Alrededor de 80 inmigrantes irregulares en barco, procedentes varios países africanos, incluyendo cerca de una docena de mujeres, estuvieron a la deriva durante al menos 48 horas antes de que la Bovienzo, una lancha patrullera italiana de la Guardia di Finanza, los interceptó en la tarde del 6 de mayo de 2009.

© 2009 Enrico Dagnino

(Roma) - Italia intercepta balseros y solicitantes de asilo procedentes de África, no comprueba su condición de refugiados u otras vulnerabilidades y los devuelve por la fuerza a Libia, donde muchos están detenidos en condiciones inhumanas y degradantes y sufren maltrato, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy.

El informe de 92 páginas, "Pushed Back, Pushed Around: Italy's Forced Return of Boat Migrants and Asylum Seekers, Libya's Mistreatment of Migrants and Asylum Seekers" (Rechazados y maltratados: La devolución forzosa de balseros y solicitantes de asilo desde Italia, el maltrato de Libia a migrantes y solicitantes de asilo) examina el trato propinado a migrantes, solicitantes de asilo y refugiados en Libia a través de los ojos de los que han logrado salir y se encuentran ahora en Italia y Malta. También documenta la práctica de Italia de interceptar barcos llenos de migrantes en altamar y empujarlos de regreso a Libia sin las comprobaciones exigidas.

"La realidad es que Italia están enviando a personas de vuelta al maltrato", señaló Bill Frelick, director de política sobre refugiados de Human Rights Watch y autor del informe. "Los migrantes que habían estado detenidos en Libia coincidieron en señalar el trato brutal y las condiciones de hacinamiento e insalubridad", agregó.

Los botes patrulleros italianos remolcan a los barcos desde aguas internacionales sin determinar si algunos de sus ocupantes pudieran ser refugiados, enfermos o heridos, mujeres embarazadas, niños no acompañados o víctimas del tráfico u otras formas de violencia contra la mujer. Los italianos fuerzan a los balseros a embarcarse en buques libios o se llevan a los migrantes directamente a Libia, donde las autoridades los detienen inmediatamente. Frontex, el organismo de control de la migración en las fronteras externas de la Unión Europea, coordina algunas de las operaciones.

Esta política constituye una flagrante violación de la obligación legal de Italia contra la devolución forzada de personas a lugares donde sus vidas o su libertad estarían amenazadas, o donde correrían el riesgo de tortura o tratos inhumanos y degradantes.

"Pushed Back, Pushed Around" se basa en entrevistas con 91 migrantes, solicitantes de asilo y refugiados en Italia y Malta, la mayoría de las cuales se realizaron en mayo de 2009, y una entrevista telefónica con un migrante detenido en Libia. Human Rights Watch visitó Libia en abril y se entrevistó con funcionarios del Gobierno, pero las autoridades libias no permitieron que la organización entrevistara a migrantes en privado. Tampoco permitieron que Human Rights Watch visitara alguno de los muchos centros de detención de migrantes en Libia, a pesar de las reiteradas peticiones.

"Italia incumple sus obligaciones legales al devolver sumariamente a los balseros a Libia", señaló Frelick. "La UE debe exigir que Italia cumpla sus obligaciones poniendo fin a estas devoluciones a Libia. Otros miembros de la UE deben negarse a participar en operaciones de Frontex que se salden con la devolución de migrantes al abuso", agregó.

"Daniel", un eritreo de 26 años entrevistado en Sicilia, contó a Human Rights Watch lo ocurrido después de que las autoridades maltesas interceptaran el barco en el que viajaba y los remolcaran hasta un buque libio, que se llevó a su grupo de regreso a Libia (para leer la historia completa de Daniel (en inglés) puede consultar: https://www.hrw.org/en/node/85530:

"Estábamos muy cansados y deshidratados cuando llegamos a Libia. Pensé: ‘Si me golpean, no voy a sentir nada'. Cuando llegamos, no había médicos, ninguna asistencia, sólo la policía militar. Empezaron a darnos puñetazos. Decían: ‘Crees que vas a ir a Italia'. Se burlaban de nosotros. Estábamos sedientos y nos golpeaban con palos y nos pateaban. Se pasaron alrededor de una hora golpeando a todos los que estaban en el barco".

Los trasladaron a la prisión de Misrata en un camión hacinado y sin ventilación, y les volvieron a golpear a la llegada:

"Nos trataron mal en Misrata. Éramos eritreos, etíopes, sudaneses y unos cuantos somalíes. Las celdas no estaban limpias. Sólo nos daban media hora al día para tomar el aire fuera, y la única razón para dejarnos salir era para poder contarnos. Nos sentábamos al sol. A todo el que hablaba le golpeaban. Me golpearon con una manguera negra de plástico".

