Un combatiente de Al-Shabaab permanece en guardia durante una flagelación pública en la localidad de Bula Marer, Somalia.

© 2008 Reuters

(Nueva York) - El grupo armado islamista Al-Shabaab está sometiendo a los habitantes del sur de Somalia a asesinatos, castigos crueles y a un control social represivo, Human Rights Watch señaló en un informe publicado hoy.  Las fuerzas de Al-Shabaab, el Gobierno Federal de Transición (GFT) y la Unión Africana (UA) continúan realizando ataques indiscriminados en la capital destrozada por la guerra, Mogadiscio, asesinando e hiriendo a un gran número de civiles.

El informe de 62 páginas, "Harsh War, Harsh Peace: Abuses by Al-Shabaab, the Transitional Federal Government, and AMISOM in Somalia" (Dura guerra, dura paz: Abusos cometidos por Al-Shabaab, el Gobierno Federal de Transición y la AMISOM en Somalia), considera que las fuerzas de Al-Shabaab han llevado una mayor estabilidad a muchas áreas del sur de Somalia, pero a un alto costo para la población local - especialmente las mujeres.  Basado en más de 70 entrevistas con víctimas y testigos, el informe describe castigos severos que inlcuyen amputaciones y flagelaciones, que son impuestos de forma regular y sin el debido proceso.  Las personas acusadas de ser traidoras o simpatizantes del Gobierno - a menudo con pretextos endebles - se enfrentan a ejecuciones o asesinatos.  Combatientes de Al-Shabaab han amenazado con la muerte a algunos de los entrevistados simplemente porque viven en zonas controladas por el Gobierno de Mogadiscio.

"Mientras que Al-Shabaab ha llevado estabilidad a algunas zonas plagadas desde hace mucho tiempo por la violencia, ha utilizado una implacable represión y brutalidad", dijo Georgette Gagnon, directora de África para Human Rights Watch.  "La población bajo el control de Al-Shabaab está pagando un precio muy elevado".

Los principales actores internacionales con frecuencia han desempeñado un papel contraproducente en Mogadiscio para proteger al débil Gobierno de transición en Somalia, dijo Human Rights Watch.

Muchas autoridades locales de Al-Shabaab dedican una energía extraordinaria para vigilar las vidas personales de las mujeres e  impedir cualquier interacción entre sexos.  Varias mujeres dijeron a Human Rights Watch que habían sido golpeadas, azotadas o encarceladas por vender té para mantener a sus familias porque este trabajo las puso en contacto con hombres.  En otros casos, las mujeres fueron golpeadas por no usar el tipo exacto de abaya - una vestimenta voluminosa de pies a cabeza prescrita por los edictos locales.  A menudo las mujeres no siempre usan el abaya no por desafío, sino por el simple hecho de que sus familias no pueden solventarlos.

"Estaba levantando el brazo y contando," Uno, dos, tres, cuatro, cinco .... "    una mujer describió a Human Rights Watch los latigazos que recibió cuando salió corriendo de su casa sin una abaya para alcanzar a su niño. "Fue tan doloroso que si hubiera tendido una pistola habría matado a ese hombre".

Al-Shabaab ha sometido a hombres jóvenes y niños a abusos que incluyen el reclutamiento militar forzado y el control social estricto.  Human Rights Watch entrevistó a un joven que vio a su tío ser asesinado por combatientes de Al-Shabaab porque se negó a revelar el paradero de otro sobrino, un joven de 15 años de edad, quien había desertado de sus filas después de ser herido en combate.  Las golpizas o las humillaciones públicas son comúnmente impuestas a los hombres por  una amplia gama de delitos tales como no ir a la mezquita, tener el pelo largo, o usar ropa que Al-Shabaab considera occidental.

"Junto a los abusos en las zonas controladas por Al-Shabaab, todas las partes son responsables de violaciones de las leyes de guerra que continúan constantes en Mogadiscio", dijo Gagnon.  "Muchos somalíes enfrentan diariamente una guerra indiscriminada, patrones terrible de represión y actos de violencia brutal".

En Mogadiscio, el Gobierno de transición y los 5,300 miembros de la Unión Africana de la Misión en Somalia (AMISOM, por siglas en inglés) se enfrentaron a una poderosa oposición dominada por Al-Shabaab.

Los combatientes de la oposición disparan rondas de  mortero de manera indiscriminada en los barrios poblados controlados por el Gobierno de transición.  Con frecuencia disparan desde  zonas residenciales con aparente esperanza de atraer ataques de represalia que dañarían la imagen del Gobierno de transición y las fuerzas de la UA.  Con demasiada frecuencia encuentran la reacción esperada, en respuesta a los ataques indiscriminados en especie.  Fuerzas de la UA han disparado granadas de mortero en áreas densamente pobladas sin tomar las precauciones necesarias para distinguir entre objetivos civiles y militares.  Human Rights Watch entrevistó a personas de ambas partes que fueron testigos de cuando miembros de su familia fueron descuartizados en estos ataques, que violan las leyes de guerra.

