Soldados eritreos marchan en Asmara el Día de la Independencia del país en esta foto del 24 de mayo de 2007. Eritrea, a pesar de ser una de las naciones más nuevas y pequeñas de África, tiene uno de los ejércitos más grandes de la región. Pero esto es debido a que el servicio militar continúa por muchos años, a veces de manera indefinida, tanto para los hombres como para las mujeres.

© 2007 Reuters

(Londres) - La práctica extendida en Eritrea de detención y tortura de sus ciudadanos y su política de prolongar el servicio militar obligatorio están creando una crisis de derechos humanos y provocando que cada vez más eritreos huyan del país, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy.

El informe de 95 páginas "Service for Life: State Repression and Indefinite Conscription in Eritrea" (Servicio perpetuo: Represión estatal y servicio militar indefinido en Eritrea) documenta las graves violaciones de los derechos humanos cometidas por el gobierno eritreo, que incluyen detención arbitraria, tortura, terribles condiciones de reclusión, trabajo forzoso y graves restricciones de la libertad de movimientos, expresión y culto. También analiza la difícil situación a la que se enfrentan los eritreos que logran escapar a otros países como Libia, Sudán, Egipto e Italia.

"El Gobierno de Eritrea está convirtiendo el país en una prisión gigantesca", señaló Georgette Gagnon, directora para África de Human Rights Watch. "Eritrea debe rendir cuentas inmediatamente por los cientos de presos ‘desaparecidos' y abrir sus cárceles al examen independiente", agregó.

Human Rights Watch instó a Estados Unidos y a la Unión Europea a que se coordinen con la ONU y la Unión Africana para resolver las tensiones regionales y garantizar que la asistencia al desarrollo otorgada a Eritrea esté vinculada con el progreso en materia de derechos humanos.

La UE aprobó recientemente un paquete de asistencia de 122 millones de euros para Eritrea, a pesar de la preocupación por el empleo de personas en el servicio militar o en prisión para los proyectos de desarrollo, una violación del derecho internacional.

El informe, que se basa en más de 50 entrevistas con víctimas eritreas y testigos de los abusos en tres países, explica que el gobierno eritreo utiliza un amplio sistema de centros de detención oficiales y secretos para encarcelar a miles de ciudadanos sin cargos ni juicio. Muchos de los presos están recluidos por sus creencias políticas o religiosas, otros por intentar escaparse del servicio militar indefinido o huir del país.

La tortura, el trato cruel y degradante y el trabajo forzado son habituales tanto para los que cumplen el servicio militar como para los presos. Las condiciones de detención son terribles: los reclusos suelen estar hacinados en celdas (a veces subterráneas) o en contenedores que alcanzan temperaturas abrasadoras durante el día y de congelación durante la noche.

Los que intentan huir corren el riesgo de recibir duros castigos y de que les disparen cuando crucen la frontera. El gobierno también castiga a los familiares de los que escapan o desertan del servicio militar con multas exorbitantes o penas de prisión. A pesar de estas duras medidas, miles de eritreos siguen intentando huir del país.

La mayoría de los refugiados escapan primero a los vecinos Etiopía y Sudán, desde donde viajan a Libia, Egipto y Europa. En los últimos años, cientos de eritreos han sido devueltos desde Libia, Egipto y Malta a Eritrea, donde han enfrentado detención y tortura a su llegada.

Teniendo en cuenta el riesgo de maltrato que corren los retornados, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ha aconsejado que no se deporte a nadie a Eritrea, ni siquiera a las personas cuyas solicitudes de asilo hayan sido rechazadas. Human Rights Watch instó a todos los países que albergan a solicitantes de asilo eritreos a que no los devuelvan a su país, debido al riesgo de tortura.

"Los países que reciben a refugiados eritreos tienen que asegurarse de que reciban la protección y asistencia que necesitan", señaló Gagnon. "Bajo ninguna circunstancia se debe retornar a los eritreos a su país, donde se enfrentan con casi total seguridad a la detención y la tortura por el simple hecho de haber huido", agregó.

