A woman in front of the Saudi Arabia embassy in Colombo, Sri Lanka, protests in support of Lahadapurage Daneris Ariyawathie who was tortured while working as a maid in Saudi Arabia.

© 2010 Reuters

(Nueva York) - La aparente brutalidad con que los empleadores sauditas tratan a los trabajadores domésticos de Sri Lanka enfatiza las deficiencias severas en la legislación y prácticas laborales que fomentan el abuso y la explotación, Human Rights Watch señaló hoy.  La exclusión de los aproximadamente 1.5 millones de trabajadores domésticos migrantes de las leyes laborales y su sometimiento a un sistema de patrocinio que rige el estado migratorio y las relaciones laborales facilitan los abusos sistemáticos de estos trabajadores, Human Rights Watch señaló.

El 27 de agosto de 2010, médicos en Sri Lanka operaron a Lahadapurage Daneris Ariyawathie, de 49 años de edad,  para extirparle uñas y objetos metálicos que, según la mujer, sus empleadores sauditas habían amartillado en su cuerpo después de que se quejara de exceso de trabajo. Ariyawathie estaba trabajando desde marzo en una casa en Riad antes de que sus empleadores sauditas la regresaran a Sri Lanka a finales de agosto.

"Los abusos sufridos por esta mujer no representan un incidente aislado, sino uno de los numerosos casos de abuso y explotación de trabajadores domésticos migrantes", dijo Christoph Wilcke, investigador principal de Oriente Medio en Human Rights Watch. "El Gobierno debería de abordar estos problemas sistemáticos que son posibles debido a las leyes sauditas que dan  un poder absoluto a los empleadores privados y les permiten abusar de sus trabajadores sin miedo a las consecuencias".

Tal como Human Rights Watch documentó en su informe de 2008 "As If I Am Not Human" ("Como si  no fuera un humano"), los trabajadores domésticos en Arabia Saudita  sufren abusos físicos y sexuales, así como explotación económica, y enfrentan numerosos obstáculos para obtener justicia.  La legislación saudita excluye específicamente del código laboral a los 1.5 millones de trabajadores domésticos, principalmente asiáticos.

En 2005, el Gobierno elaboró un proyecto para un anexo al código laboral especificando los derechos y obligaciones de los trabajadores domésticos, incluyendo límites a las horas de trabajo y vacaciones. El Consejo de la Shura (consultivo) aprobó el anexo en 2009, pero el Consejo de Ministros aún no ha aprobado la legislación.

Como resultado, los trabajadores domésticos, a diferencia de otros trabajadores migrantes del Reino,  no están protegidos por ninguna herramienta legal que especifique su horario laboral, su descanso semanal o vacaciones anuales,  los salarios pagados, seguro médico, libertad de circulación y residencia, o responsabilidad por costos de repatriación fuera de los acuerdos contractuales.

Los empleadores sauditas confiscan regularmente el pasaporte de una trabajadora doméstica y la confinan en la casa, incluso cuando no se encuentra trabajando. Muchas se encuentran encerradas bajo llave. La legislación saudita también exige el consentimiento por escrito de un empleador  para que el trabajador doméstico pueda cambiar de empleador u obtener un visado de salida para abandonar el país. Estas medidas, conocidas como sistema de patrocinio o kafala,  se combinan para otorgar al empleador un control excesivo sobre el trabajador y bloquear las opciones para que el trabajador busque resarcimiento por los abusos,  Human Rights Watch señaló.

"El Gobierno saudita debe abolir el sistema de patrocinio y darle prioridad a la aprobación del anexo a la legislación laboral que extiende las protecciones legales a los trabajadores domésticos", dijo Wilcke. "Sin estas reformas legales, y sin un verdadero sistema de supervisión regulatoria de los empleadores, continuaremos viendo casos terribles de brutalidad, como el sufrido por la señora Ariyawathie.

El canal de noticias por satélite CNN informó que funcionarios de Sri Lanka en Colombo afirmaron que las autoridades sauditas habían arrestado a los empleadores de Ariyawathie. Sin embargo, un funcionario de la embajada de Sri Lanka dijo a Human Rights Watch que las autoridades sauditas todavía no  habían informado a la embajada de Sri Lanka en Riad de ninguna medida tomada para investigar el asunto.

