(Kabul) — Caudillos locales y los Talibanes están socavando la participación de mujeres afganas en el proceso político a través de constantes ataques y amenazas dijo Human Rights Watch en un informe hecho público de hoy. La extensa intimidación de mujeres y la inseguridad general amenazan el derecho de las mujeres a votar libremente en las elecciones presidenciales del 9 de Octubre, de acceder a cargos políticos y de participar plenamente en la vida pública.

El informe de 36 páginas, "Entre la Esperanza y el Miedo: Intimidación y Amenazas Contra Mujeres en la Vida Pública," detalla como facciones lideradas por caudillos locales, los Talibanes y diversos grupos insurgentes atacan y hostigan a mujeres que trabajan como funcionarias del Estado, empleadas del proceso electoral, periodistas y defensoras de los derechos de la mujer.

Una dominante atmósfera de miedo persiste para las mujeres involucradas en política y en los derechos de la mujer en Afganistán a pesar de las mejorías considerables que tuvieron lugar en la vida de las mujeres desde la caída del régimen Talibán a finales de 2001. Una defensora de los derechos de la mujer en el norte de la provincia de Balkh dijo a Human Rights Watch: "Me llamaron a mi teléfono celular diciendo: 'Está haciendo cosas que no debería hacer. Vamos a matarla como ejemplo para otras mujeres.'"

"Muchas mujeres afganas arriesgan su seguridad si participan en la vida publica," dijo LaShawn R. Jefferson, Directora Ejecutiva de la División de los Derechos de la Mujer de Human Rights Watch. "La administración Bush está particularmente orgullosa del progreso que las mujeres han hecho. Sin embargo, las mismas mujeres afganas dicen que sus esperanzas hasta con respecto a derechos básicos no han sido realizadas."

Las elecciones presidenciales del 9 de Octubre serán una prueba clave de la capacidad de las mujeres de participar en la esfera pública afgana en igualdad de condiciones con los hombres. Una importante muestra de progreso ha sido el gran número de mujeres registradas para votar en muchas partes del país. Sin embargo registros múltiples han inflado las cifras oficiales de la elección, las cuales señalan que el 41 por ciento de los 10.5 millones de votantes afganos registrados son mujeres. Cerca de la frontera con Pakistán la incesante inseguridad causada por los insurgentes contribuyó a que las mujeres conformen menos del 10 por ciento de los votantes inscritos en el sur de las provincias de Zabul y Uruzgan.

La falla de países donantes internacionales — incluyendo a Estados Unidos y Alemania — en no enviar a tiempo fondos prometidos y en reforzar la seguridad puede afectar en forma adversa la participación de las mujeres el día de las elecciones. Los meses previos a la elección han sido marcados por la violencia. Hasta ahora, al menos 12 trabajadores electorales han sido asesinados — al menos tres de los cuales eran mujeres — y decenas fueron heridos. Al no haber enlistado a las miles de mujeres que se necesitaban como trabajadoras en las urnas, los oficiales electorales recurrieron en algunos lugares a llenar los puestos de urnas femeninas con los hombres ancianos de las tribus.

El informe describe como las mujeres son convertidas en blancos por desafiar los roles tradicionales de la mujer en la sociedad. Las mujeres periodistas, activistas y funcionarias del gobierno denunciaron amenazas de muerte, hostigamiento y ataques por hablar públicamente sobre temas delicados de los derechos de la mujer, entre ellos el divorcio. A través de intimidación y ataques armados, facciones seguidoras de caudillos locales, los Talibanes y otras fuerzas insurgentes forzaron el cierre de proyectos relativos al desarrollo de la mujer que proveían la tan necesitada educación, salud, conciencia cívica y formación laboral a mujeres y niñas.

"Desde el derrocamiento Taliban la vida de la mujeres en Afganistán sin duda alguna ha mejorado," dijo Jefferson. "Sin embargo ahora son los caudillos quienes están intentando activamente impedir que las mujeres ejerzan sus derechos", agregó.

Bajo persistentes circunstancias de inseguridad, las mujeres no pueden participar en forma plena de la reconstrucción de Afganistán sin arriesgar su seguridad. Muchas temen represalias y por ello limitan su discurso y actividades. Decenas de defensoras de los derechos de la mujer dijeron a Human Rights Watch que el no haber logrado desarmar a milicias locales ha puesto en grave peligro y retrasado el progreso de los derechos de la mujer.

Las elecciones parlamentarias planeadas para el próximo año van a representar un desafió aún mayor para las mujeres. Human Rights Watch entrevistó a decenas de potenciales candidatas parlamentarias que piensan que ellas y sus familias correrán peligro si deciden presentarse en las elecciones. Una defensora de los derechos de la mujer dijo a Human Rights Watch: "No pienso que deba presentarme en las elecciones parlamentarias… Los hombres [seguidores de los caudillos] vendrán por la noche y crearán problemas para mi familia, por lo tanto no es posible. Tengo que permanecer callada."

Los Estados Unidos, la OTAN y otros actores internacionales deberían tomar acción inmediata y decisiva para cumplir con sus compromisos de promover los derechos de la mujer en Afganistán. Países involucrados con Afganistán, incluyendo los estados miembros de la OTAN, deberían incrementar en forma vasta su contribución de tropas a la Fuerza Internacional de Seguridad y Asistencia (ISAF), dijo Human Rights Watch.

Asimismo, los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN deberían cambiar el mandato de las fuerzas internacionales de seguridad y enfocarlo hacia el desarme de milicias y la protección de grupos perseguidos tales como las mujeres y los actores políticos independientes. Las autoridades afganas deberían realizar investigaciones completas de las amenazas, el acoso y los ataques contra mujeres afganas y procesar a los responsables.

Algunos relatos personales que figuran en el informe:

  • "Tantas mujeres querían crear organizaciones para los derechos de la mujer. Cuando vieron las amenazas, dejaron el trabajo." —Una defensora de los derechos de la mujer en Mazar-e Sharif.
  • "Las mujeres no pueden presentarse como candidatas. En Kabul está bien, pero en otras provincias, la seguridad no es buena. Si hay problemas de seguridad, es posible que hombres armados vayan a sus casas, y quizás las maten." —un potencial candidato parlamentario.
  • Una milicia armada local nos envió "advertencias y amenazas, nos dijeron que nos matarían. El educador de salud y el profesor de literatura se enfrentaban a muchas amenazas y decidieron no venir al centro. El gobernador prometió hacer el mayor esfuerzo por reabrir el centro y hablar con los mullahs. No pudo darnos ninguna garantía en cuanto a nuestra seguridad. Aún estamos esperando que la situación de seguridad mejore." —un trabajador asistencial que estaba involucrado en un centro de los derechos de la mujer que cerró debido a amenazas.

En un informe dado a conocer el 28 de septiembre, Human Rights Watch describe como facciones militares locales amenazan la población y crean un ambiente de represión política.