(Katmandú) – Una oferta de Estados Unidos de reasentar a 60.000 refugiados butaneses ha sembrado la esperanza entre muchos de los 106.000 refugiados que llevan viviendo más de 16 años en Nepal, pero también ha aumentado las tensiones en los campamentos, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy. Los refugiados que insisten en la repatriación como la única solución aceptable han estado amenazando e intimidando a los que manifiestan su apoyo al reasentamiento en Estados Unidos.

La crisis de refugiados butaneses comenzó en 1991, cuando Bután empezó a expulsar a personas de origen nepalí, una política que se saldó con la expulsión de una sexta parte de la población del país. Pero desde el anuncio de la oferta estadounidense, en octubre de 2006, los grupos de refugiados que insisten en que la única solución aceptable es el regreso a Bután han amenazado a los refugiados favorables al reasentamiento.

“Los refugiados tienen fundamentalmente derecho a regresar a un país que les haya expulsado”, señaló Bill Frelick, director de política sobre refugiados en Human Rights Watch. “Pero todo refugiado también tiene derecho a tomar decisiones esenciales sobre su vida sin amenazas ni intimidación”, agregó.

El informe de 90 páginas, “Last Hope: The Need for Durable Solutions for Bhutanese Refugees in Nepal and India” (La última esperanza: La necesidad de soluciones duraderas para los refugiados butaneses en Nepal e India) explica las posibles soluciones a esta prolongada crisis de refugiados y las posibilidades con que actualmente cuentan los refugiados. Describe las condiciones de los refugiados de origen nepalí que llevan muchos años exiliados en Nepal e India, y documenta la discriminación constante contra las personas de origen nepalí que siguen viviendo en Bután, temerosas de que también les puedan quitar la ciudadanía y expulsarles del país.

“Aunque la repatriación sería la mejor opción para la mayoría de los refugiados, sólo puede ser viable si Bután respeta su deber de garantizar los derechos humanos de los refugiados”, señaló Frelick. “Hasta entonces, no se puede promover la repatriación como solución duradera para los refugiados butaneses en Nepal”, agregó.

Hasta ahora, no ha permitido el regreso de ningún refugiado. En consecuencia, los refugiados llevan años hacinados en campamentos sin posibilidades de solución. El informe documenta la vida en los campamentos y la violencia doméstica y otros problemas sociales que se han producido después de prolongados períodos en campamentos cerrados.

“No queremos depender de otros”, dijo una refugiada butanesa a Human Rights Watch. “Nos hemos pasado la mitad de la vida como refugiados. No queremos que nuestros hijos lleven ese estigma. Queremos que estén orgullosos de ser ciudadanos”, agregó.

Desde el anuncio de la oferta de reasentamiento de Estados Unidos, han ido creciendo las tensiones en los campamentos. Esto se debe en parte a los rumores y la desinformación sobre las características de la propia oferta. También se debe a la intimidación de grupos militantes que se oponen al reasentamiento e insisten en que la única solución aceptable es el regreso a Bután.

“La gente se siente insegura”, dijo una joven. “Si otros se enteran de que estas buscando otras opciones diferentes a la repatriación, te condenan por no estar a favor de la repatriación o reducir las posibilidades de una repatriación. Otros te acusan de no tener amor por el país”, agregó.

Human Rights Watch instó al gobierno nepalí a que enjuicie a los intimidadores que amenazan o dañan a os que ejercen su derechos a la libertad de opinión, expresión o asociación.

“Para poder lograr cualquier solución, Nepal debe ofrecer suficiente seguridad en los campamentos para que los refugiados puedan expresar sus opiniones e intercambiar información libremente”, señaló Frelick.

El informe trata las posibles soluciones a esta prolongada crisis de refugiados y las opciones con las que cuentan los refugiados.

“Para ser efectiva, la oferta de reasentamiento a Estados Unidos no puede ser una posibilidad aislada”, señaló Frelick. “Los refugiados butaneses tienen que contar con verdaderas opciones”, agregó.

Esto requiere una estrategia con tres componentes. Primero, el reasentamiento debe ser una opción real para todos los refugiados que lo quieran. Esto implica que otros países deben sumarse a un esfuerzo coordinado para maximizar el número de lugares de reasentamiento. Los refugiados butaneses que viven fuera de los campamentos en Nepal e India también deben tener derecho a reasentarse. Nepal debe cooperar con la opción del reasentamiento, en concreto, emitiendo sin dilación permisos de salida a los refugiados que acepten el reasentamiento.

Segundo, Nepal debe conceder la ciudadanía a los refugiados que expresen una preferencia por la integración local sobre el reasentamiento o la repatriación. Finalmente, Estados Unidos, India y otros países deben redoblar sus esfuerzos por persuadir a Bután de que permita la repatriación de los refugiados que lo deseen en condiciones compatibles con el derecho de derechos humanos.

“La posibilidad de que muchos refugiados puedan elegir otras opciones debe hacer mucho más fácil que Bután acepte la repatriación”, señaló Frelick. “Los países de reasentamiento deben presionar a Bután para que adopte una solución realmente integral para esta prolongada crisis de refugiados”, agregó.