Al-Shabaab y otros luchadores de oposición amenazan y matan a civiles que consideran simpatizantes del Gobierno de transición.  Al-Shabaab ha llevado a cabo ataques devastadores suicidas contra civiles, entre ellos uno en una ceremonia de graduación universitaria en Mogadiscio en el que murieron al menos 22 personas en diciembre de 2009.

La intervención de potencias extranjeras en Somalia ha resultado a menudo contraproducente para restablecer la seguridad.  El fuerte apoyo para el Gobierno de transición por los EE.UU., la UE, la UA y la Oficina Política de la ONU para Somalia ha llevado a estos actores a condenar rápidamente los graves abusos por parte de Al-Shabaab, pero se han hecho de la vista gorda ante los abusos por parte del Gobierno de transición y las fuerzas de la UA.  El Gobierno de EE.UU. ha enviado morteros a las fuerzas del Gobierno de transición en Mogadiscio, aunque ninguna de las partes en los combates ha utilizado las armas de acuerdo con las leyes de la guerra.

La vecina Kenia ayudó bajo falsos pretextos a reclutar jóvenes somalíes de los campamentos de refugiados para convertirlos en combatientes, contraviniendo la situación humanitaria de los campamentos.  Eritrea, en un esfuerzo por socavar los intereses regionales de su enemigo político, Etiopía, ha ayudado a Al-Shabaab a adquirir armas.  Human Rights Watch insta con urgencia a los participantes extranjeros a reevaluar sus políticas hacia Somalia y ayudar a terminar con la impunidad que alimenta los peores abusos.

"No hay una manera fácil y obvia de resolver la crisis en Somalia", dijo Gagnon.  "Pero las potencias extranjeras deben abordar los abusos cometidos por todas las partes en lugar de ignorar los cometidos por sus aliados".

Somalia ha estado plagada de conflictos armados desde el colapso de su último gobierno en funciones en 1991.  Pero la situación empeoró drásticamente a finales de 2006, cuando fuerzas militares etíopes intervinieron para aplastar a una coalición cortes de la Sharia (ley islámica) que habían tomado el control de Mogadiscio.

El conflicto resultante enfrentó a las fuerzas etíopes y a sus aliados del Gobierno de transición contra una serie de grupos insurgentes, incluyendo a Al-Shabaab, que emergieron para combatirlos.  La lucha devastó a Mogadiscio, obligando a cientos de miles de somalíes a abandonar sus hogares y generó una enorme crisis humanitaria que sigue empeorando.  Las fuerzas etíopes se retiraron a principios de 2009, pero la violencia continúa sin cesar.

Declaraciones de víctimas y testigos entrevistados en "Dura guerra, dura paz":

"Mi marido fue entonces cuestionado," ¿Vas a tomar los 10 latigazos normalmente dados a las mujeres que se supone deben usar el abaya?  Él se negó, y luego le dijeron: 'Muy bien, entonces tu esposa los va a recibir".  Un hombre joven me dio 10 latigazos. Me golpeó tan duro que sentí calor y dolor en todo mi cuerpo. Levantaba el brazo contaba, "Uno, dos, tres, cuatro, cinco ...." Fue tan doloroso que si hubiera tenido una pistola habría matado a ese hombre".

- Mujer de Mogadiscio, que había estado persiguiendo a su niño pequeño cuando éste se salió corriendo de su casa hacia la calle, y fue arrestada por los combatientes de Al-Shabaab por no llevar puesto un abaya.

"Si te ven sin [un abaya], te golpearán y azotarán. Esto me sucedió hace dos meses. Yo estaba parada frente a mi complejo. Cuando los vi con látigos y armas de fuego corrí a la casa. Sin embargo, un hombre me alcanzó y me azotó tres veces. Usó un palo de un marer [un árbol de baya]. Me dijo: '¿Por qué no traes puesto un hijab?  Le dije: ‘No puedo solventarlo'. Me dijo: 'Eso no es posible, entra en tu casa.  Tienes que tenerlo o debes quedarte en tu casa, con hambre".

- Mujer de una granja cerca de la ciudad de Jilib, al norte de Kismayo.

"Un día cuando llegué a casa de duksi [escuela coránica], encontré que nuestra casa había sido atacada con una granada de mortero. La casa fue pulverizada. Mi madre y padre fueron asesinados. Creo que mis cuatro hermanos también fueron asesinados - Vi pedazos de sus manos y piernas cerca de la parte de la casa que utilizábamos para descansar. Estoy en un estado de shock total que apenas sé quién soy".

- Niño de 14 años de edad, cuya familia en Mogadiscio falleció por un ataque de mortero en septiembre de 2009.

"Ellos [Al-Shabaab] utilizan morteros. Se sientan en un lugar específico y lanzan una, cinco o incluso diez granadas de mortero. Luego, empacan y se marchan de inmediato. No tenemos ninguna manera de quejarnos con ellos [y decirles que se detengan] . Incluso por fijar nuestra vista en ellos nos pueden matar. Ahora viene un contraataque, sin discriminación. Un día, algunos de mis parientes fueron enterrados en su casa después de que un mortero se impactó en una casa cercana - tres personas murieron ahí. Mi casa estaba bloqueada por los escombros de esta casa. Tuvimos que desenterrarlos ".

- Ex residente de un barrio controlado por la oposición de Mogadiscio.