En el pasado, la policía y los fiscales sauditas no han investigado quejas criminales de trabajadores domésticos en contra de sus empleadores. En enero, las autoridades sauditas deportaron sumariamente a Fatma Athman, una trabajadora doméstica de Mombasa, Kenia, una semana después de que presentara heridas, que según afirmó, fueron resultado de la caída que sufrió cuando su empleador la empujó desde un balcón en el tercer piso con la intención de matarla. Ella sobrevivió porque cayó en una alberca, informó el diario keniano The Nation.

En el informe de 2008, Human Rights Watch descubrió deficiencias en las investigaciones y los juicios de trabajadores domésticos. En uno de los casos presentados en el informe, Ponnamma S., una trabajadora doméstica de Sri Lanka, describió a Human Rights Watch en 2006 su experiencia al acercase a la policía después de escapar de sus empleadores:

"Un funcionario se me acercó...Me quejé de que Baba me había golpeado. Baba afirmó que no se encontraba ahí en ese momento. Luego me preguntaron si Baba me había pagado. Dije, "No me han pagado en un año y medio". Me rehusé a regresar con Baba. Insistí en ir a la embajada...La policía le dijo a Baba que me dejara en la embajada, pero en lugar de eso me llevó de nuevo a la casa...La señora me golpeó severamente. Me dijo, "No importa a donde vayas en Arabia Saudita, te traerán de vuelta. Incluso si te matamos, la policía no  nos dirán nada. Si no te hubieras escapado, te hubiéramos matado y tirado en la basura".

Otra trabajadora doméstica esrilanquesa, Chamali W., relató en 2006 su experiencia con el sistema de justicia después de presentar una queja por violación en contra del hijo de su empleador:

"Me examinaron y comprobaron que fui violada, pero que no estaba embarazada. Desde entonces, no me he parado en una corte...La policía no me ha dado más información. Pregunto cada dos meses. En los últimos seis meses, me he estado quedando aquí [en el albergue de la embajada]. Pedí un préstamo de 50,000 rupias [en Sri Lanka] con intereses. Mi esposo no tiene trabajo; mi padre está en enfermo.  Mi suegra está cuidando de mi hijo. No puedo volver a casa porque mi caso con la policía sigue abierto...No tengo ni idea de lo que la gente está haciendo, de si el hijo de mi empleador está o no en la cárcel. Tengo que regresar a casa y pagar mi deuda. Si me hubiera marchado y trabajado, podría hacer algo al respecto...He desperdiciado seis meses.

En otro caso, un tribunal saudita desestimó los cargos en contra de los empleadores de Nour Miyati, una trabajadora doméstica de Indonesia. Ella dijo que la habían golpeado severamente y encerrado en una celda sin darle prácticamente nada de comer por un mes en 2005, y que había desarrollado gangrena como resultado de la amputación de dedos de manos y pies. El tribunal concedió a Miyati solamente US$670 en compensación.

El caso penal en contra de los empleadores de Keni binti Carda, una trabajadora doméstica indonesia quien afirma que su empleador la quemó severamente en septiembre de 2008 antes de subirla a un avión de vuelta a Indonesia, fue investigado sólo a partir de la presión internacional que recibió.

"Como si no fuera un humano" documentó numerosos casos de abusos físicos en contra de trabajadores domésticos asiáticos en Arabia Saudita, que incluyeron golpizas y casos en los cuales los empleadores quemaron a los trabajadores con planchas calientes y cigarrillos, los cortaron con objetos filosos, los obligaron a ingerir químicos tóxicos, y les cortaron el cabello.

Nuevos informes de abusos surgen periódicamente. En marzo, seguidores religiosos encontraron a una trabajadora doméstica en una mezquita local en al-Shafa desnuda con quemaduras severas y señas de golpes en todo su cuerpo, informó el diario Al-Medina.  La trabajadora dijo que sus empleadores sauditas abusaron de ella y luego la abandonaron en los baños de la mezquita.