Una mujer pelea con la policía chengguan, mientras desmantelan parte de su pequeño restaurante y confiscan el equipo que almacena en la acera afuera de su tienda en el mercado turístico Fuzi Miao en el centro de Nanjing, Jiangsu, China. Los chengguan en Nanjing comnzaron una ofensiva contra los vendedores ambulantes y dueños de negocios antes del día festivo 1 de mayo de 2008,. Human Rights Watch no hace ninguna declaración acerca de las otras personas que aparecen en esta fotografía, que no fueron parte de la investigación para este informe.

© 2008 MSB

(Hong Kong) – La actuación de la agencia parapolicial de China conocida como “Chengguan”, encargada del cumplimiento de reglamentaciones administrativas urbanas que no revisten naturaleza penal, supone en algunas ocasiones una amenaza —antes que una garantía— para la seguridad pública, como resultado de la falta de medidas efectivas de supervisión oficial, capacitación y disciplina en este organismo, Human Rights Watch señaló en un nuevo informe divulgado hoy.

El informe de 76 páginas, “Beat Him, Take Everything Away” (Golpeados y robados), documenta abusos cometidos por miembros de las fuerzas chengguan de Seguridad Pública en Zonas Urbanas (城管执法), entre los cuales se incluyen agresiones contra personas que presuntamente habían cometido infracciones administrativas y que, en algunos casos, sufrieron lesiones graves o murieron a causa de estos ataques, así como detenciones ilegales y la confiscación ilegítima de bienes.

La conducta abusiva de miembros chengguansubvierte la idea misma del Estado de derecho”, señaló Sophie Richardson, directora para China de Human Rights Watch. “En vez de llevar a cabo actividades de aplicación de la ley claramente definidas y limitadas, algunos chengguanabusan de su autoridad”.

Desde su creación en 1997, existen actualmente miles de fuerzas parapoliciales chengguanen al menos 656 ciudades de China. En principio, su misión es hacer cumplir reglamentaciones administrativas que no revisten carácter penal, incluidas normas ambientales, sanitarias, sobre tránsito y mejoras urbanas, y aplicar multas a los infractores cuando resulte legítimo. Estas fuerzas no cuentan con facultades para detener o aplicar un uso excesivo de la fuerza contra personas que presuntamente han violado reglamentaciones administrativas que no supongan un delito penal.

Sin embargo, no existe un marco reglamentario general a nivel nacional que establezca cuál es el alcance permisible de las funciones de la Chengguan, así como tampoco requisitos uniformes sobre capacitación ni un código de conducta, y es habitual que no se controlen ni investigan sus presuntos abusos,lo cual ha redundado en una reglamentación y un control ad-hoc y localizados de estas fuerzas.

“Las fuerzas chengguanse han forjado una reputación de brutalidad e impunidad”, indicó Richardson. “Para numerosos ciudadanos chinos, actualmente son un sinónimo de violencia física, detenciones ilegales y robos”.

También algunos chengguanhan sido víctimas de episodios violentos. Las investigaciones de Human Rights Watch permitieron identificar cuatro casos en los últimos años en que algunos  chengguanperdieron la vida en el cumplimiento de sus funciones.

Entre los testimonios ofrecidos a Human Rights Watch por 25 víctimas de abusos de oficiales chengguan, muchas de ellas vendedores ambulantes, se relataron distintos tipos de actos de violencia física, como casos de personas que recibieron bofetadas, fueron empujadas, arrojadas al piso, mantenidas boca abajo en el suelo, arrastradas y que recibieron puñetazos y puntapiés, o fueron lanzadas a la calle desde vehículos. Si bien el personal chengguanno cuenta con potestad para detener a presuntos infractores, varias de las personas entrevistadas afirmaron haber sido detenidas. Algunas señalaron haber sufrido abusos físicos mientras permanecieron detenidas, o cuando se resistieron a ser arrestadas. Numerosos vendedores ambulantes contaron a Human Rights Watch que sus mercaderías y vehículos habían sido confiscados. En algunos casos, agentes chengguan exigían como condición para restituir los artículos confiscados el pago de multas aparentemente arbitrarias, lo cual contribuyó a alimentar los rumores que asocian a las autoridades chengguancon corrupción. La mayoría de las personas entrevistadas por Human Rights Watch dijeron que miembros chengguanse rehusaron a ofrecer una justificación jurídica de sus acciones.

Diversos medios de comunicación estatales en China han mencionado las investigaciones de Human Rights Watch sobre abusos por parte de miembros chengguan. En un anexo de 21 páginas que acompaña al informe se incluyen artículos publicados por medios estatales entre julio de 2010 y marzo de 2012, donde se mencionan incidentes de uso excesivo de la fuerza y de detención ilegal y se describe la inacción de funcionarios gubernamentales y la policía, quienes no han adoptado medidas legales contra los chengguanque habrían participado en abusos.

La búsqueda en Google de referencias en idioma chino que contengan el término chengguanarroja millones de publicaciones donde se habla de “golpizas de la chengguan” (城管打人).

