados.

En la tarde del 3 de febrero, mientras una multitud se reunía afuera del centro para bloquear la salida de Mubarak, Daniel llamó inmediatamente al director de Emergencias de Human Rights Watch, Peter Bouckaert, quien también estaba en El Cairo. Peter esperó en la línea mientras Daniel escondió el teléfono en su bolsillo. Cuando la policía militar irrumpió en el edificio, Pedro escuchó la redada con un traductor de árabe. Escucharon cuando todas las personas dentro del centro recibieron la orden de sentarse en el suelo con las manos sobre sus cabezas mientras que las fuerzas militares rompían las ventanas e insultaban a los cautivos.

Los soldados ataron las manos de todos con esposas de plástico blanco. Además de Daniel y dos investigadores de Amnistía Internacional, otros 25 activistas y periodistas egipcios e internacionales fueron detenidos. Observaron cuando los militares confiscaban bolsas con computadoras, carteras, dinero, pasaportes y otros documentos. Uno de los captores acusó a Daniel de ser un espía israelí, y otro le propinó manotazos en varias ocasiones en la parte posterior de la cabeza después de notar que Daniel masticaba chicle.

Después de diez horas de detención en el centro, el grupo fue exhibido en las calles ante una multitud hostil, luego fue puesto en dos autobuses y llevado al Campo 75, una base militar en el noreste de El Cairo. Cuando llegaron, les quitaron las esposas y les vendaron los ojos, y Daniel y otros miembros del grupo fueron interrogados. Daniel pasó las siguientes 24 horas sentado en el concreto con los ojos vendados mientras se le proporcionó pequeñas cantidades de pan y agua. Asimismo, escuchó fuertes gritos de dolor que resonaban en el campamento 75 hasta las primeras horas de la mañana. Cuando Daniel fue sorprendido tratando de usar el teléfono otra vez, los guardias le quitaron la batería.

Mientras tanto, Peter ya había movilizado a los defensores de Human Rights Watch y el personal del programa en El Cairo, Londres, Washington y Nueva York para buscar la liberación del grupo. Una vez que la familia de Daniel fue notificada, Human Rights Watch emitió un comunicado de prensa reprobando la represión y pidiendo la liberación inmediata de los detenidos. Peter informó a las embajadas francesa e italiana en El Cairo, así como a la embajada de Estados Unidos, la cual estaba cerrada debido a los ataques violentos por parte de turbas sobre su propio personal. En Washington, los defensores de Human Rights Watch y los miembros del consejo ejecutivo internacional se comunicaron con el Departamento de Defensa de Estados Unidos y el jefe del Estado mayor conjunto, Mike Mullen, para aumentar la presión sobre los militares egipcios para liberar a los detenidos.

A la mañana siguiente, varios abogados egipcios del Centro Mubarak llegaron al campamento 75 a preguntar por los detenidos, pero los guardias los corrieron apresurados.

En ese momento, los miembros del consejo ejecutivo internacional de Human Rights Watch habían empezado a contactar los miembros influyentes de la comunidad de negocios egipcia. Fue a través de uno de estos contactos que el ministro de Relaciones Exteriores de Egipto nos informó que se esforzaría en lograr la liberación del grupo lo antes posible en el interés de evitar un incidente internacional.

Alrededor de una hora más tarde, en la medianoche del 4 de febrero, Daniel, nuestros colegas de Amnistía Internacional y dos periodistas internacionales fueron puestos en libertad cuando se les dejó en una carretera en las afueras de El Cairo en medio de disculpas apresuradas.

Una vez que se confirmó la seguridad de este grupo, Human Rights Watch y Amnistía Internacional pidieron a los militares egipcios liberar a los detenidos restantes. Daniel se puso en contacto con Kanae Doi, abogada de Human Rights Watch con sede en Tokio, para comunicarle el nombre y los datos del pasaporte de un reportero gráfico japonés con quien se había encontrado durante su detención. Kanae se comunicó de inmediato con la prensa y el Gobierno japonés para informales sobre la situación del reportero.

A la mañana siguiente, el 5 de febrero a las 7:30am, el periodista gráfico japonés y otros detenidos fueron liberados ilesos. Hoy, ellos continúan documentando la revolución de Egipto y sus consecuencias.