(Nueva York) – El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas debe intervenir urgentemente para enviar más tropas de pacificación al norte de la República Democrática del Congo, donde el Ejército de Resistencia del Señor (ERS) continua sus ataques brutales contra la población civil, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy. El Consejo de Seguridad tiene previsto debatir la situación en el Congo el 17 de febrero de 2009.

En el informe de 67 páginas, “The Christmas Massacres: LRA Attacks on Civilians in Northern Congo” (Las Masacres de Navidad: Los ataques del ERS contra la población civil en el norte del Congo), se exponen las matanzas brutales de más de 865 civiles y el secuestro de al menos 160 niños entre el 24 de diciembre de 2008 y el 17 de enero de 2009, en el distrito de Haute Uele del Congo. En algunos de los ataques más devastadores, los combatientes del ERS esperaron hasta que los residentes se reunieron para celebrar la Navidad y acabaron con la vida de sus víctimas a machetazos y hachazos, o aplastándoles el cráneo con bastones y palos pesados.

“Es sorprendente que las tropas de pacificación autorizadas por el Consejo de Seguridad todavía no hayan llegado para ayudar a los congoleños que viven con el temor diario de un ataque”, señaló Anneke Van Woudenberg, investigadora principal de Human Rights Watch. “Las buenas intenciones del Consejo de Seguridad no sirven de nada si no se traducen en medidas concretas para salvar vidas”, agregó.

Las tropas de la misión de pacificación de la ONU en el Congo, la MONUC, están muy esparcidas en enormes franjas del país. Cuando empezaron los ataques, había sólo 300 efectivos de la ONU en la región de Haute Uele, y se han agregado pocos más desde entonces. Los 3,000 soldados adicionales autorizados por el Consejo de Seguridad de la ONU en noviembre todavía no han llegado al Congo. Los funcionarios de la ONU señalan que muy pocos países han ofrecido sus tropas para la misión.

Dos de los ataques más terribles contra la población civil tuvieron lugar el día de Navidad. En Faradje, 143 personas fueron brutalmente asesinadas cuando las fuerzas del ERS atacaron la ciudad durante la celebración de un concierto de Navidad. En la región de Doruma, a unos 260 kilómetros, los combatientes del ERS comenzaron una matanza de tres días en 13 aldeas que terminaron con 300 civiles muertos.

Las matanzas del ERS continuaron durante los días y semanas siguientes en múltiples lugares del norte del Congo y el sur de Sudán. El ataque más reciente fue el 7 de febrero contra la ciudad congoleña de Aba, cercana a la frontera con Sudán, en el que el ERS mató a seis personas y secuestró a más de una veintena, entre ellos niños.

Un hombre de 72 años que llegó tarde al almuerzo de Navidad en la aldea de Batande, en la región de Doruma, explicó que estuvo oculto entre los arbustos mientras el ERS mataba al menos a 82 personas, entre ellos 26 hombres golpeados hasta la muerte, a los que aplastaron la cabeza con grandes palos. El hombre contó a los investigadores de Human Rights Watch: “Cuando acabaron huí escondiéndome a mi casa, donde me senté temblando de miedo toda la noche. Esa noche oí al ERS celebrar. Después se echaron a dormir entre los cuerpos de las personas que acababan de matar”.

Según las Naciones Unidas, más de 140,000 personas han huido de sus casas desde finales de diciembre en busca de seguridad en otras partes del Congo o al otro lado de la frontera con Sudán. En algunas regiones, los residentes tienen miedo a reunirse porque creen que el ERS aprovechará el momento para atacarles, como ocurrió con devastadora eficiencia el 25 de diciembre.

Los ataques del ERS se produjeron el 14 de diciembre, después del inicio de una operación militar conjunta liderada por el ejército ugandés, con el respaldo de los ejércitos del Congo y de Sudán Meridional, con el objetivo de destruir a la organización rebelde. El ejército ugandés atacó la base principal del ERS en el Parque Nacional de Garamba en el Congo, cerca de la frontera con Sudán. Tras el ataque, las fuerzas del ERS se dispersaron en varios grupos, cada uno de cuales atacó a los civiles que encontró a su paso.

A pesar de su experiencia anterior con las tácticas del ERS, los congoleños y ugandeses encargados de planear la operación militar no previnieron adecuadamente la protección de la población civil de las represalias del ERS. Los soldados congoleños no llegaron a Doruma y Faradje hasta que las masacres ya se habían producido.

Las tropas de pacificación de la ONU, que tienen el firme mandato de proteger a la población civil, no participaron en la planeación de esta operación ni fueron informadas hasta poco antes de su comienzo. Como consecuencia, no se habían preparado para ayudar a proteger a la población civil.

“La población civil congoleña expuesta al grave peligro de un ataque del ERS no recibe la protección que merece de los ejércitos involucrados en las operaciones conjuntas”, señaló Van Woudenberg. “El Consejo de Seguridad de la ONU debe insistir en que la MONUC participe en la planeación de estas operaciones y aumente el número de efectivos en la región para que pueda adoptar medidas de protección adecuadas”, agregó.

El ejército ugandés afirma que sus objetivos son seguir los movimientos del ERS y su líder, Joseph Kony, quien es buscado y cuenta con una orden de aprensión en su contra por parte de la Corte Penal Internacional (CPI), y rescatar a los civiles secuestrados por el ERS. Hasta la fecha, sólo se ha rescatado a unos 114 civiles de los más de 600 que se cree se encuentran secuestrados.

Del 7 al 11 de febrero, John Holmes, secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios, visitó el norte y el este del Congo para evaluar la situación. Informará al Consejo de Seguridad de la ONU en la sesión del 17 de febrero.

Human Rights Watch instó al Consejo de Seguridad a que:

  • Dé prioridad al reclutamiento y la movilización inmediatas de los 3,000 efectivos adicionales para la MONUC acordados en las resoluciones 1843 y 1856, y proporcione recursos adicionales, lo que incluye aumentar la capacidad logística para que las tropas de pacificación puedan proteger a la población civil expuesta al riesgo de ataques del ERS;
  • Respalde la estrategia de captura de los comandantes del ERS buscados por la CPI y otras personas implicadas en crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, minimizando siempre el riesgo para la población civil, y solicite a los Estados miembros que aporten los recursos financieros y operativos necesarios para ello.