La animosidad pública frente a los abusos de los chengguany la aparente impunidad de la cual gozan estas fuerzas habrían provocado una serie de protestas violentas en distintas ciudades de China. En muchos casos, miembros chengguan han estado implicados en incidentes de abusos contra residentes que fueron desalojados por la fuerza de sus viviendas, en un período que ha sido caracterizado por una organización de derechos humanos china como una “pandemia de demoliciones ilegales”. Algunos periodistas chinos que intentaron informar sobre abusos por parte de miembros chengguantambién han sido objeto de detención ilegal y violencia física.

“Los abusos cometidos por agentes chengguan son un escándalo público en China”, manifestó Richardson. “El gobierno debería actuar rápidamente para condenar en forma pública e inequívoca las agresiones cometidas por la Chengguane investigar a los responsables de estos actos”.

La alarma sobre los excesos cometidos por miembros chengguanha instado a algunos especialistas en derecho y académicos de China a exigir una reforma. Entre las soluciones propuestas se incluyen desde nuevas leyes con disposiciones más estrictas sobre los operativos y la actuación de la Chengguan, hasta la abolición de estas unidades o la transferencia de sus funciones al Departamento de Seguridad Pública de China (la policía). Algunos municipios han respondido a las críticas sobre abusos de miembros chengguanaplicando limitaciones a sus facultades, como prohibiciones expresas sobre “uso excesivo de la fuerza” en el cumplimiento de su misión.

No obstante, son pocas las medidas que se conocen que han intentado determinar claramente qué conductas son admisibles y qué actos están prohibidos a los miembros chengguandurante el desarrollo de sus funciones. También es escasa la información disponible sobre iniciativas para estandarizar la capacitación y la disciplina de estas fuerzas. Por ejemplo, no se encuentran a disposición del público pruebas de que el manual de Pekín sobre operativos de la Chengguan,que se publicó en Internet en abril de 2009, haya sido revisado. Dicho documento señala que la Chengguan debería “tomar recaudos para no dejar rastros de sangre en el rostro o heridas en el cuerpo de los sujetos, y [asegurar que] no haya personas en las inmediaciones”. En principio, los miembros chengguanpueden ser juzgados penalmente por abuso de poder conforme al derecho chino vigente, pero estos casos son excepcionales o inexistentes.

“La impunidad de los abusos cometidos por oficiales chengguanguarda consonancia con una tendencia general que amplía progresivamente el poder y el financiamiento con que cuentan en China los organismos de seguridad, pero que no rinden cuentas por ninguno de sus actos”, afirmó Richardson. “La capacidad de la Chengguande ignorar las leyes chinas y agredir a miembros del público no hace más que agravar el resentimiento de la población y propiciar nuevos enfrentamientos violentos”.

Testimonios destacados:
Una vendedora ambulante de Pekín describe su encuentro con la Chengguanen abril de 2010 en los siguientes términos: “[Los oficiales de la Chengguan] me agredieron verbalmente y me golpearon. Me propinaron golpes en la cabeza y el rostro, e hicieron que mi nariz comenzara a sangrar. Me dejaron el rostro hinchado por los puñetazos”.

Un vendedor de kebabs en Pekín se mostró perplejo y frustrado al describir a Human Rights Watch la agresión sufrida en julio de 2010 a manos de miembros chengguan: “No expresaron ningún motivo. En ningún momento me dijeron si había cometido un delito. De hecho, hasta hoy, sigo sin saber si esta actividad es lícita o no”.

Una vendedora ambulante de Shenyang, en la provincia de Liaoning, contó a Human Rights Watch que miembros chengguanaplicaron un uso excesivo de la fuerza contra su esposo tras detenerlo ilegalmente por vender salchichas: “[El agente chengguan] llevó por la fuerza a mi esposo hasta la delegación y comenzó a preguntarle si tenía un hukou(registro de residencia) rural o urbano. Un [segundo] agente chengguan ingresó en la sala y ambos empezaron a propinarle patadas a mi esposo. Esto continuó durante uno o dos minutos. Mi esposo estaba arrodillado en el piso… no levantó la cabeza ni por un segundo”.

En Shenyang, provincia de Liaoning, una vendedora ambulante migrante contó que miembros de los chengguanhabían confiscado su mercadería a mediados de 2007 empleando métodos violentos: “Confiscaron mis bienes y, pese a que ofrecí pagarles [una multa], los oficiales chengguandijeron ‘No queremos dinero. Es muy tarde para eso’. Seis de los siete [oficiales chengguan] me rodearon; cuando llegó su líder, todos los [oficiales] de menor rango se acercaron y comenzaron a propinarme patadas, y me caí al piso. Muchos transeúntes vieron lo que sucedía y pedían a los oficiales que dejaran de golpearme”.

Un periodista de Kunming, provincia de Yunnan, contó a Human Rights Watch lo que le sucedió cuando intentó entrevistar a la víctima de un episodio de violencia ocurrido el 26 de marzo de 2010 y en el cual habían intervenido miembros chengguan: “Estaba por entrevistar a una niña pequeña que estaba sentada en el piso llorando cuando [los miembros chengguan] se acercaron y me dijeron que había cruzado el cordón policial. Cerca de seis de ellos sacaron sus bastones y comenzaron a golpearme, al tiempo que me propinaban patadas. No prestaron ninguna atención cuando les dije que era periodista. Pese a que había policías en el lugar, ninguno intervino para detener la agresión de los oficiales chengguan”.