(Nueva York) – El nuevo presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), el órgano rector del fútbol mundial, debería asegurarse de que los futuros países anfitriones de la Copa Mundial estén obligados a cumplir las normas fundamentales de derechos humanos, señaló hoy Human Rights Watch. La elección presidencial de la FIFA se llevará a cabo en Zúrich el 29 de mayo de 2015.

La elección presidencial de la FIFA tendrá lugar sólo dos días después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentara una acusación contra 14 funcionarios de la FIFA y ejecutivos de marketing por cargos de extorsión, fraude electrónico y lavado de dinero. Los dos candidatos son el presidente actual, Sepp Blatter, de Suiza, que busca un quinto mandato, y el príncipe Ali bin al-Hussein, de Jordania.

“El próximo presidente de la FIFA debe abordar directamente las crisis, incluidos los abusos de derechos humanos y la corrupción, que están socavando las bases de la gestión del fútbol”, dijo Minky Worden, directora de iniciativas globales de Human Rights Watch. “Cuando los países buscan el derecho a organizar una Copa Mundial, deben respetar las reglas del juego. En lugar de permitir la doble moral para anfitriones abusivos o discriminatorios, la FIFA debe valerse de su inmenso poder para poner fin a las violaciones de derechos humanos en nombre del deporte”.

En abril, la Alianza Deporte y Derechos (SRA, por sus siglas en inglés), una nueva coalición de organizaciones líderes de derechos humanos, incluyendo a Human Rights Watch, organizaciones deportivas y sindicatos, envió un cuestionario a los candidatos a la presidencia de la FIFA, haciéndoles preguntas específicas sobre abusos relacionados a la Copa Mundial de 2018 en Rusia y la de Qatar en 2022, así como sobre el proceso de reforma de la FIFA. El cuestionario les pedía a los candidatos que abordaran los abusos laborales y de derechos humanos relacionados a la Copa Mundial de Rusia 2018 y la Copa Mundial de Qatar 2022, incluido el abusivo sistema de patrocinio de trabajadores migrantes en Qatar conocido como kafala, que es una parte clave de un sistema de mano de obra altamente explotador.

“Los arrestos han puesto en evidencia la falta de rendición de cuentas en el sistema de la FIFA, pero también debería haber un nuevo escrutinio de las condiciones para un enorme grupo de trabajadores migrantes que están construyendo nuevas infraestructuras masivas para organizar la Copa Mundial”, señaló Worden.

A pesar de llevar 17 años en el cargo, Blatter, el presidente actual, no se comprometió personalmente a abordar ninguna de estas cuestiones. En su lugar, su oficina emitió una declaración que describe el trabajo que ha hecho la FIFA para combatir la corrupción y se refirió a una esperada revisión del proceso de licitación en relación a los derechos humanos, las normas laborales, la sostenibilidad y las medidas anticorrupción.

La Copa Mundial de Qatar 2022, que implica la construcción de ocho nuevos estadios y demás infraestructura por parte de miles de trabajadores migrantes, tendrá un costo estimado de US$200.000 millones. Las autoridades qatarís arrestaron a dos equipos de televisión de Alemania y Gran Bretaña cuando trataban de documentar las condiciones en que trabajaban los inmigrantes en el proyecto, la mayoría procedentes de Asia del Sur.

Human Rights Watch documentó la explotación de trabajadores migrantes antes de los Juegos Olímpicos de Sochi, incluso durante la construcción de Estadio Fisht, que será una de las sedes durante la Copa Mundial de 2018. El servicio ruso de prisiones anunció recientemente que apoya una propuesta de reforma legislativa para permitir que los prisioneros trabajen en fábricas produciendo materiales de construcción para diferentes proyectos, incluidos los relacionados con la Copa Mundial, como una medida para ahorrar costos.

“Si el nuevo presidente de la FIFA no implementa reformas de derechos humanos antes de la próxima Copa Mundial, es seguro que se producirán nuevos abusos”, advirtió Worden, que recientemente testificó ante el Parlamento Europeo sobre estos riesgos. “A todos nos apasiona ver la Copa Mundial, pero los amantes del deporte no quieren ver un partido en un estadio construido por trabajadores explotados, engañados y abusados o, incluso peor, una instalación cuya construcción ha costado vidas”.