Los eritreos celebraron la independencia de Etiopía en 1993, después de una guerra sangrienta de 30 años. Sin embargo, el gobierno del presidente Isayas Afewerki, quien lideró al país en gran parte de su extraordinaria lucha por la independencia, ha restringido constantemente las libertades democráticas, especialmente desde la represión de 2001 contra la oposición política y los medios de comunicación.

Eritrea afirma que la prolongación de la movilización masiva de sus ciudadanos se debe a preocupaciones de seguridad derivadas de un conflicto fronterizo de dos años con Etiopía, que se cobró decenas de miles de vidas entre 1998 y 2000. El gobierno acusa con frecuencia a Estados Unidos, las Naciones Unidas y algunos países africanos del actual estancamiento político, y alega que no han presionado a Etiopía para que acate la decisión sobre la demarcación fronteriza establecida por una comisión independiente de la ONU, que concedió una zona en disputa a Eritrea.

Eritrea ha tenido relaciones tensas o enfrentamientos militares con todos sus vecinos en algún momento, y el punto muerto en las relaciones políticas entre Eritrea y Etiopía ha contribuido a la inestabilidad regional. Ambos gobiernos han apoyado a grupos armados de oposición al gobierno contrario; y el respaldo de Eritrea a las milicias islámicas en Somalia ha agravado el conflicto en dicho país.

"La crisis de derechos humanos de Eritrea está empeorando y aumentando aún más la volatilidad del Cuerno de África", señaló Gagnon. "Los gobiernos estadounidense, europeos y de otros países tienen que coordinar sus políticas en esta región para atenuar las tensiones y hacer que el progreso en materia de derechos humanos sea una criterio esencial para las relaciones con Eritrea", agregó.

Testimonios seleccionados de refugiados eritreos

"He sacrificado mi vida por la prosperidad, el desarrollo y la libertad de mi país, pero ha pasado lo contrario... ¡No hemos sacrificado a 65,000 mártires para esto!"

- Un anciano que luchó con el Frente de Liberación Popular de Eritrea en la guerra de independencia

"Está bien hacer el servicio militar, es justo servir a tu país, pero no para siempre. No es justo cuando es indefinido".

- Un  joven que huyó recientemente del servicio militar

"Si sospechan que alguien se va a escapar, lo atan, sólo las manos, o las manos y los pies, o con grilletes... Deciden individualmente el tipo de castigo que aplican, no hay ley. No han cometido ningún crimen [los castigan porque] odian el ejército u odian ser soldados. Esa es la razón principal. Porque todo el mundo en Eritrea odia estar en el ejército".

- Un ex oficial que explicó las torturas para los que intentan huir del ejército

"Primero haces la formación militar y después te retienen para siempre sin derechos. Los mandos militares pueden pedirte lo que quieran y si te niegas pueden castigarte. Casi todas las mujeres en el ejército sufren este problema".

- Una recluta que cumplió el servicio militar durante diez años y sufrió repetidamente acoso sexual

"En Dahlak no hay límite de tiempo. Esperas una de dos cosas: que alguien venga y te transfiera o que te maten. Cuando salí de Dahlak pesaba 44 kilos. Mi nivel de hemoglobina era casi nulo. Necesitaba un bastón para caminar. Vivíamos bajo tierra a 44 grados centígrados de temperatura, era increíble. No hay palabras para expresar el grado de inhumanidad".

- Un antiguo preso político recluido en la Isla de Dahlak, en el Mar Rojo

"Si alguno de los hombres se escapa, tienes que ir a su casa y encontrarlo. Si no lo encuentras, tienes que capturar a su familia y llevarla a prisión. Desde 1998, es normal que se lleven a un familiar cuando alguien huye. El gobierno dicta la orden de que se detenga a familiares si no pueden encontrar al que estaba cumpliendo el servicio militar. Si el individuo desaparece dentro de Eritrea, encarcelan a la familia durante un tiempo y con frecuencia reaparece. Si cruzas la frontera [tu familia] tiene que pagar 50,000 nakfa [US$3,300]. Si no hay dinero, pueden pasar mucho tiempo en prisión. Conozco a personas que llevan seis meses en prisión".

- Un oficial que se encargaba anteriormente de capturar a desertores del servicio militar