Una mujer trans hondureña participa en la Marcha del Orgullo del 2019 en San Pedro Sula, Honduras.

© 2019 Mirte Postema/Human Rights Watch

La Marcha del Orgullo LGBT en San Pedro Sula, Honduras, que convocó a 450 personas, fue la gratificante culminación de una semana de actividades centradas en el Orgullo que también incluyeron meditaciones más profundas, como una vigilia con velas para conmemorar a las personas lesbianas, gais, bisexuales y transgénero asesinadas en el país.

Las y los activistas LGBT encabezaron la marcha del 24 de agosto con una pancarta que indicaba “Honduras inhabitable LGBTI”. A pesar de la valentía y el orgullo de las y los activistas -que también pude observar en la marcha de Tegucigalpa con ocasión del Día Internacional contra la Homofobia, la Bifobia y la Transfobia  que tuvo lugar en mayo-, la violencia contra las personas LGBT hace que, efectivamente, para muchas personas Honduras sea un lugar inhabitable.

En un país donde muchas personas no pueden expresar públicamente de manera segura su orientación sexual o identidad de género, resulta difícil medir qué grado de violencia sufren las personas LGBT en Honduras. El gobierno hondureño indicó a Human Rights Watch que no cuenta con datos acerca de cuántas víctimas de violencia son personas LGBT.

A falta de estadísticas oficiales, la Red Lésbica Cattrachas mantiene un observatorio que lleva la cuenta de los casos de violencia contra personas LGBT a partir del seguimiento de medios y denuncias directas. Según Cattrachas, en 2018 fueron asesinadas 25 personas LGBT: 16 hombres gais, 5 personas trans y 4 mujeres lesbianas. Y al parecer la situación está empeorando: la cantidad de asesinatos reportados entre enero y agosto de 2019 –13 hombres gais, 7 personas trans y 6 mujeres lesbianas– ya supera al total de 2018. San Pedro Sula se encuentra en la región donde Cattrachas ha documentado los mayores índices de violencia contra personas LGBT.

Las y los hondureños están expuestos a niveles altísimos de violencia, con independencia de su orientación sexual o identidad de género. Abunda la violencia de pandillas y en algunos casos que investigó Human Rights Watch las víctimas LGBT simplemente pueden haber estado en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Sin embargo, en otros casos la violencia parece haber estado dirigida específicamente a estas personas. Shakira, una mujer trans conocida por su sobrenombre, “La Loba”, fue asesinada el 9 de junio en Choloma, menos de 20 kilómetros al norte de San Pedro Sula. Una persona que vio el cuerpo de Shakira me contó que su rostro había sido desfigurado con una piedra, le habían cortado el pene y dejaron una nota con el mensaje: “es la primera, faltan dos”.

Ante tal grado de violencia, realizar una marcha del orgullo es un acto de resistencia.