Durante la semana pasada, dos de mis colegas defensoras de derechos humanos recibieron amenazas de violación y muerte a través de las redes sociales. Una, que trabaja con refugiados, recibió un mensaje de Facebook que decía: “¡Te voy a violar hasta que te mueras jodida amante de negros puta traidora!” La otra, que trabaja en temas de asesinatos extrajudiciales en la “guerra contra las drogas” en Filipinas, encontró el mensaje “¡un balazo en tu cabeza!” en su página de Facebook.

Recibir amenazas de muerte no es nada nuevo para los activistas de derechos humanos. Pero el auge de los líderes populistas ultra-nacionalistas junto con los ejércitos de trolls en redes sociales que vomitan veneno contra cualquier detractor ha aumentado la hostilidad y el peligro que enfrentan los activistas de derechos humanos en muchas partes del mundo.

Estas amenazas a menudo no son espontáneas: el presidente Rodrigo Duterte de Filipinas tiene una campaña bien organizada que abarca millones de cuentas de redes sociales que repiten sin cesar sus incendiarios mensajes. Justo ayer, Duterte instruyó a su fuerza policial que matara a cualquiera que los acusara de asesinatos ilegales, y prometió perdonarlos por esos crímenes.

Las amenazas de muerte y otros mensajes violentos en las redes sociales no son sólo palabras viles: a menudo constituyen incitación u otros actos ilícitos y, a veces, pueden conducir a la violencia real. Esto es particularmente cierto si las amenazas se dirigen contra activistas locales cuyos gobiernos los describen como enemigos y lacayos de potencias extranjeras.

Todo el mundo puede participar en la lucha contra las amenazas a activistas en los medios de comunicación social.

En primer lugar, preservar un registro de cualquier amenaza antes de que desaparezca, por ejemplo haciendo una captura de pantalla en su dispositivo móvil o computadora.

En segundo lugar, informar al activista que es el blanco de la amenaza, ya que muchos de nosotros nos vemos a menudo bombardeados por mensajes en las redes sociales y puede que no nos hayamos dado cuenta de que la recibimos.

En tercer lugar, informar de la amenaza a la plataforma de la red social y pedirle que tome medidas. Muchas plataformas prohíben este tipo de comportamiento por parte de sus usuarios.

Finalmente, considere denunciar la amenaza a las autoridades, o ayudar al activista a hacerlo. Las amenazas de muerte constituyen conductas delictivas en muchas jurisdicciones, y la policía debe investigarlas.

Nuestras plataformas de redes sociales son comunidades importantes, y todos tenemos la responsabilidad de ayudar a defender los estándares de la dignidad y enfrentarnos a una conducta abusiva y amenazante.

Y funciona. Pocos minutos después de que la persona que trabaja en temas de Filipinas recibiera la amenaza de muerte, informé a la persona que la envió que su conducta era ilegal en Italia, donde aparentemente vivía, y que lo denunciaría a las autoridades italianas. Inmediatamente borró su amenaza. Otros que se dedican a publicar amenazas también deberían darse cuenta de las posibles consecuencias de sus acciones.