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados tiene acceso ahora a Misrata, y las organizaciones libias prestan algunos servicios humanitarios en la prisión. Sin embargo, no existe un acuerdo oficial y por lo tanto el acceso no está garantizando. Adicionalmente, Libia no tiene una ley o procedimientos de asilo. Las autoridades no distinguen entre refugiados, solicitantes de asilo y otros migrantes.

"No hay refugiados en Libia", señaló a Human Rights Watch el general brigadier Mohamed Bashir Al Shabbani, director de la Oficina de Inmigración del Comité General Popular de Seguridad Pública. "Son personas que entran ilegalmente al país y no pueden describirse como refugiados", agregó. Dijo que se detiene a todo el que entra al país sin documentación o un permiso oficial.

A pesar de las prácticas de Libia, este país es considerado por la UE, al igual que por Italia, como un aliado valioso en el control de la migración. La Comisión Europea está negociando actualmente un tratado de readmisión con Libia para la creación de un mecanismo formal de devolución, además de un Acuerdo Marco para la mejora de las relaciones. El vicepresidente de la Comisión Europea, Jacques Barrot, ha manifestado su deseo de visitar Trípoli para hablar de mejoras a la cooperación en materia de asilo y migración.

"Pushed Back, Pushed Around" insta al Gobierno libio a mejorar las condiciones deplorables de detención en Libia y a establecer procedimientos de asilo compatibles con las normas internacionales sobre refugiados. También insta al Gobierno italiano, a la Unión Europea y a Frontex a que garanticen el acceso al asilo, incluso para las personas interceptadas en altamar, y a que se abstengan de devolver a Libia a personas no ciudadanas del país hasta que su trato a los migrantes, solicitantes de asilo y refugiados cumpla plenamente las normas internacionales.

"La cláusula sobre derechos humanos del próximo Acuerdo Marco entre la UE y Libia y cualquier tratado derivado de éste debe incluir una referencia explícita a los derechos de los solicitantes de asilo y los migrantes como requisito previo para cualquier cooperación en los sistemas de control de la migración", señaló Frelick.

Muchos de los peores abusos denunciados a Human Rights Watch se produjeron después de intentos fallidos de salir de Libia. Uno de los migrantes, "Pastor Paul" (se han cambiado todos los nombres), nigeriano de 32 años, relató a Human Rights Watch la brutalidad con que las autoridades libias le trataron cuando detuvieron su barco poco después de haber salido de Libia, el 20 de octubre de 2008:

"Íbamos en una barca de madera y los libios empezaron a dispararnos desde una Zodiac [lancha hinchable motorizada]. Nos dijeron que regresáramos a la costa. Siguieron disparando hasta que le dieron a nuestro motor. Una persona murió por los disparos. No sé quiénes dispararon, pero eran civiles y no llevaban uniforme. Después llegó un barco de la Armada de Libia donde nos recogieron y empezaron a golpearnos. Nos quitaron el dinero y los teléfonos móviles. Creo que la lancha Zodiac colaboraba con la Armada. El barco de la Armada nos llevó de regreso y nos envió al campamento de deportación de Bin Gashir. En cuanto llegamos allí empezaron a golpearnos inmediatamente. A algunos les golpearon hasta que no pudieron caminar".

Human Rights Watch no dispone de pruebas sobre el número de migrantes en Libia, o que intentan ingresar a la Unión Europea a través de Italia o Malta, que pudieran considerarse refugiados. Sin embargo, Italia y Malta aprobaron el 49 por ciento y el 52.5 por ciento, respectivamente, de las solicitudes de asilo de todo el mundo en 2008. El distrito de Trapani de Sicilia, que incluye a Lampedusa y constituye el punto de entrada al que llega la mayoría de los barcos procedentes de Libia, tuvo una tasa de aprobación de peticiones de asilo del 78 por ciento entre enero y agosto de 2008. No obstante, al enviar de regreso a Libia a todas las personas interceptadas en el mar, sin siquiera intentar determinar su condición de refugiados, Italia está devolviendo a personas al riesgo de persecución.

"De hecho, muchos de los balseros provienen de países con terribles situaciones de derechos humanos y, en ciertos casos, altos niveles de violencia generalizada", señaló Frelick. "Sin embargo, a parte de los que necesitan protección, todos los migrantes tienen derechos humanos y deben ser tratados con dignidad", agregó.